Enano bendito

Fernando Martínez, único jugador de Malvín que levantó las cuatro copas, le había prometido el título a Alfredo Venditto

"Tenía una deuda pendiente con Alfredo Venditto. Le había prometido que íbamos a volver a ganar la liga. Y cuando uno promete algo tiene que cumplirlo”. Las palabras pertenecen al capitán de Malvín, Fernando Martínez, único jugador presente en las cuatro consagraciones del playero en la Liga Uruguaya de Básquetbol.

Venditto, jugador símbolo del club entre 1947 y 1971, y luego dirigente, murió en julio del año pasado. Pero la cuarta copa ya está en casa.

“Este jueves voy a ir a llevarle la copa al cementerio”, confesó Martínez.

El martes Malvín venció 66 a 55 a Trouville y liquidó la serie final por 4 a 1 para consagrarse campeón por cuarta vez en las últimas nueve temporadas.

El título se festejó siguiendo la rutina de las anteriores conquistas. “Nos quedamos en el club hasta que se fue el último hincha, a eso de las 10 y media de la mañana del miércoles. De ahí, como siempre, nos fuimos al McDonald’s de Portones con el Pollo y el Polaco, dos hinchas que están siempre, y nos leímos los diarios”, contó.

Más que un amuleto
Martínez, al igual que el entrenador Pablo López, fue artífice de los cuatro títulos de Malvín (2006-2007, 2010-2011, 2013-2014 y 2014-2015).

“Cada título fue especial, cada uno tuvo su particularidad, el de este año por el fallecimiento de Venditto”, afirmó.

Martínez, base de 35 años, fue MVP de la primera consagración del playero, cuando venció 3 a 1 a Biguá en las finales.

Ahora, le tocó desempeñar un rol secundario en el equipo, algo que asume naturalmente: “Hace un mes estaba jugando más minutos, pero hay que adaptarse a todo. Esto es un grupo y hay que aprovechar el tiempo que se le da a cada uno”, afirmó.

Malvín fue candidato desde el mismo arranque de la temporada. Porque mantuvo la base del equipo que había ganado el año pasado y porque sumó a Federico Bavosi para suplir la baja de Bruno Fitipaldo, quien emigró a Argentina.

“Eso no fue un elemento de presión. Presión siente todo jugador que viene a este club porque sabe lo que se juega. Y a mí me encanta jugar con esa presión. No todos tienen esa chance”, afirmó.

“Arrancamos un año bárbaro, jugamos muy bien la Liga Sudamericana y la Liga de las Américas, pero en un momento tuvimos un bajón”, recordó Martínez.

En la Súper Liga –segunda fase de la Liga Uruguaya– Malvín ganó ocho partidos y perdió seis. Y ahí comenzaron una serie de recambio de las fichas extranjeras.

En la temporada, Malvín probó con los pívots Scott Vander Meer, Josh Aselin y Ruben Garcés antes de que llegara Terence Dials.

“Tremendo jugador, le tomó un partido darse cuenta de las fortalezas de Hatila Passos (Hebraica Macabi) y Kevin Young (Trouville) para imponer su juego”, dijo.

La otra llegada, la de Kennedy Winston por Richard Chaney, alero por alero, fue determinante.

Winston promedió 17 puntos en las finales y fue, por destrozo, el mejor jugador de la serie ante Trouville. Martínez, en pocas palabras, se deshizo en elogios: “Es demasiado jugador para esta liga”.

El preferido y el futuro
Entre las cuatro copas, el Enano (mide 1,70 m) no duda: “Me quedo con el primer equipo que fue campeón porque nadie daba nada por nosotros. Aquello fue un batacazo”.

¿Y ahora? “Me queda un año de contrato con opción a otro y no vivo del pasado. Esto ya pasó. En 15 o 20 días hay que empezar a prepararse para lo que viene”.

Porque en Malvín, los jugadores saben de sobra que el verbo es ganar. Ganar, ganar y ganar.


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