En la ciudad de las mil historias

En su adaptación, Diego Zabala sufrió la peor cara de Buenos Aires; ahora disfruta conocer cada rincón

Entre Complejo América y Sayago transcurrió su vida, hasta que el fútbol lo lanzó al mundo y le planteó el desafío de descubrir Buenos Aires en el sentido más amplio.

Transcurría abril de 2016, dos meses después de su llegada a Vélez Sarsfield, donde cada día vivía una experiencia diferente y, en ocasiones, traumática. Primero por la adaptación al nuevo país, incluso cuando asegura que los uruguayos y argentinos tienen más similitudes de las que todos creen. Segundo por las exigencias futbolísticas y la necesidad de hacer una pretemporada intensa y bajar de peso, con un seguimiento diario de un nutricionista. Tercero, porque a los dos meses fue protagonista de un episodio violento, cuando una madrugada tres adolescentes ingresaron al predio de Vélez, donde vivía y lo ataron para robarle todo.

"No había hecho una buena pretemporada, porque venía de las vacaciones y estaba un poco pasado de peso, cuando se presentó la posibilidad de Vélez. Llegué a Buenos Aires y me pusieron un profe y un nutricionista para tener una buena base física y lograr la mejor forma. Almorzaba en el club, porque vivía en la concentración, y me hacían un seguimiento diario. Con mucho trabajo logré una buena forma, aunque me costó cinco o seis fechas adaptarme al fútbol, porque se juega más rápido, con otra dinámica", explica Zabala a Referí.

"Fue en abril del año pasado cuando me llevé el peor susto de mi vida. En ese momento vivía en el complejo deportivo, en donde concentramos en Ituzaingó. Estaba solo en la zona de la concentración, y los de la seguridad del predio. Una madrugada entraron tres adolescentes a robar y llegaron armados hasta donde estaba durmiendo. Me despertaron y me tuvieron 45' atado con los cordones de los championes. Estuvo bravo, porque estaban armados. Se llevaron mi celular, reloj, un perfume y dinero. Después el club me repuso todo, pero el susto que me llevé no me lo devuelve nadie. Hoy lo cuento como una anécdota, pero fue bravísimo", relata aún sin disimular la angustia que todavía queda.

Fue después de aquella experiencia traumática cuando empezó a disfrutar Buenos Aires desde el costado más atractivo. Le alquilaron un apartamento en Puerto Madero e inició una nueva vida. "En la concentración estaba bien, pero en una habitación pequeña, no me podía cocinar y no tenía ni un living para sentarme en el sillón", explica.

"Buenos Aires es una ciudad muy linda", explica. "Tiene unos lugares estupendos. Cada vez que tengo libre, pregunto a dónde ir y vamos a recorrer distintas zonas. Palermo, La Boca, San Telmo, son lugares tradicionales, pero que con tiempo los caminás y descubrís historias increíbles. El hecho de viajar poco a Montevideo, porque voy solamente cuando tenemos dos días libres, me ha permitido conocer rincones hermosos. Voy con mi pareja, o con mis padres y mi familia que viene desde Montevideo".

En marzo, regresó dos veces a Uruguay, pero ahora que se inició el campeonato no cree que pueda retornar por largo tiempo.

Zabala no maneja en la capital argentina. "Se vive a otro ritmo, y eso también se refleja en la calle. A los entrenamientos vamos con Mariano Pavone, el maneja y yo cebo el mate. Con Pavone, Lea Desábato y Blas Cáceres vamos a Ituzaingó, que queda a 50 minutos de Puerto Madero", destaca.

En junio finaliza su contrato y no quiere mirar más allá del presente. "Disfruto el 'Mundo Vélez' y lo aprovecho al máximo. Estoy haciendo todo lo mejor. Después veremos qué sigue", subraya.

Se siente como en casa

"Un día salgo del edificio en el que vivo en Puerto Madero y me encuentro con el Cebolla (Rodríguez), en ese momento en Independiente, que iba a llevar a su hija al jardín. Nos saludamos, charlamos unos minutos y cada uno siguió su camino. Poco tiempo después lo encontré en Buquebús, en una de los viajes a Montevideo, y me dijo que me arrimara a las reuniones que hacían los uruguayos en Buenos Aires. Cuando se juntaron, me avisó y fui. Estaban Cebolla, Martín Campaña, Torito Rodríguez, Viruta Vera, Lodeiro, Vasquito Aguirregaray. La verdad ese gesto te muestra la clase de persona que es el Cebolla".

El mate uruguayo

Diego Zabala estableció la ley del mate uruguayo en un vestuario donde está impuesta la infusión pero con un sello diferente al de la margen oriental del Río de la Plata. "Tomo mi propio mate, porque aquí toman con edulcorante. Mmm... esa no la llevo, ¡esa nooo! Dejame con nuestro amargo, ¡con edulcorante, no!", explica y luego subraya el volante uruguayo que juega en Vélez Sarsfield, para que no queden dudas. El exjugador de Racing uruguayo expresó que comparte a diario, entre Puerto Madero y la concentración, viaje en auto y mate con Mariano Pavone, Leandro Desábato y Blas Cáceres.


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