Esto huele mal

Alemania lanzó un furioso ataque contra el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, que convive bajo la sombra de la sospecha de los sobornos

Escándalo en las elecciones. Acusaciones de soborno para la decisión de las sedes de los mundiales. Documentos judiciales con la ISL encargada de los negocios de marketing del organismo. Denuncias de sobornos. Idas y vueltas con la altura. Y ahora bronca por la insinuación de mundiales comprados. En el mundillo de la FIFA, donde su presidente Joseph Blatter dice no tener yate ni Ferrari pero se alojó en un hotel en Sudáfrica con alfombra roja, vino sudafricano, agua francesa en la heladera y cinco guardaespaldas en el pasillo, se convive con la sospecha.

Otra vez se sacude la tranquilidad de las oficinas de la sede de Zürich. Primero fue la Concacaf, después algún país que quedó excluido de la pelea por una sede, luego Lennart Johansson y ahora es Alemania, un peso pesado del mundo del fútbol, la que apunta sus cañones a don Joseph.

El máximo responsable del Comité Organizador del Mundial 2006, Franz Beckenbauer, rechazó las insinuaciones de Blatter, de que Alemania “compró” la adjudicación del torneo. “Me resultan del todo incomprensibles las declaraciones de Sepp Blatter. Lo decisivo fue el voto cerrado de los europeos a nuestro favor”, apuntó el Kaiser, en el popular Bild.

Beckenbauer sale así al paso a las afirmaciones de Blatter, quien insinuó el fin de semana al diario suizo SonntagsBlick que se habían producido “irregularidades” en la adjudicación del Mundial a Alemania.

“Mundiales comprados... Recuerdo que en el momento de la adjudicación alguien se fue. Así fue que en lugar de 10 a 10 quedáramos en 10 a 9 a favor de Alemania. Me alegré, porque no fue preciso un voto de desempate. Pero, vamos a ver, alguien se levantó y se fue”, explicó Blatter.

A la pregunta de si suponía que tras ello había un caso de corrupción, responde el presidente de la FIFA: “No, no supongo nada. Lo constato”.

Alemania al ataque

El secretario general de la Federación Alemana de Fútbol (DFB), Helmut Sandrock, salió ayer al paso de lo que calificó de “nebulosas insinuaciones”, cuyo único propósito es “desviar la atención” sobre otros asuntos ahora mismo investigados. Blatter se encuentra bajo fuertes presiones, especialmente desde Alemania, por no haber actuado con contundencia contra la corrupción en el seno de la FIFA.

El presidente de la Liga Alemana, Reinhard Rauball, en una llamada telefónica, instó a Blatter a dimitir. Sin embargo, éste ha expresado repetidamente su determinación a no tirar la toalla, pese a las presiones del poderoso entorno futbolístico alemán.

Las tensiones entre el presidente de FIFA y Alemania se acentuaron tras la ratificación de la existencia de sobornos de la empresa ISL a Joao Havelange y Ricardo Texeira, de los que Blatter tuvo conocimiento, según el auto de sobreseimiento de la causa abierta en Suiza por pagos indebidos.

El propio Blatter admitió, en una reciente entrevista con FIFA.com, que él es el anónimo P1 que aparece en el auto de sobreseimiento de la instrucción penal abierta por la Fiscalía del cantón suizo de Zug por “gestión desleal” de la FIFA, “apropiación indebida y eventualmente gestión desleal” de Havelange y Teixeira.

La aclaración sobre la identidad de “P1” por Blatter se produjo tras la resolución judicial del tribunal federal suizo que autorizó la consulta del auto de archivo del caso ISL.

“P1” (Blatter) aparece citado en tres ocasiones en el documento hecho público por la FIFA, el pasado miércoles.

El auto revela que Teixeira percibió de ISL al menos 12,74 millones de francos suizos (13 millones de dólares al cambio actual) entre 1992 y 1997 y Havelange 1,5 millones de francos suizos (1,53 millones de dólares) en 1997.

El polémico presidente de la FIFA aduce no tener yate, tampoco una Ferrari y mucho menos una casa en el Caribe. Sin embargo, en el Mundial de Sudáfrica denunciaron que se alojó en una lujosa suite del imponente cinco estrellas Michelangelo Towers, en Sandton cuyos valores van de 450 dólares la más barata a 1700 la presidencial. La de Blatter tenía alfombra roja y agua francesa en la heladera.


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