En busca de madurez

Lo que dejó La Plata. El Rugby Championship le hará darse cuenta a Los Pumas que para avanzar como potencia no es necesario cambiarle golpe por golpe a Nueva Zelanda como lo hizo el sábado

Lo de los All Blacks fue casi perfecto. Precisión absoluta en el uso de la pelota, fuerza para mantenerla siempre en el contacto, defensa férrea que siempre se transformó en ataque.

La riqueza para tener opciones al quebrar por adentro con los backs mandados en velocidad, o percutir con los gordos con la misma firmeza. O la explosión para pasar de defensa a ataque en segundos, y lastimar de pelota recuperada. Ante todo, esa sensación que le deja al rival de tener que estar siempre alerta, porque en cada uno de los departamentos del rugby, Nueva Zelanda puede lastimar en el momento menos pensado.

¿Y Argentina? "No nos equivocamos en el planteo, sino en la ejecución", se defendió el DT Santiago Phelan en conferencia de prensa, argumentando que era necesario, dentro del plan de progreso de Los Pumas en el Rugby Championship, salir a plantear el juego de esta manera: atacando, sin especular, y arriesgando. Argentina perdió en su historia 14 partidos contra los All Blacks, y empató uno.

En la época moderna del rugby solo le sacó un 21-21 en cancha de River en 2001, en un partido muy parecido a 12 de las derrotas: apostando a esconder la pelota, a enlentecer el juego, que los forwards fueran protagonistas casi absolutos.

A jugar al ritmo histórico de Los Pumas. Ya en Wellington (victoria 21-5 de los All Blacks) se vio algo diferente, porque Argentina se había animado a jugarle. Pero siempre plantados desde la defensa. En cambio, el sábado en La Plata la apuesta fue al golpe por golpe. Y para hacer ese juego, como reconoció Phelan en la conferencia de prensa, hay que tener dos elementos básicos: precisión de pelota casi total para no perderla, y si se llega a perderla, contracción a la marca absoluta, para cubrir los espacios que se dejan.

Quizás Los Pumas no estaban preparados para eso. Porque el doble o triple tackle que se vio durante todo el torneo, y el reposicionamiento posterior, fueron un enorme mérito, pero basado en que Argentina logró imponer el ritmo de juego.

Pero con velocidad "NBA", cambiando golpe por golpe, pronto la precisión pelota en mano se perdió, la coordinación para no quedar aislado ante los tackles rivales -que además, como nunca antes en el torneo, vinieron de a tres y agresivos como para obligar a retroceder-. Y a ese ritmo, en esa corrida desenfrenada, ya no existió "la mejor defensa del mundo" como la describió el DT neozelandés Steve Hansen a Argentina, y los All Blacks pegaron una y otra vez hasta llegar a siete tries. De todos modos, quizás el camino sea este.

Si Los Pumas tuvieron ese juego histórico de forwards que dormía a los grandes, era porque está en el ADN de su rugby, pero también porque siempre se enfrentaron en inferioridad de condiciones a las potencias. Siempre fueron el top ten que llegaba -de lejos- con menos partidos a espaldas.

Sin posibilidad de avanzar en su identidad de juego. Ahora la tienen. Tienen el torneo más exigente del mundo para jugar año a año. Entonces está bien que arriesguen. Ahora tienen dos partidos por año contra los All Blacks, la misma cantidad que en los últimos ocho años -sin contar Mundiales-.

Entonces, tienen espacio como para el ensayo. Por eso, los partidos en el Rugby Championship los debe ayudar a madurar. Y a darse cuenta de que si enfrente están los All Blacks, habrá que serenarse y no cambiar ataque por ataque. Arriesgar y atacar con este nuevo ADN Puma, sí, pero cuidando el equilibrio para no hacer el harakiri.

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