Entre banderas y gallinas

En los últimos tiempos los actos folclóricos se transformaron en provocaciones que involucran a jugadores, dirigentes y parciales

El fútbol uruguayo está gobernado por la regla de la tolerancia cero. En un ambiente en el que las normas las imponen los violentos, ya no se puede festejar un gol porque es una provocación. Caminar rumbo al Estadio Centenario con la camiseta puesta en un clásico es poco menos que un acto suicida y ni hacer referencia a realizar algún gesto. El ambiente está sumamente irascible. El hincha se irrita fácilmente. No hay lugar para la cargada. Se terminó.

El último escándalo se generó el sábado en el Palacio Peñarol, cuando un grupo de básquetbolistas profesionales que defendieron a Peñarol en un amistoso de homenaje a los 30 años del título conseguido por los aurinegros en el Sudamericano de Clubes Campeones de básquetbol, los jugadores posaron junto a la gallina inflable que en 2008 los hinchas aurinegros llevaron a un clásico en el Centenario. Ese fue un eslabón más de una larga cadena de hechos que se inicia con una bandera y tiene como último capítulo la historia vivida en el Palacio.

Historias en el Cerro
El clásico Rampla Juniors-Cerro está plagado de hechos folclóricos. En uno de los últimos duelos, cuando los picapiedras salieron a la cancha, por los altoparlantes del estadio Luis Tróccoli comenzó a sonar una canción de Village People. Cuando los jugadores saludaron en el terreno se escuchó a todo volumen: “Macho, macho men…”. ¡Para qué! Del otro lado ardían de bronca.

Sin embargo, antes del partido, en la web de Rampla presentaron el clásico y en lugar de poner el escudo de Cerro utilizaron el de Cerro Largo para presentar a los de la Villa.

En el referido compromiso en la tribuna de Cerro aparecieron carteles con dibujos de pingüinos, tratando a sus rivales de fríos. Y otro que decía: “Cerro (flecha para abajo). Aduana (flecha hacia fuera)”, dando a entender que los picapiedras nacieron fuera del barrio.

Otro episodio que se vivió en el Cerro fue la tarde en la que el Nacional de Eduardo Acevedo fue goleado.

Cuando el director técnico y los jugadores tricolores cruzaban la cancha rumbo al vestuario, por los altoparlantes empezaron a sonar los Auténticos Decadentes con el tema: “Siga el baile, siga el baile”.

Historias en los clásicos y más
Nacional y Peñarol tienen grandes cargadas a lo largo de la historia. Una de las últimas, original sin dudas, se registró cuando en la separación de las tribunas Ámsterdam y Olímpica colgaron una pelota, en clara alusión al penal que marró Álvaro Recoba y que dejó a Nacional fuera de la última Libertadores. Claro que con el paso del tiempo las mismas fueron tomadas como incitación a la violencia.

En una oportunidad los hinchas de Nacional cargaron a los de Peñarol por la situación reglamentaria de Sebastián Abreu. El partido fue calificado como el clásico del miedo. Los tricolores lanzaron folletos que hacían alusión al hecho.

Los de Peñarol no se quedaron atrás y en un clásico en 2008 entraron a la Ámsterdam con la famosa gallina inflable. Fue el principio del fin.

Tiempo después se registró un hecho que quedó marcado cuando, en un palco del Parque Central, colocaron una gallina vestida con la camiseta número 8 de Peñarol y con una pata enyesada en alusión a la fractura padecida por Antonio Pacheco, en el inicio del Apertura 2012-2013.

El simple intercambio de camisetas también fue un problema. El celo de hinchas y dirigentes en ese aspecto se hizo notar.

Una vez, como entrenador de Defensor Sporting, Jorge Da Silva se llevó una camiseta de Peñarol luego de perder. Lo mismo ocurrió con el argentino Julio Marchant. La actitud generó la reacción de un exdirigente de los violetas.
La rivalidad entre Danubio y Defensor Sporting se incrementó. Los violetas habían perdido las finales del Uruguayo contra Nacional. El detalle es que perdió la opción de coronarse en cinco partidos. Al torneo siguiente la viola visitó a Danubio en Jardines y los danubianos esperaron que el golero y capitán de los fusionados, Martín Silva, fuera a ocupar el arco que da el talud 27 de noviembre. Cuando llegó fue objeto de una lluvia de pañales y papel higiénico.

Los violetas también gastaron en más de una oportunidad a los danubianos. En un partido en el Franzini, cuando la franja salió a la cancha, les tiraron bolsas de azúcar, tratándolos de amargos.

Pero un hecho que quedó marcado y fue motivo de gastadas fue el temporal que voló el tablero electrónico del Centenario en el año 2005. Aquella noche Danubio jugaba contra Defensor en el Parque Central. En condiciones normales la franja se floreaba. Pero cambió el viento y la pelota viajaba sola para el arco de Esteban Conde. Defensor dio vuelta la serie y el hecho está reflejado en una bandera violeta que reza: “La tormenta perfecta”.

A propósito de banderas. La barra de Nacional mostró otra bandera recordada. En setiembre de 1997, escasos días después de que Uruguay perdió por las Eliminatorias contra Perú en Lima, apareció un trapo que decía: “Gracias Pablo. Uruguay 1 – Perú 2”. En clara alusión al gol insólito que había marrado el capitán de Peñarol, Pablo Bengoechea, en la boca del arco de los peruanos.

Las últimas dos banderas de la polémica, ahora en un tono violento, tuvieron al estadio Jardines del Hipódromo como centro. La primera fue la de Ignacio González. Es que los hinchas danubianos la querían quemar porque el ídolo se fue a jugar a Nacional. Mientras que la hinchada tricolor llevó una que rezaba: “Vos corriste de local”.

Otro hecho que hirió la sensibilidad de los dirigentes fue el recibimiento de los equipos en el clásico de verano de 2013, situación que incluyó un reclamo del presidente de Nacional, Eduardo Ache, porque los hinchas albos no pudieron lanzar fuegos artificiales y los de Peñarol sí. En el cruce de declaraciones, el subsecretario del Ministerio del Interior, Jorge Vázquez cometió un error y provocó reacciones de varios hinchas. “Escuché ayer (a Vázquez en conferencia decir) ‘Club Atlético Nacional’ y de repente me tengo que callar la boca. ¡Saben la cantidad de mails que recibí!”, dijo Ache.


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