En el ataque no hay lugar para los dos

Cuando se destacó Olivera, no anduvo Zalayeta, y viceversa; el DT pensó en un equipo campeón con los dos 9, pero la fórmula sale muy cara y aún no conforma

Jorge “Polilla” Da Silva diagramó el Peñarol que quiere ver campeón del Uruguayo con Marcelo Zalayeta y Juan Manuel Olivera en ataque. Fue por esa razón que los dirigentes abrieron la billetera e hicieron el esfuerzo económico para tener a dos de los delanteros más caros del torneo local. De esa forma, los presididos por Damiani cumplieron y los hinchas se frotaron las manos, al tiempo que imaginaron que su equipo iba a arrasar con cualquier defensa que se cruzara en el camino de esos temibles goleadores. El plan parecía perfecto e invitaba a soñar con redes llenas de goles, gargantas rotas, triunfos hilvanados fechas tras fechas, mientras miraban la tabla desde arriba. Sin embargo, aunque los dos convirtieron cinco de los ocho goles que marcó Peñarol en cuatro fecha (no es para menos, son lo que tienen que hacerlos), la fórmula sigue sin dar en el punto ni transformó aquellas ilusiones en realidad.

Es cierto que un equipo no se arma de un día para otro, pero hay señales que tienen que empezar a brindar, que los aurinegros aún no las dieron. Futbolísticamente no asoman los circuitos capaces de creer que es una oncena potencialmente peligrosa y en la zona en la que mejor debe funcionar el equipo, aún está en deuda. Hasta ahora todo se sostuvo en rendimientos individuales que fueron los que hicieron posibles los dos últimos éxitos en el Apertura.

Primera fecha del Apertura: para los periodistas de El Observador los dos delanteros rindieron 4 puntos en una escala de 1 a 10. Peñarol perdió 4-3 ante Fénix y ninguno de los dos convirtió. Está bien: fue el partido en el que se fracturó Antonio Pacheco, pero antes de la lesión del capitán pasaron 42 minutos sin goles, y aún sus cuentas personales estaban en cero.

Segunda fecha: el partido ante River Plate culminó 1-1, el único gol mirasol lo anotó Olivera, y recibió como puntaje por su actuación un 6, en una tarde en la que corrió como nunca porque su equipo quedó con nueve, en tanto Zalayeta fue mal expulsado a los 43 minutos y por lo que había realizado hasta ese momento fue 4.

Tercera fecha: sin Zalayeta, suspendido, Olivera fue el dueño del ataque y todos jugaron para él. Juan Manuel anotó los dos tantos del triunfo ante Bella Vista y recibió como puntaje por su rendimiento 7.

Cuarta fecha: Zalayeta regresó al ataque y se robó el protagonismo, anotó los dos goles de Peñarol y recibió un 7 por su gestión, pero opacó el trabajo de Olivera, quien, con escasa participación, recibió un 4. Los aurinegros triunfaron 2-1.

Los hechos son concluyentes y aún no le dan la razón al entrenador para sostener la dupla ofensiva con los dos 9, que separados demostraron ser temibles en los diferentes equipos en los que jugaron, incluso en Peñarol, pero juntos aún no impresionan. Porque superponen tareas, porque uno opaca al otro. Probablemente el problema no sea la dupla Zalayeta-Olivera, sino quienes hacen el fútbol para ellos. Porque otra vez fallaron los que deben poner las pelotas en el área para que los goleadores completen su obra. Entonces, el problema que debe solucionar Da Silva es triple: porque no andan los goleadores que deben hacer el fútbol, porque los que tienen que generar el juego están en déficit y eso repercute en los primeros, y porque los dirigentes invirtieron mucho en los 9.


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