Empieza a clarear: las buenas señales que mostró el nuevo Peñarol

El Peñarol de Bengoechea dio algunas muestras de mejoría de un modelo de juego perimido para los hinchas y los propios protagonistas
En enero de 2015, cuando Pablo Bengoechea inició su aventura como DT de Peñarol, lo hizo consciente de que ponía en juego su condición de ídolo y de entrada tomó una decisión polémica: dejar afuera a Marcelo Zalayeta y Antonio Pacheco de los clásicos amistosos.

Los hinchas, mucho más pendientes de la inmediatez que genera el resultado que de la construcción del equipo, pusieron el grito en el cielo cuando Nacional festejó en el verano.

Carlos De Pena, Gonzalo Ramos, Álvaro Recoba y Santiago Romero le hicieron goles a un Peñarol que no tuvo respuesta ni anímica ni futbolística y Nacional ganó los dos clásicos (1-0 y 3-0).

Los clásicos de verano son una encrucijada, porque los hinchas le quitan la caratula de amistoso y los dirigentes sacan apuntes que condicionan su perspectiva en cuanto al resultado.

Lejos de tener libertades temporales y espaciales para poder desarrollar su idea de juego, construir un grupo y apuntar objetivos altos, los entrenadores quedan rehenes de los compromisos comerciales y de un clásico que nadie desea jugar.

Pedirle una gran demostración de juego colectivo a diez días de comenzada la pretemporada y cuando los dos equipos cargaban con el lastre de un Apertura donde fue campeón el menos malo, era una pretensión tan arriesgada como imposible.

Sin embargo Peñarol mostró una mejoría en los signos vitales de un modelo de juego perimido si se toma como referencia el patrón desarrollado en el último torneo corto que ganó.

Peñarol adquirió buenas piezas en el mercado de pases, se plantó como nunca en los últimos años para no dejar ir a sus promesas y tiene el desafío del Estadio como gran ilusión.

El aurinegro fue un campeón que no convenció ni a sus propios protagonistas y demostró, en el último clásico, que es un paciente que quiere salir del letargo colectivo.

Las luces de Peñarol

Ambición ofensiva: Por primera vez desde que es entrenador de Peñarol, Bengoechea hizo cambios ofensivos en un clásico. Con su equipo en desventaja, el riverense encontró la oportunidad de hacer debutar a Maximiliano Rodríguez y asociarlo con la velocidad de Carlos Luque.
El experimento salió perfecto y se vio reforzado con el ingreso de Hernán Novick. Los tres fueron el revulsivo de un equipo que tenía la pelota pero no sabía qué hacer con ella. Con todo el plantel a la orden, Peñarol tendrá variantes para lograr un juego asociado de calidad y cantidad, con solistas que faltaron a la cita del clásico como Diego Forlán, Marcelo Zalayeta, Tomás Costa y el juvenil Federico Valverde. Depende de ellos.

Tendencia a pasar en corto: Bengoechea fue arquitecto del Quinquenio de Peñarol, un periodo donde el equipo tenía como herramienta predilecta el pase largo. Sin precisión ni repetición de la técnica para garantizar el éxito, el recurso se transforma en un pelotazo que divide el balón.
En el segundo tiempo del clásico Peñarol tuvo iniciativa como pocas veces para cuidar y tratar bien la pelota. Dista mucho aún de elaborar circuitos ofensivos aceitados, pero el triángulo Hernán Novick-Maximiliano Rodríguez-Carlos Luque ilusionó a varios y más si se tiene en cuenta que Carlos Luque, Diego Forlán y Cristian Palacios pueden mostrarse como aristas.

Las sombras de Peñarol

No resolvió el pívot: Si en algo acertó Gustavo Munúa fue en la lectura previa del juego en la última zona de Peñarol. Con tres integrantes de la defensa zurdos (Guillermo Rodríguez, Emilio MacEachen y Gianni Rodríguez), Nacional apostó a dos extremos veloces que tengan la virtud de quebrar hacia el medio para mejorar el perfil de ejecución. Además, sabiendo que Peñarol marcaría en zona y con una sola referencia individual, mandó a Iván Alonso al desgaste de pivotear para sacar a Guillermo Rodríguez de su zona de influencia. Con Alonso en un vértice y la defensa aurinegra descoordinada, llegó el gol de Barcia.

Vaciló con la pelota: Luego de 10 minutos donde se estudiaron llegó el gol de Nacional para abrir el marcador. Como acto reflejo, Nacional dio un paso atrás, cedió terreno y pelota para defenderse en su mitad de cancha y apostar a la velocidad de sus extremos para salir de contra.
Peñarol abusó de la tenencia, tuvo mucho espacio como para generar juego pero le faltó profundidad.
Fue un equipo con la pelota pero sin las ideas. Lo mejor apareció en las pelotas quietas que aprovechó el equipo y ahí sí se notó la mano del entrenador. También las de Mejía, que fue factor clave para mantener el cero en el arco durante el primer tiempo.

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