En Chile se convirtió en vikingo

Federico Elduayen dejó Peñarol hace 12 años y echó raíces más allá de Los Andes, donde se dejó una larga barba
En junio de 2005, Federico Elduayen llegó a Chile para jugar seis meses a préstamo en Universidad de Concepción y allá se quedó. Echó raíces en aquel país, habla como un chileno más y hace tres años que no viaja a Uruguay, aunque ya "estoy en las gateras, desesperado por ir", dijo a Referí. En 2015, colgó los guantes y actualmente es entrenador de goleros en Coquimbo Unido, equipo de la Primera B.
Aunque trabaja en Coquimbo, tiene su residencia en Rancagua, donde posee una escuela de arqueros.
Allí viven los hijos de su primer matrimonio. "La primera vez llegué a Chile con temor. Tenía 28 años. Pero me trataron muy bien y mis dos hijos, que eran pequeños, se adaptaron rápido".

Además, "en Rancagua hay un casino grande y siempre va gente de Uruguay a trabajar. En Santiago la colonia de uruguayos es muy grande, así que siempre encontrás algún uruguayo y no se extraña tanto".

Lo que más le costó al principio fue el clima. "Fui al sur, donde llueve casi todo el año y hace mucho frío. Cuando llegué el equipo estaba de pretemporada al pie de la cordillera". Pero nada se compara con el terremoto de 2010.

"El epicentro fue en Concepción, donde yo estaba, pero justo un mes antes del terremoto me había ido a Rancagua para jugar en O'Higgins. Estaba concentrado para jugar al otro día. Eran las tres de la mañana y estaba durmiendo. No sabía lo que pasaba. Parecía que una grúa enorme me sacudía. Quedé paralizado y me sacaron de la cama, que me pusiera abajo del marco de una puerta. Ahí te das cuenta que una cosa es que te lo cuenten y otras es vivirlo", recordó Elduayen.
Aquel terremoto alcanzó una magnitud de 8,8 grados en la escala de Richter, uno de los mayores movimientos telúricos en la historia de Chile que dejó cuantiosos daños materiales, 156 muertos y 25 desaparecidos.

Esa fue la prueba de fuego para Elduayen: "Ahora hay un temblor de 4, 5 0 6 grados y no lo sentís. Chile tiembla todos los días", dijo el exgolero de Peñarol y la selección uruguaya.
Ahora usa una barba muy larga, pero nada tiene que ver con el apodo de Vikingo que le pusieron apenas llegó a Chile. "Estoy irreconocible. Dejé de jugar y me dejé la barba. No es por nada especial, capaz que un poco vago para afeitarme. Cuando pase algo importante capaz que me cambio el look", señaló.

Extraña "las mañas del uruguayo, el asado. Acá son distintos, pero uno se acostumbra. Hay mucho marisco porque la costa es larguísima, pero al sur predomina el asado por la frontera con Argentina".
Cuando ha regresado a Uruguay, va derecho a Fray Bentos, su lugar de nacimiento hace 39 años.
"En Montevideo, aunque tengo a mi madre y mi hermana siguen viviendo ahí, paso por los accesos, derecho al pueblo. No me gusta el ruido de la capital", admitió.

En Chile participó de una campaña a favor de las personas con autismo y se tomó una foto con el cartel #HablemosDeAutismo. "Yo lo he vivido como de costado, porque tengo conocidos con hijos con ese trastorno. Pero cuando vino Leandro Reymundez a jugar acá, me comentó la idea y me gustó. Hablar de esos temas, que son delicados y es importante que la gente sepa. Me metí en google para saber más. Sé lo difícil que es y apoyar con la imagen está bueno", apuntó el fraybentino con tonada chilena que atestiguan los 12 años que lleva más allá de Los Andres y una barba larga.

Peñarol: "Cuando juega, no hay vida"

"Peñarol es todo para mí. Hasta el día de hoy, donde vaya, hay gente que me dice 'sos uruguayo, jugaste en Peñarol'. Me tocó una época linda, donde había un grupo de gente madura. Aprendí códigos, no solo del fútbol, sino también de la vida. Fueron 12 años que estuve en el club y aunque ya hace la misma cantidad de años que me fui, siento que sigue siendo mi casa. Lo sigo y cuando juega Peñarol, no hay vida", dijo Elduayen, quien aún no conoce el Campeón del Siglo, pero "ya estoy comprometido a ir con mi hijo Gastón, que tiene 19 años, y vivió mi época de muy chiquito".

Uruguay Mundialista en 2002

"El Mundial de 2002 es un gran recuerdo que tengo. En lo deportivo no tuvimos suerte, pero conocí a grandes jugadores como el Chino Recoba, Paolo Montero... A Forlán lo conocía de las inferiores de Peñarol, pero nos reencontramos en la selección. Fue una gran experiencia, ser parte de un grupo de 23 tipos que defienden a una selección con una historia tan rica, fue espectacular. Además, en Corea y Japón, con los avances tecnológicos". Elduayen integró el plantel celeste que dirigió Víctor Púa como tercer golero detrás de Fabián Carini, el titular, y Gustavo Munúa.

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