En Santa Cruz cualquier auto se convierte en taxi

La intransferible experiencia de viajar en estos vehículos destartalados donde el precio de pone "a ojo"
Por Agustín Castillo, especial para Referí desde Santa Cruz, Bolivia

El servicio de taxis no está regulado en Bolivia. Para acceder a un taxi basta con tener un auto y pegarle una calcomanía. Además no hay una tarifa establecida, aunque el gobierno intentó obligar instalar un fichero, los taxistas se negaron y los viajes se cobran "a ojo". Cuestión de negociar.

Mauricio Suárez aprueba préstamos por la mañana. Se encarga de las solicitudes menores a 5.000 dólares. Es ingeniero comercial y tiene el cargo de "Gestor de Negocios Mircocréditos" en Fassil, un fondo financiero privado, uno de los más conocidos acá en Santa Cruz de la Sierra.

Pero Mauricio se casó hace poco y tiene una hija recién nacida. Dice que los 700 dólares que percibe mensualmente no le alcanzan. Entonces, una vez que cumple su horario en la financiera, se sube a su Hyundai i10 modelo 2013 y prende la luz verde que convierte a su auto particular en un taxi más de los que abundan por la ciudad.

Así de fácil es ser taxista en Santa Cruz de la Sierra: basta con tener un vehículo y comprar una calcomanía verde (puede variar el color según el lugar de compra) con la leyenda obvia. El adhesivo cuesta 30 bolivianos, es decir, unos 120 pesos uruguayos y se consigue, por ejemplo, en los supermercados.

Mauricio recorre la ciudad durante unas dos horas después de la oficina para llevar cerca de 600 pesos más a su casa. Al principio tenía miedo y también algo de vergüenza, admite. No conocía al detalle la ciudad y los primeros brazos extendidos que lo quisieron frenar los ignoró por completo. "Después me saqué el miedo y me acostumbré", cuenta mientras circula por la avenida Monseñor, una de las principales vías de Santa Cruz que desemboca en el emblemático Cristo Redentor, donde hace unos meses el papa Francisco ofreció su misa.

Taxis Bolivia
El adhesivo que se le coloca a los autos utilizados como taxi
El adhesivo que se le coloca a los autos utilizados como taxi

Casualmente ligué (mal) una de esas veces que no sabe bien el destino y le estoy indicando cómo llegar. "Tenía más o menos claro dónde quedaba", repara al terminar el recorrido y antes de darme su tarjeta personal para cuando precise viajar. Hay que negociar el precio.

-"Diez está bien, ¿no?", pregunto.

El chofer piensa un rato y me dice que son doce bolivianos porque cruzamos de un anillo a otro. El sistema de cobranza no está del todo claro. Algunos dicen que depende los anillos que atraviesen (la ciudad se divide así) otros se rigen por el barrio y hay más atenuantes: cantidad de pasajeros, si se perdió mucho tiempo en un trancadera en el tráfico o –sí, increíblemente- si llueve. "Se rompe el auto", es la excusa para aumentar la tarifa un día de lluvia.

Los taxistas no tienen reglas. O por lo menos no están escritas. No hay fichero, no hay aparatos electrónicos y, como detallaba, menos una tarifa estricta. El recorrido corto -en el primer anillo y el centro- vale 10 bolivianos (40 uruguayos) y el más largo (por ejemplo al aeropuerto) 70 bolivianos (240 uruguayos). De todos modos, al ser tan irregular, todo se puede negociar. Lo frecuente es darle un billete de diez y cerrar la puerta sin chistar.

La situación es igual en todo Bolivia. Incluso en algunas ciudades también existe el moto taxi. En Santa Cruz el año pasado se intentó regular el sistema de cobranza y adquirir los ficheros electrónicos pero el movimiento y protesta de los taxistas fue de tal magnitud que la propuesta quedó guardada en algún cajón y la cosa sigue tan desordenada como el tránsito de aquí.

Casos como el de Mauricio hay varios. Muchas personas hacen de sus autos particulares un taxi para aumentar las ganancias. También están los que viven exclusivamente de ello, claro. Pero desde chicos de 18 años, ingenieros, mecánicos, médicos y profesionales desempleados manejan. Es que además llevar el pegotín de taxi es también una llave mágica para la Policía de tránsito. Prácticamente no los frenan.

Tan variado es el perfil de los conductores como los automóviles pero hay un denominador común: los autos desechos, sucios, sin asiento de conductor (en cambio, usan un respaldo de alambre debido al intenso calor). Incluso se puede ver varios que tenían el volante a la derecha y que fueron rearmados. Esto se debe a las pocas exigencias para circular. Además, el bajo precio del combustible (o gas) se convierte en otro componente clave para llevar adelante esta empresa que no requiere ninguna burocracia, solo saber manejar.