El uruguayo que nació en Chicago

Agustín Viana vive en Estados Unidos, su país de origen, tomando mate y degustando dulce de leche

Agustín Viana nació en Chicago y vive en Columbus, pero va al supermercado a comprar dulce de leche, yerba Canarias, y leche Conaprole. Juega en Columbus Crew, pero escucha por internet los programas deportivos uruguayos y mira hasta los partidos de la Segunda División de Uruguay. Los compañeros de equipo se sorprenden cuando miran su pasaporte: “¿Cómo es que naciste en Estados Unidos y hablás como un sudamericano?”, le preguntan.

La historia es así. “Mi padre (Luis Viana) es economista y vivió cinco años en Chicago, donde hizo un doctorado. Ahí nacimos los tres hijos más grandes, Luis, Sarita y yo”, cuenta Agustín a El Observador. Él tenía un año cuando la familia regresó a Uruguay. “Para mí fue sencillo llegar ahora acá (Estados Unidos), porque aunque tomo mate, tengo el pasaporte estadounidense y hablo perfectamente el inglés”.

En Estados Unidos nacieron también sus dos últimos hijos: Sofía el año pasado y Álvaro hace tres meses. Milagros, la más grande, nació en Uruguay cuando Agustín jugaba en Rumania, y Santiago, el segundo, llegó al mundo en Italia.

Tenía ganas de estabilizarse y por eso eligió jugar en la MLS: “El fútbol tiene cosas para crecer, pero después te dan todo. El jugador solo se preocupa por jugar. El equipo lleva 18.000 personas al estadio, pero es muy tranquilo para vivir. Acá jugó Guillermo Barros Schelotto, fue campeón y no lo conocían. En popularidad está lejos de Italia o Brasil, pero te dan todo”.

Columbus, capital de Ohio, es una ciudad de 1.600.000 habitantes. Agustín, su esposa Nani y sus hijos viven en las afueras, en un barrio residencial. Comen asado, compran la yerba a US$ 10, la patente anual del auto les cuesta US$ 50 y la tecnología los ayuda a mantenerse en contacto con la numerosa familia en Uruguay. Él tiene 10 hermanos y ella siete.

Después de jugar en Bella Vista y Nacional, Agustín empezó su carrera en el exterior. En 2007 se fue a vivir en Belo Horizonte para jugar en Atlético Mineiro. “Estaba recién casado. No extrañé, la llevamos bien porque todo es muy parecido a Uruguay. Me impresionó el club, la infraestructura, las instalaciones increíbles, una hinchada impresionante, jugar contra Cruzeiro. Fue el momento de la transformación del club”.

Luego de otro breve pasaje por Bella Vista, el destino fue el Cluj de Rumania. “Lo que me pegó fue que no pude estar en el nacimiento de Milagros, mi primera hija. Mi mujer tenía que dar a luz y se quedó en Uruguay. Ese vacío fue complicado”.

En lo futbolístico “pasé bien. Era una posibilidad importante, jugar en Europa, en un club que estaba creciendo y que había jugado la Champions, además estaban Palito (Pereira) y Darío Flores”.

De ahí se marchó a Italia, al Gallipoli de la serie B. “Estábamos como en casa porque la cultura es parecida a la nuestra” recuerda Agustín, aunque no todo fue color de rosas: “El cuadro quebró y todavía estamos por cobrar”.

Antes de llegar a su actual destino, estuvo un año en Lebadea, Grecia. “Mi mujer pasó mal ahí. Mi hija aprendió algunas palabras en griego en el Jardín y le hacía de traductora con los vecinos. Milagros se agarró una congestión y en el único hospital que hay no hablan inglés. Le estaban por poner suero y la nena, con cara de sufrimiento, le decía ‘stamata’ a la enfermera. Nosotros nos miramos porque no sabíamos qué significaba. Le estaba diciendo ‘basta’, porque estaba sufriendo”.

Viana recorrió tres continentes atrás del balón. Ahora es un yanqui de acento sudamericano.

 


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