Espinel entre temblores e incendios

El técnico extraña la siesta de Colonia, se enloquece con el tránsito y se desvive por comer un guiso
Noche tranquila en Valparaiso. Eduardo estaba en su cuarto descansado. Inesperadamente el sommier se empezó a mover. Fueron 10 o 12 segundos que lo dejaron a escasos centímetros de la pared. Cuando todo pasó no sabía qué hacer. "Estaba viviendo mi primer temblor en Chile. Me quedé sin reaccionar. La pasé mal", rememoró Eduardo Espinel desde Valparaiso donde convive con los fenómenos naturales que dos por tres se ensañan con Chile.

"La segunda vez estábamos mirando la televisión en el living con mis colaboradores y empezamos a ver cómo las hojas de las plantas se empezaron a mover. Nos paramos y nos fuimos cerca del marco de las puertas como nos dijeron. Es que mucha cosa no podés hacer contra la naturaleza más que protegerte".

Los temblores diarios no fueron lo único que tuvieron ocupado al extécnico de Plaza Colonia en territorio chileno. Este año el país se vio sacudido por una serie de incendios.

"Fue duro, desgarrador mirar las imágenes. A algunos jugadores jóvenes del club les tocó ser afectados en los incendios y hemos hecho muchas cosas, actividades, para ayudar. Es un tema que se tiene que convivir, no hay forma de controlarlo por los vientos y acá nunca llueve", contó Espinel a Referí desde Chile.

El entrenador reveló: "Teníamos jugadores juveniles que entrenaban con nosotros que perdieron su casa íntegra".

Ante esto Espinel pidió públicamente que se suspendiera el campeonato, pero su reclamo entró en un saco roto.
"Pero fijate que frente al estadio nuestro estaba toda la gente que había perdido su casa en un lugar que les dieron para que durmieran y comieran y no podía ser que enfrente hubiera una fiesta. Nosotros jugando y al otro lado de la calle gente sufriendo porque había perdido su casa. No era prudente, el ánimo no era el mejor, pero se tuvo que jugar. Es un poco raro pero ellos están acostumbrados a que pasa seguido. Para nosotros no es normal".

Espinel dijo extrañar la hora de la siesta que en Colonia se respeta. Lo enloquece el tránsito y se desvive por comer un guiso.

"Acá el tránsito es una locura. Normalmente pongo 20 a 25 minutos para ir a entrenar, pero hay momentos que nos lleva dos horas de viaje, se transita a paso de hombre. Me impresionó la cantidad de vehículos que hay en la calle Nunca se sabe a qué hora volvés".

Debido a esto se compró un auto. El día que se lo dieron lo chocó.
"Me costó manejar, la verdad me costó porque es bravo pero no tuve más remedio que comprar un vehículo porque las distancias son largas. El primer día en la cochera del edificio choque un auto yendo para atrás. ¡El primer día que compré el auto lo choqué! Quedó como una anécdota. Tuve que pagar el arreglo del otro vehículo".

Pero de las cosas que más extraña Espinel son las siestas de Colonia. "Pah, el cambio de ritmo es infernal. Me costaron la siesta. Otra cosa, acá extrañamos la carne. Las tiras de asado de acá no tienen nada que ver. Si bien hay cortes que se pueden comer, por más que lo hagamos en el horno no es lo mismo. No hay leña, es carbón y no hay con que darle a la nuestra. La carne se extraña un montón. Acá hay mucha influencia de comida peruana, me sorprendió. Cada pocos metros hay un restaurante peruano y se come muy bien. Pero yo extraño la carne, los buenos tucos. Y los buenos guisos de la familia".

Anécdotas

Lavar los platos
Vivir con el cuerpo técnico
Espinel vive con los integrantes de su cuerpo técnico. "Como vinimos sin la familia y era la primera salida, decidimos vivir los tres juntos en un apartamento grande de tres dormitorios, muy cómodo, que paga el club y por ahora la convivencia ha sido buena", reveló Espinel. Al entrenador no le toca cocinar. "Estamos muy organizados, mi ayudante Daniel Cavalero ha tenido restaurante en Colonia, y maneja bien la cocina. Pedro (Gracia), el profe, tuvo mucho tiempo heladería y se dedica a hacer los postres, a mí me toca la lavada de platos después de la cena", confesó el entrenador.

Simulacro de Tsunami
Dejar el auto y subir al cerro
"Acá nos tocó vivir un simulacro de tsunami. De pronto suena una sirena y toda la gente, incluso la que va en auto, lo debe dejar donde está y salir hacia la colina. Fue una experiencia distinta ver cómo la gente cumplía con la orden, para dejar el auto y salir caminando. Si nos pasara a nosotros lo primero que hacemos es acelerar. En todas las calles hay flechas que indican hacia donde dirigirse en caso de tsunami. Temblores hay todos los días, pero son chicos. Y cada vez que pasa son varios segundos donde tiembla todo. Los chilenos se ríen y nosotros estamos desesperados esperando que pare".

Populares de la sección

Acerca del autor