Es la hora de demostrarlo

Como no ocurre desde 2010, Peñarol llega a este partido como favorito por su juego, pero tiene que plasmarlo en la cancha

Siempre es difícil jugársela antes de un partido y muchísimo más si se trata de un clásico. Existen las frases hechas “clásicos son clásicos”, “en estos encuentros no hay favoritos”, “hay hombres de clásicos”, pero parafraseando a Alejandro González, como se lo dijo a El Observador, “la que habla es la cancha”.

Los jugadores –y también los técnicos– a la hora de hablar en la semana previa, se cuidan mucho, no se la juegan. Sobre todo, en este país en el que pocas veces se leen o escuchan declaraciones jugadas.

Y no se trata simplemente de cábalas –que las hay– o de no herir susceptibilidades adversarias. Solo es que, tal como ocurre con el país, normalmente los deportistas son conservadores, también a la hora de expresarse.

¿Por qué toda esta explicación? Porque Peñarol es favorito el domingo para llevarse el clásico ante su eterno rival.

Como no ocurría desde el Torneo Clausura 2010 –hace dos años y medio–, el conjunto aurinegro llega bastante mejor que su contendor.

¿Eso quiere decir que el domingo va a ganar? No necesariamente. Pero tiene todo para poder conseguirlo.

Llega mejor en la tabla, en el juego, en la parte anímica, en el plantel que cuenta solo con Carlos Valdez lesionado. Son variables muy importantes a la hora de jugar un clásico.

Además, como si fuera poco todo esto, los jugadores tienen el aliciente de poder cambiar la historia de los últimos clásicos en los que no les ha ido nada bien. ¿Qué más necesitan para llevarse el domingo la victoria?

Claro que el rival está desesperado por conseguir unidades porque se le va el tren en el campeonato. Pero eso también le puede jugar a favor si Nacional se abre demasiado o se regala atrás.

Peñarol ha demostrado en lo que va del torneo que la gráfica de sus resultados (y su rendimiento) ha venido en alza desde el inicio del certamen.

Por algo el equipo perdió solamente en la primera fecha y de allí en adelante no lo hizo más.

Los puntos altos de Peñarol ya los conocen todos, incluyendo, obviamente, los rivales.

El partido puede empezar a ganarse desde la mitad de la cancha. Allí juega un papel preponderante Marcel Novick. No es el más ducho con la pelota, pero ésta siempre lo busca. Siempre está ubicado en donde ella aparece y, salvo excepciones, se la lleva. En ese éxito tendrán mucho que ver los relevos, la marca escalonada, las transiciones y no que ayuden Carlos Grossmüller y los dos volantes abiertos, Fabián Estoyanoff y Jorge Zambrana.

Una de las dudas que había hasta el partido ante Defensor Sporting, era cómo reaccionaría la defensa una vez que fuera atacada por un rival importante. Y la misma respondió con creces, inclusive, jugando casi todo el segundo tiempo sin los dos zagueros centrales titulares (Valdez por lesión y Darío por suspensión). El domingo eso deberán refrendarlo. También lo deberá hacer Danilo Lerda en el arco, quien recibió toda la confianza del cuerpo técnico.

Y qué decir de las dos torres de arriba. Marcelo Zalayeta y Juan Manuel Olivera son determinantes.

Peñarol lo tiene a tiro. No es sencillo, pero es el momento de demostrar que hoy está mejor.


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