Esclavos del deporte

Las universidades de EEUU generan millones en ingresos, pero los jugadores reciben miserias

Zach Bohannon es un basquetbolista de la Universidad de Wisconsin que participó la semana pasada del Final Four del campeonato nacional de EEUU. En ese camino hacia las finales, su universidad ganó varios cientos de millones de dólares. También lo hizo la empresa deportiva Nike, que viste al equipo. Y obvio, también su entrenador. Bohannon, sin embargo, tuvo que arreglársela para ver cómo cenar con unos pocos dólares.

Este estudiante de primer año de administración de empresas  no dudó en catalogar como “ridículo” a un sistema como el de la NCAA, en el que el solo tiro de un joven de 19 años, al que no se le paga un solo peso, puede dar lugar a casi tres cuartos de millón de dólares en dinero de bonificación para sus DT.

El sistema es perverso en muchos aspectos: la NCAA y las Universidades reciben cientos de millones de dólares al año en derechos de televisión, merchandising, entradas a los partidos o por la cantidad de nuevas matrículas de estudiantes que deciden por una universidad, gracias a sus figuras deportivas. Esas figuras que se codean en espacio en los medios con los multimillonarios deportistas profesionales pero, a diferencia de estos, suelen tener problemas, incluso, para poder comer.

El sistema
La NCAA tiene una estricta regla que prohíbe cualquier pago a los deportistas de sus universidades, a los que considera estudiantes que tienen su beneficio en las becas de estudio que reciben, que les permiten acceder a una educación de calidad que, de otra manera, les sería imposible. Eso es cierto, pero, en la  mayoría de los casos, las futuras estrellas provienen de hogares muy humildes, en los cuales se les hace difícil ayudar a sus hijos mientras pelean por el sueño de, algún día, ser profesionales. Lo único que les dan a estos grandes del mañana es comida y traslados gratis, como lo tendría cualquier otro estudiante.

La diferencia se hace casi obscena cuando se compara a entrenadores y jugadores. Los DT son, en su mayoría, prestigiosos profesionales con pasado o futuro en las ligas profesionales a los cuales las universidades les pagan millones. Por ejemplo, el entrenador de Wisconsin, John Calipari,  cobra US$ 4,2 millones anuales, incluyendo el total de bonos por sueldo, rendimiento deportivo y merchandsing. Ya había recogido US$ 200 mil en bonos por buenos resultados, pero el triple en los últimos segundos del partido de cuartos de final ante Michigan le generó un bono extra de US$ 150 mil por llegar al Final Four. Se quedó corto del extra de US$ 350 mil, si ganaba el título, pero de todos modos se llevó un salario comparable al de cualquier entrenador de la NBA.

Solo en contratos de emisión televisiva, el organismo rector de los deportes universitarios y las cinco principales conferencias tienen garantizado más de US$ 31 mil millones anuales. Eso no incluye otras fuentes de ingresos como patrocinio, ventas de merchandising, entradas y donaciones. La compensación para sus jugadores, mientras tanto, se limita a la beca, alojamiento y comida, y ciertos honorarios. Para un atleta como residente de Texas Harrison, un año de matrícula, alojamiento y comida en Kentucky costaría US$ 33.300, según el sitio web de la escuela. Durante cuatro años, es alrededor de US$ 133 mil.

Llueven críticas
La presión por un cambio es cada vez más insostenible para la conservadora institución atlética universitaria. Las críticas son constantes, pero también las investigaciones a universidades, por pagar debajo de la mesa a jugadores, o a ciertos agentes que les pagan ilegalmente a los jóvenes para asegurarse su representación. Y ahora se sumó la intención de los deportistas de la región noroeste de la NCAA de agremiarse para pelear por sus derechos. Todo eso ha dado lugar a un escrutinio sin precedentes del sistema. La NCAA “se está desmoronando bajo el peso de su propia hipocresía”, dijo Allen Sack , profesor de gestión deportiva en la Universidad de New Haven. Sack, que jugó al fútbol en 1966 en el famoso equipo de Notre Dame, es presidente del Grupo Drake, una organización de profesores que desde 1999 ha llamado a una reforma de un sistema deportivo que, dice, prioriza el dinero sobre los logros académicos.

Por todo eso, la NCAA y varias universidades han propuesto cambios, incluyendo un estipendio de US$ 2.000 que potencialmente llene cualquier déficit entre la beca y el coste real de asistir a la escuela. Las conferencias también están proponiendo normas separadas, permitiendo a las universidades con más ingresos ofrecer mayores beneficios a los atletas, incluyendo mejor atención de la salud y necesidades educativas, dijo Larry Scott, comisionado de la Pac-12, una de las conferencias más prestigiosas.

“Eso es un sistema absurdo”, dijo Sack. “Está claro que esto es un negocio multimillonario, excepto que los atletas no están recibiendo ni una moneda de él”, cerró, graficando el problema en su globalidad. (En base a The Washington Post News Service)


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