En la gran familia de la Premier

Gustavo Poyet, que en 2004 llegó a Uruguay para construir su futuro como entrenador, ejerció como presidente de ONFI y en 2006 se fue sin que sonara el teléfono, será el nuevo entrenador de Sunderland

El de Gustavo Poyet hoy puede entenderse como un caso común, teniendo en cuenta el giro que sufrió el estereotipo de futbolistas de Uruguay a partir del cambio que impuso el técnico Óscar Washington Tabárez y un grupo de jugadores que modificaron costumbres y estilos. Pero Poyet no es un jugador del siglo XXI –aunque haya terminado su carrera en el comienzo de ese período–, fue un diferente en su época, en el siglo XX. Porque cuando transcurría 1988, con apenas 20 años, se fue a probar suerte en Francia, pero un año después estaba de regreso en Montevideo. Sin chances de seguir jugando en Europa, pero hablando francés. Sin embargo, la luchó por su sueño que era jugar al fútbol, se cultivó y escribió una historia diferente: fue ídolo en Zaragoza, donde está en la galería de los más grandes; fue un lord en Chelsea, en un mercado que no abría las puertas a los uruguayos, y cerró su carrera en Tottenham, cuando entendía que había cumplido su etapa como futbolista, mucho antes que el fútbol lo dejara a él.

Luego de hacer su carrera en Europa, en 2004 decidió volver a su patria. Porque estaban sus raíces. Su padre, Washington, un basquetbolista que marcó época en Tabaré, en un equipo que fue campeón a todo, y en la selección uruguaya, y que desde el primer día lo acompañó en ese sacrificado recorrido que hace el futbolista, que para unos pocos tiene reservado un sitial de privilegio, fama y dinero, y para la mayoría anonimato y escasas recompensas.

Volvió para recuperar lo que había perdido durante tantos años en Europa. Así lo confesó. A su madre, su hermana, su hermano. Washington ya no tenía que seguir, en el apartamento de avenida Italia frente al Clínicas, en un cuaderno en el que apuntaba todos los goles de Gustavo, la carrera de su hijo. Lo disfrutaba como ex.

Su estadía como exjugador en Montevideo fue tan vertiginosa como promocionada. Cuando llegó en 2004 fue el centro de las miradas, porque, así como hizo una carrera diferente dentro de las canchas, todos esperaban que sucediera lo mismo fuera.

Esperó durante días que sonara el teléfono. Un día sonó, pero no para ofrecerle equipo. El gobierno le propuso ser el presidente de la Organización Nacional de Fútbol Infantil (ONFI). Aceptó el desafío con el psicólogo Gabriel Gutiérrez, el exárbitro Ernesto Filippi, entre otros. Además, tuvo como consejeros asesores a Óscar Washington Tabárez y Sergio Markarian. Por ese entonces, Tabárez estaba muy lejos de la selección.

Una tarde, en una charla que mantuvimos en Carrasco Lawn Tennis, adonde iba a realizar actividades casi a diario, me reveló que su deseo era transmitir la importancia que tenía el estudio para los futbolistas, cuando, por ese entonces, en el fútbol la única aspiración pasaba por transformarse en Ronaldo, el Ronaldo brasileño, no el actual, porque en ese momento la figura era el histórico goleador, o en Álvaro Recoba.

En una entrevista que le realizaron por entonces, le preguntaron qué situaciones le preocupaban del fútbol y qué iba a atender en su nueva función como presidente de ONFI. A lo que respondió: “La primera, y en la que la mayoría está de acuerdo y es donde todos deben tirar para el mismo lado, es el tema de que actualmente las familias llevan a los niños para que jueguen al fútbol infantil o al viejo baby fútbol, solamente para que sean futbolistas profesionales de primer nivel, ganen mucho dinero y sea la salvación económica de toda la familia. Esa creo que es la mentira más grande el fútbol porque el porcentaje de futbolistas que llega al fútbol profesional de los 55.000 que hoy están afiliados, no llega al 1%... por eso las posibilidades son mínimas, casi imposibles y me parece que se juega un poco con la presión y la dedicación que le da un niño a este deporte. Él se debe divertir más y no que la familia pase pensando en que es la solución de su vida”.

Después, con los años, surgió el programa Gol al Futuro, que apuesta a la formación integral del futbolista; Tabárez impulsó desde las juveniles un nuevo modelo de jugadores inspirados en la nueva versión que imponían los Forlán, los Scotti.

En noviembre de 2005, cuando Uruguay quedó eliminado del Mundial y la continuidad de Eugenio Figueredo en la AUF pendía de un hilo, el nombre de Poyet sonó como candidato a presidente de la Asociación. Finalmente siguió Figueredo, que a los pocos meses nombró a Tabárez en la selección.

En 2006, Poyet descubrió que ya había cumplido su ciclo en Uruguay como exjugador, como ciudadano. Se iba con el dolor de volver a dejar a los suyos, pero con el sueño de construir su propia historia como entrenador. Igual que como futbolista, el teléfono no había sonado.

Y allá se fue a construir su propio camino como entrenador. Desde abajo como asistente, hasta que en 2009 dio el salto como DT de Brighton. Esa historia ya es conocida. Cuatro temporadas en el equipo que llevó de Tercera a Segunda y lo dejó a dos partidos de la Premier a mediados de este año. Luego, en junio, se enteró que había sido despedido cuando estaba en vivo en un programa de televisión durante la Copa de las Confederaciones.

Desde hoy será entrenador de Sunderland, un equipo que va último en la Premier League, que perdió seis de los siete partidos que jugó en la actual temporada, el otro lo empató, que anotó cinco goles y recibió 16.

El desafío que acepta parece más un compromiso que una tentadora propuesta, pero lo acogió para integrarse a la familia de la Premier League y ser el primer uruguayo que dirige a ese nivel, en la mejor liga del mundo, como dijo Tabárez ayer.

Y otra vez Poyet, el diferente, marca el camino a los 46. Hoy, para muchos lo que recibe el uruguayo puede ser considerado migajas, pero él lo necesita para comenzar a darle forma a su sueño. Así como una vez llegó a Francia sin ser nadie y se transformó en un lord, hoy en Sunderland empieza otra vez de abajo. En 20 años veremos hasta dónde llegó. Por sus antecendentes muy lejos, porque Sunderland puede ser Grenoble. l




Fuente: Luis Eduardo InzaurraldeTwitter.com/Luisinza

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