El triunfo de un gladiador

Arévalo Ríos la peleó desde abajo y ahora disfruta en el pedestal de los elegidos

A los 30 años mira la vida desde un lugar muy diferente, ya no solo porque el recorrido en el fútbol lo marcó –por las experiencias positivas y negativas que vivió–, sino porque lo ubicó en un pedestal que la historia reserva para unos pocos elegidos.

Antes del Mundial de Sudáfrica, el recorrido de Egidio Arévalo Ríos por el fútbol tuvo altas y bajas; desde entonces, solo le sorprende con buenas noticias todos los días. “La peleé desde abajo, pasé muchos momentos muy bravos”, le dice al El Observador mientras se encoge de hombros.

Oriundo del barrio Bella Vista de Paysandú, empezó a jugar en su tierra natal a los 8 años. “Metí siempre como ahora y lo que me faltaba de estatura lo resolvía dejando todo en la cancha”, confiesa el volante.

A los 16 años, cuando jugaba en la reserva de Paysandú Bella Vista, lo llamaron para integrar el plantel principal y ahí empezó a cambiar lentamente su rumbo. A los 19, y por sugerencia de Ángel “Bebe” Castelnoble, bajó a la capital para jugar en Bella Vista, que dirigía Manuel Keosseian.

“El cambio fue enorme, aunque ya había estado entrenando en Montevideo en las selecciones juveniles con Púa. Después me acostumbré”, explica el futbolista que, como tantos, en algún momento de su sacrificada carrera pensó largar todo para dedicarse a otra cosa.

“No hubo nada fácil. En un momento, como no cobrábamos en Paysandú Bella Vista casi dejo todo para trabajar con mi padre, que se dedicaba a la albañilería. Incluso después seguí jugando y trabajando, porque el fútbol te daba tiempo para eso. En ese momento estaba Carlos Manta como técnico y Edgardo Arias como asistente: me hablaron para que volviera y me convencieron”, agregó. Por ese entonces transcurría el año 1999. “Seguir en el fútbol fue la mejor decisión que tomé”, subraya.

“Miro para atrás y empiezo a recordar que, más allá de ese período en el que quise largar todo por temas económicos, estaba motivado, quería pegar el salto a la capital y pensar en algo más arriba si podía, pero nunca me imaginé que podía ser tanto. Ahora estoy disfrutando, aunque llevó tiempo pero fue muy bueno”, precisó.

Pasaje por Peñarol
Su pasaje por Peñarol lo marcó. Primero porque estuvo a prueba cuando tenía 14 años, pero Paysandú Bella Vista pidió un dinero que los aurinegros no estaban dispuestos a pagar y, segundo, porque las vueltas de la vida le ofrecieron una revancha y en su primer clásico anotó dos goles, ganó Peñarol y cortó una racha de 10 partidos sin ganar. Luego, en 2010, volvió a los aurinegros y fue campeón del Uruguayo, en aquel semestre que lo catapultó a todo lo que vivió en los últimos dos años.

Cacha, como se apoda, se cuestiona la decisión que tomó en 2007 de priorizar un pase al exterior a la selección. Por esa razón, cuando durante la preparación del equipo olímpica en Montevideo le ofrecieron un buen contrato en Palermo de Italia y le pedían que viajara a firmar, se plantó y dijo que hasta después de los Juegos Olímpicos no iba. Finalmente los dirigentes del club italiano decidieron viajar a Manchester para firmar y sacarse la foto el lunes pasado.

“Del tema hablé con Tabárez y en su momento le dije que le erré, pero que me sirvió para aprender”, manifestó.

Su experiencia con los representantes no fue la mejor; por esa razón, desde su salida de Botafogo en 2011, se maneja solo. Él mismo arregló su vinculación con Monterrey (México) y ahora con Palermo, dijo a El Observador.

“Como en 2010 estaba parado en México, porque no jugaba, mi representante me quiso llevar a un equipo de Tucumán y le dije que no. Enseguida me llamó Peñarol y surgió aquello que fue fantástico, el título con Peñarol en seis meses memorables porque veníamos 10 puntos atrás en la tabla. Eso me abrió las puertas para pelear un lugar en el Mundial y se me dio mucho más de lo que esperaba, porque nunca soñé que iba a jugar los siete partidos y que íbamos a terminar cuartos”.

Para Arévalo Ríos la clave de su éxito es la base física. “Si estás bien en ese aspecto, vas a rendir”.

Ambicioso, luchador, confesó sus objetivos: “Siempre quiero ir por más. No me conformé con el Mundial, ni la Copa América, ahora vamos a dejar bien parado a Uruguay en los Juegos y lo importante es ganar la medalla de oro”.


Fuente: Luis Inzaurralde, desde Manchester

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