En la hora y con el alma, Nacional dio vuelta el clásico

Con gol de Sebastián Fernández a los 90' y de Recoba en el minuto 94' el tricolor da vuelta un clásico increíble

Nacional dio vuelta un clásico inexplicable. Porque no intente encontrarle mucha explicación lógica a un clásico que hasta el minuto 91’ perdía 0-1 y termina ganando 2-1 con un gol en el minuto 91 y otro en el 95’.

Fue inexplicable, tanto como ese gol de Sebastián Fernández  llevándose todo puesto y hasta con la mano. Y porque cuando parecía todo terminado apareció una genialidad del Chino Recoba. Una más, bah. Una de tantas que tendrá esa biografía mágica de un jugador predestinado.

O quizás no fue inexplicable. Porque todo lo que la lógica no puede explicar de lo que pasó esta tarde lo puede explicar la entrega: Nacional lo dio vuelta porque puso el alma en la cancha del Centenario.

Elija la arista que quiera, porque este clásico quedará en la historia, casi tanto como aquel 5-0 de Peñarol hace seis meses, para ratificar que 2014 regaló dos clásicos legendarios. Nacional estaba perdiendo el clásico a pesar de venir 11 puntos arriba, lo que le ofrecía una superioridad anímica a los carboneros.

Pero no. Porque cuando todo parecía perdido, Nacional sacó a revolear todo. Y consiguió esos dos goles, para que Nacional cierre el partido con una sonrisa inmensa, con un 2-1 que le permite volver a ponerse de pie en la rivalidad clásica tras dos años de derrotas en clásicos oficiales. ¿Es igual a aquel? ¿No? Qué le importa al hincha de Nacional. Lo que le importa es que este 9 de noviembre de 2014 le generó una de las alegrías más grandes de su vida deportiva.

Primer tiempo.

Pierna fuerte y marca fue la tónica de un partido en el que los dos salieron a cerrarse bien atrás antes que a crear en ofensiva. Por eso se jugó mayormente en la mitad de la cancha.

Así y todo, Nacional fue un poco más y tuvo las más claras. Y no fue en base a un juego súper elaborado, sino a su marca registrada de todo el torneo: la practicidad. En una tarde de mucha pierna en la mitad de la cancha, Nacional apostó a lo simple: dos pases y centros, y pelotazos a la espalda de los defensas, para arrimar peligro.

Peñarol intentaba ser un poco más elaborado: o con los carrileros desbordando o buscando a Japo y Pacheco, o Zalayeta bajando. Y Nacional, que llenó de piernas esa zona, ganó en la presión -de Porras y Arismendi pero también de Giménez y De Pena- y fue un poco más efectivo en los pases de Pereiro, y por eso llegó dos o tres veces con peligro por arriba, la más clara un cabezazo de Alonso tras centro de Romero, que pegó en el palo.

No vaya a creer que Nacional fue un espectáculo, ni mucho menos. Pero fue práctico, se salteó lo que había que saltear y por eso jugó más tiempo en campo rival y tuvo, por arriba, las oportunidades más claras.

Peñarol tuvo la última: un taco de Zalayeta para habilitar a Jonathan Rodríguez, que con una media vuelta la mandó cerca. Símbolo de un Peñarol que, como en los últimos partidos, carece de ideas, pero tiene individualidades que pueden cambiar la historia.

Segundo tiempo

Y pasó, nomás. Porque a los 58’ apareció Diogo, que había sufrido en defensa en el primer tiempo. Se iluminó y consiguió un penal que Pacheco para el 1-0. Peñarol le cortaba el invicto a Munúa, y se ponía arriba y amenazaba con seguir la hegemonía clásica de los últimos tiempos.

Pero Nacional no se rindió. Buscó por todos lados: por arriba, por abajo, con Alonso exigiéndose al límite, con Migliore transformándose en figura. Macaluso se fue por roja, y el tricolor aumentó el asedio.

Llegó una roja de Romero, y el tricolor pareció que aflojaba. Pero no. Siguió buscando, sin fútbol pero con ganas. Con lo que fuera. Con el alma. Y hasta con la mano, como le gusta a los hinchas, y como la mandó a guardar Seba Fernández cuando fue a cabecear Munúa. Entrega pura.

Y Nacional siguió de largo. Esa entrega al límite le dio otra falta a los 94’, y la zurda mágica del Chino, para regalar un gol antológica. Y una de las alegrías más grandes de la historia para los hinchas de Nacional.


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