El triunfo menos logrado

Alemania, que ante Brasil fue un ballet, fue sometida por un gran planteo de Argentina que duró 113’

Si en la final de la Copa del Mundo de Brasil 2014, hubo un ganador táctico ese fue Alejandro Sabella, el entrenador de Argentina. Pero en el fútbol mandan los resultados. Y al final, el que festejó fue Alemania.

Sabedor de que su equipo era inferior en propuesta, en capacidad de manejar la pelota y que a eso se sumaba el hecho de no poder contar con uno de sus mejores jugadores, Ángel Di María, Sabella planteó un partido de control para después aprovechar los espacios que podía dejarle su rival, de modo tal de sorprenderlo en contragolpes.

El plan marchó a la perfección durante 113 minutos. Hasta que Schürrle los desbordó por izquierda y Götze apareció como el falso 9 de turno para sentenciar el juego.
Hasta ese momento, Argentina había dominado el juego. A veces desde lo futbolístico. A veces psicológicamente.

Alemania venía de ser un ballet ante Brasil. Pero ante Argentina sufrió. Primero porque Argentina no salió a presionarlo arriba, salvo en contadas y muy eficaces situaciones. Y segundo porque le explotó espacios vacíos, sobre todo con Messi a espaldas de las subidas de Benedikt Höwedes.

A Alemania le costó asentarse en el campo. En el calentamiento perdió a Sami Khedira y debió debutar el joven Christoph Kramer que a los 23 salió noqueado por un golpe en el rostro. Eso llevó a Joachim Löw a arriesgar: puso a Schürrle y retrasó a Kroos al doble cinco junto al incansable Bastian Schweinsteiger.

El fútbol asociado y de posesión por el que apuesta Alemania murió una y otra vez entre las piernas trituradoras de Mascherano y Biglia. Lavezzi y Pérez taparon las bandas e Higuaín se mostró punzante en ofensiva. Pero también falto de puntería.

En el segundo tiempo, Argentina pasó a jugar 4-3-1-2 con Messi de enganche mientras que Alemania apostó a la salida del 9 fijo, Klose, por otro chiquito para abrir espacios, Götze.
Desde el banco llegó la victoria. Desborde de Schürrle y entrada fantasmal de Götze para anotar un golazo inmemorial.  

Fue el premio a no perder las formas. El estilo ni la paciencia. A redoblar la apuesta por el buen juego ante la adversidad a la que fue sometido por un rival que en la cancha le plantó la batalla táctica más compleja del campeonato.

El gol llegó por esa vía. No de pelota quieta como le abrió el partido a Brasil o como el palo se lo negó a Höwedes.  Fue un gol el sello alemán. De campeón.


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