Entre brujas y hadas Peñarol llegó a la punta

El aurinegro sigue sufriendo los problemas de siempre: ataca para ganar, defiende para perder, pero el equipo de Jorge Fossati es uno de los líderes del torneo

El disparo de Jonathan Rodríguez ya infló la red y, a cuatro minutos del final y con 10 jugadores, Peñarol se pone 4-3. Fossati abre los brazos, corre unos metros y simula estar volando al costado de la cancha, tal como si fuera un goleador, se hinca, señala al cielo (ver foto de tapa) y se persigna.

En la mitad de la cancha Darío Rodríguez se arrodilla, extiende sus brazos y su mirada al cielo; se queda así unos segundos. Unos metros más atrás Juan Castillo procede de forma similar. Seguro que alguien desde allá arriba se acordó de Peñarol, que quedó primero en el Clausura, porque solo así se puede explicar la forma en que los aurinegros vencieron ayer a El Tanque Sisley en la séptima fecha, tras una producción en la que exhibió la fragilidad defensiva en estado puro y pasajes de fútbol en el otro arco que taparon la boca de esos hinchas que una y otra vez reclamaron más actitud de los jugadores.

Fue un partido rarísimo. Como si en 90 minutos se hubieran jugado varios encuentros, por la irregular producción de un Peñarol que en unos momentos parece tener intenciones de ser animador del torneo, más por sociedades (en las que siempre aparecen Aguiar y Jonathan Rodríguez con alguno más) que parecen sumar en acciones aisladas, que no se sostienen a lo largo del partido, porque Peñarol no tiene la pelota, y en otros de equipo de barrio, desordenado, tácticamente desprolijo, lento, desbalanceado y como si los jugadores no supiera que después de un córners a favor si los futbolistas se quedan mirando el partido, el rival aprovecha los espacios para contragolpear y convertir.

Peñarol debió ganar bien, y apenas venció en la hora. Por sus pecados. Por sus debilidades. Enfrentó a un equipo diezmado (sin cinco titulares, acá no valen las comparaciones porque Peñarol tiene más plantel) y que está jugando un mal Clausura.

En los primeros 15 minutos, Fossati, desencajado, entró dos veces a la cancha para reclamarle a sus jugadores. Los hinchas castigaron a Castillo, que no hace méritos. Pero ese mismo Peñarol que parece un gigante en las pelotas quietas (generó cuatro situaciones de gol en el primer tiempo), cuando defiende enseguida deja la sensación de que cada ataque termina en gol. Así fue todo el partido. Sin embargo, en el arranque del segundo tiempo se puso 3-1 con el primero de Jonathan Rodríguez. Ya está, ¿no? Ni ahí, porque el equipo de Fossati se deshilachó (el técnico tendrá que replantearse si debe seguir con la línea de tres) y El Tanque se aprovechó.

El golero Nicola Pérez se vistió de figura y los jugadores aurinegros parecieron estar llenos de mala suerte. Marcel Novick, que ingresó por Albín para actuar de carrilero, terminó de lateral derecho. Valdez en las duchas por una grosera infracción (Peñarol acabó defendiendo con Novick, Darío, Mac Eachen y Japo Rodríguez).

Castillo más silbado que al comienzo. Y los hinchas gritando y reclamando actitud, insultando y agraviando a los jugadores. Incluso, en el final del partido, la escena pareció perfecta para pintar el momento de Peñarol, en penumbras, porque no encendían las luces del Estadio aunque ya se instalaba la noche. Y de pronto una corrida terminó en ese gol salvador de Jonathan Rodríguez que puso el 4-3, que reflejó las aspiraciones ofensivas que tuvo Peñarol por ganar, pero las debilidades de un equipo que no supo cerrar el partido.

Se acabó otro sufrimiento para el hincha. Terminó el juego. Peñarol quedó primero en el Clausura y festeja como si fuera campeón del mundo. Parece lógico. Al fin y al cabo, parece otro milagro del Flaco Fossati que se está recibiendo de mago.


Fuente: Luis Eduardo Inzaurralde - twitter.com/Luisinza

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