Espinel, con hambre de gloria: el mejor DT

El laburante de Cardona que llevó a Plaza a la mejor campaña de su historia
Once y media de la noche en Cardona. Suena el teléfono. Una, dos, tres, cuatro, cinco veces. La insistencia hace levantar el tubo al dueño de casa. Del otro lado de la línea una voz que le resulta familiar lo saluda: "¿Eduardo? Te habla Chiqui, ¿cómo estás?".

Luego de los saludos de rigor el dirigente de Plaza Colonia, Robeto García, le trasmite a Eduardo Espinel la necesidad de que se convierta en entrenador del equipo. "Tenés que asumir en Plaza", le dijo Chiqui.

La desesperación ganaba a todos. El equipo peleaba el descenso a la C.
Al otro día Eduardo Espinel recorrió los kilómetros que separan su ciudad de Colonia. Cuando llegó al club le presentaron al director deportivo Carlos Manta.

La sorpresa del técnico fue grande cuando estiró la mano para saludar y Manta le dijo: "cómo le va Espina".

"Ahí me di cuenta que estaba buscando uno que dirigiera. La dejé correr, no le dije nada. Pero me di cuenta que no sabían a quien estaban contratando", recordó Espinel en Fox Sports.
Fue el inicio de una aventura, con tintes de amateurismo, dramatismo y un final de hazaña.
La construcción del equipo de Plaza estuvo plagada de historias increíbles como las del defensa que se apareció en el Complejo de la Mutual pidiendo para ser probado.

Cargaba con un bolsito. Se apersonó al técnico y pidió para entrenar. El entrenador lo miró sin salir de su asombro. Le explicaron que el plantel estaba armado. Pero el muchacho insistió. Quiso el destino que Pablo Acosta, el zaguero titular, se durmiera y no asistiera a la práctica. Y ahí entró el desconocido del bolsito. Nadie imaginó que el muchacho en cuestión, que andaba buscando trabajo en Minas, terminaría siendo un tal Germán Ferreira, un pilar de la defensa.

Alejandro Villoldo andaba jugando por cuadros del departamento. Su señora esperaba el primer hijo y había decidido dejar todo. Pero Eduardo lo fue a buscar.

"La historia de Nico Dibble es otra...", anticipó Espinel a Referí. "Tuvo tres pasajes por Defensor. Como extrañaba a la novia se venía para Colonia. A la tercera vez lo sacaron del plantel. Andaba por Colonia y vino a entrenar al club. Vivía solo, no se cuidaba con las comidas y cuando llegué al club lo querían sacar. Le hicimos entender las cosas y comprendió", reveló.

El golero Dawson le aclaró a Espinel que trabajaba los miércoles en el remate de su padre.

Y así se fue armando el grupo este hombre de perfil bajo, que ayudaba en la cocina cuando concentraban pelando las papas.

No fue sencilla la historia. Eduardo llegó en un momento complejo. El equipo marchaba último en la tabla de Segunda. Cinco jugados, cinco sin ganar. El descenso a la C rondaba Colonia. Poco le importó a Espinel. La tomó como su única chance. "Era mi única opción porque no tengo nombre en el medio, soy del interior, de un pueblo muy chico, no tengo amigos que me puedan colocar. Era la gran oportunidad. Si hubiera pensando no agarraba porque estaba último y yo no tenía experiencia. Pero era la mía, quería probarme".

Y luego de deambular y cargar con la derrota de cancha en cancha, el equipo tomó el rumbo de la victoria. Fueron 18 partidos hasta llegar a Primera.

Y a partir del orden institucional que brinda el gerenciamiento abonando los salarios en tiempo y forma todo fue más sencillo.

En la cancha Espinel realizó el esfuerzo de recorrer diariamente más de 160 km para ir a entrenar y volver. No se puede radicar en Colonia porque no le daba el presupuesto.

El juego que predicó fue sencillo. "Uno como entrenador le gusta tratar de jugar bien ya veces jugar bien es pegarle para arriba si la situación del momento te indica eso. La idea era salir jugando siempre pero cuando había presión del rival ser expeditivo y razonar que teníamos más para perder que para ganar si jugamos en ese sector. Entonces había que sacarla larga a un lugar específico que se entrenaba. Y si se recuperaba, intentar jugar en la cancha del contrario", dijo a Referí desde Chile, donde continúa su carrera en Santiago Wanderers.

Espinel supo cuando tocar las fibras de sus dirigidos. Cuando habló les hizo entender que estaban todos en el mismo barco. De perfil bajo, cuando lo invadieron las dudas no tuvo vergüenza en consultar a su amigo Lugano.

"Acá vi que había gurises con hambre. Antes de la final con Peñarol les hicimos saber iban a jugar por la gloria. No olvidamos el pasado. Les dije que había muchos de ellos que estaban por dedicarse a las 8 horas y que de un día para el otro se encontraban con esto. La gloria estaba golpeando la puerta".

Así de claro fue Eduardo, el carpintero de Cardona que con hambre de gloria se ganó el premio de ser votado como el mejor entrenador de la pasada temporada. Un premio ganado a sacrificio y pulmón. Un premio que emociona.

Eduardo Espinel
Fecha de Nacimiento:
28/6/1972
Lugar de nacimiento: Cardona
Trayectoria: Como su trayectoria como jugador en el Wanderers de su Cardona natal. Luego de pasar por varios clubes desembarcó en la capital, en el año para jugar en Colón. A partir de 1999 fichó por Plaza Colonia donde jugó hasta 2005. Allí fue compañero de Diego Lugano con quien formó una gran amistad. En el año 2014 lo llamaron para ser entrenador de Plaza Colonia y, pese a no tener experiencia en el fútbol grande, tomó el desafío. Ascendió al equipo a Primera y en la pasada temporada fue campeón del Clausura. Emigró a Santiago Wanderers de Chile.

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