El versátil modo de respuesta

Uruguay sorprendió con su propuesta ante Chile como visitante y rompió el molde al que se aferró en Mendonza ante Argentina y Recife frente a Brasil
Sabido es que Uruguay se basa en un estilo de respuesta, que le incomoda tener la posesión de la pelota y que prefiere la verticalidad que la horizontalidad a la hora de manejar el balón cuando está en su poder.

Sabido es también que el partido ante Chile mostró una nueva faceta en el juego de respuesta celeste, al menos en el primer tiempo, con la cuenta pendiente de no haberlo podio transformar en tres puntos.

Alejado del bloque defensivo presentado ante Argentina en Mendoza (derrota 1-0 con gol de Lionel Messi) y del sistema mixto utilizado ante Brasil en Recife (igualdad 2-2), ante Chile el equipo de Óscar Washington Tabárez mostró una faceta renovada, fresca y ambiciosa, opacada por un resultado negativo que cortó el cómodo andar por estas Eliminatorias.

¿Cuál fue la fórmula? A diferencia de partidos anteriores, donde Uruguay apostó por una rigidez defensiva que por momentos le ataron las piernas, en la cálida noche de Santiago el equipo apeló a una movilidad que mucho tuvo que ver con el modo de entender el fútbol del rival pero también con las fortalezas.

Tabárez tiene como ley analizar los partidos en función del rival, para limitar sus fortalezas e intentar explotar sus puntos débiles y esa fue la explicación de lo que mostró Uruguay en la primera media hora de juego.

Presión alta, verticalidad y salidas rápidas por los extremos fueron tres características de la selección uruguaya que demostraron que, ante Chile, salía desde el inicio a contrarrestar el juego rival e imponer condiciones.

¿Pudo lograrlo? Si, porque en media hora tuvo cinco ocasiones de gol, dos que malogró Edinson Cavani antes de su gol y dos que erró Álvaro González llegando desde el carril izquierdo.

Esa propuesta contrastó con los otros manuales de jugar de visitante que Uruguay aplicó en otras fechas de Eliminatorias, como ante Argentina y Brasil, siendo más conservador y defensivo. Es verdad que desde la derrota en Mendoza el equipo venía en crecimiento y eso quedó demostrado desde la tabla de posiciones y desde el sometimiento al doble Campeón de América en su casa.

La otra lectura es que, una vez que Chile identificó sus problemas, Uruguay pasó de dominador a dominado.

De todas formas el cambio marcó una evolución positiva si se tiene en cuenta que las visitas a Perú, Paraguay y Venezuela pueden resultar determinantes para sellar la clasificación.

Tres formas de jugar de visitante


Ante Argentina en Mendoza: Sin posesión, salida ni profundidad
Uruguay diseñó un sistema táctico con 4-4-1-1 para blindar la zona defensiva con dos líneas de cuatro hombres, Luis Suárez como referencia ofensiva y Edinson Cavani algunos metros retrasado para intentar moverse por todo el frente de ataque. Sin embargo, el plan no funcionó y el partido ante Argentina fue señalado, por jugadores y cuerpo técnico, como el piso de rendimiento. La contención falló en su objetivo y tras el gol de Messi Uruguay se llenó de dudas. El equipo de Edgardo Bauzá le prestó la pelota y expuso a la celeste al peor de sus fantasmas: tener la pelota y no saber que hacer con ella.

Ante Brasil en Recife: Equilibrio y golpes en momentos justos
Ante Brasil el equipo de Óscar Tabárez tenía el difícil desafío de jugar con una zaga improvisada por las ausencias de José María Giménez y Diego Godín. Para ello apostó a Sebastián Coates y al regreso de Mauricio Victorino y ambos cumplieron con creces. A diferencia del duelo ante Argentina, el equipo no se paró tan atrás en su campo sino que colocó a Edinson Cavani más arriba para que Brasil tomara precauciones y resignara hombres en ataque. Luego de un inicio de terror, el equipo se repuso y consiguió equilibrar las acciones del partido. Carlos Sánchez y Cristian Rodríguez fueron claves en el desgaste por las bandas, Arévalo Ríos hizo su desgaste habitual y Vecino jugó un partido correcto. Cavani y Suárez se complementaron a la perfección para traer un punto de Brasil, donde es frecuente que el local termine sus partidos con festejos.

Ante Chile en Santiago: Equilibrio, presión, movilidad y un error que se pagó caro
El partido en Santiago era muy difícil para Uruguay, ya que Chile es un equipo que maneja muy bien la pelota, juega a ras del suelo y mantiene el ADN impregnado por Marcelo Bielsa. Si no se tiene una aplicación táctica tope, el partido puede resultar una condena. Durante los primeros 30 minutos Uruguay sorprendió al aplicar una presión intensa sobre la última zona de Chile, al adelantar todas sus líneas, con Vecino y González a los costados de Arévalo, Sánchez y Cavani tapando a los carrileros locales y Suárez como fantasma del triángulo final. Con la pelota mostró una versión saludable con mucha movilidad y rotación. Sánchez y Cavani la banda y Suárez dejó de ser la referencia para que varios jugadores cayeran por la calle central para definir. En el segundo tiempo, el plan no pudo aplicarse, Chile dominó las acciones y el partido se perdió.