El uruguayo que se puso la azzurra

Pablo Marrochi, el mejor jugador uruguayo de hándbol, se nacionalizó para defender la selección italiana y se une así al grupo de deportistas que dejan de ser celestes para representar a otro país

Defender a la celeste es el sueño de todo deportista uruguayo. A los 15 años, Pablo Marrochi pudo cumplirlo al ser convocado a jugar en la selección de cadetes de hándbol. El tiempo lo convirtió en el gran referente nacional de ese deporte. Sin embargo, su destino cambió de color y se puso azul. Desde la semana pasada es jugador de la selección italiana.

“Me dolió un poco cambiar, porque la celeste es la celeste. Pero no fue un cambio de corazón sino de cabeza”, explicó desde Italia Marrochi a El Observador.

El armador tomó la decisión el año pasado cuando renunció a la selección uruguaya que disputó el Panamericano de Buenos Aires.

Después cumplió con los requisitos administrativos y este año quedó pronto para calzarse la azzurra.

El fin de semana pasado viajó a Tel Aviv a jugar dos amistosos ante Israel. Solo disputó uno porque se lesionó tres dedos de la mano.

“Cambié por un tema económico, porque acá pagan por día para jugar en la selección”, expresó.

“La otra razón fundamental es que jugar en una selección europea es una vitrina importante, es muy distinto a jugar en América. Tengo intención de seguir creciendo a este nivel y me convenía cambiar por un tema de crecimiento, y la selección italiana me estaba buscando para formar parte de su proyecto desde hace tiempo”, argumentó.

Es cierto. Marrochi llegó a Conversano de Italia a mediados de 2007 tras jugar en Maringá de Brasil en 2006.

Desde entonces los italianos siguen su evolución y lo tentaron con convertirse en azzurro.

Durante varios años, Marrochi acunó otro sueño: jugar un Mundial con Uruguay. Pero la potencia de Brasil, el despegue de Argentina y el crecimiento de Chile rompieron esa ilusión.

Ahora Marrochi quiere dar un salto deportivo.

 “En abril empiezan las Eliminatorias para el Europeo 2014. Tenemos que jugar con Gran Bretaña en Glasgow y con Grecia en Atenas. En junio disputaremos los Juegos Mediterráneos en Turquía”, explicó el uruguayo.

Italia es una potencia menor en el hándbol europeo, donde las principales selecciones son las nórdicas y balcánicas, además de España, Francia y Alemania.

“En Uruguay el hándbol es un hobbie, jugás por pasión; pero para mí es el trabajo y me duele en el alma cambiar pero no voy a ser el primero ni el último”, confesó el jugador.

Y las razones sobran. La selección italiana cuenta con un brasileño, Felipe Gaeta; un argentino, Alejo Carrara, y tres croatas.

Pero la historia del principal deporte uruguayo, el fútbol, tiene ilustres antecedentes.

Los dos nombres más selectos de esta nómina son Alcides Edgardo Ghiggia y Juan Alberto Schiaffino, quienes después de consagrarse campeones mundiales en el Maracanazo de 1950, jugaron por la selección de Italia.

El primer antecedente se remonta a la década de 1930, cuando Miguel Andreolo, un ex Nacional, emigró a jugar en Bologna y luego también fue convocado por los azzurri. En 1938 fue campeón mundial en Francia.

En el período interbélico (1939-1945) también jugaron ahí Roberto Porta, Rafael Sansone, Francisco Fedullo, Ernesto Mascheroni, Ricardo Faccio y Héctor Puricelli.

Con el tiempo hubo uruguayos en las selecciones de España, Perú, Paraguay (Ever Almeida) El Salvador (Albert Fay y Adrián La Cruz) y las exóticas Libia (Luis De Agustini), Catar (Sebastián Soria), Indonesia (Cristian Alfaro) y Andorra (Carlos Peppe y Sebastián Gómez). Marrochi se une así a esta larga lista.


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