El triunfo de la propuesta

Uruguay hizo un partido tácticamente perfecto, pero Chile lo ganó por insistencia en sus ideas
El 4-4-2 que dibujó ayer Óscar Tabárez escenificó en la cancha el partido que se preveía. La propuesta ágil, dinámica, vertical y audaz de Chile contra la defensa sólida, el juego posicional y de marca sin concesión de Uruguay.

Apenas movieron, los laterales chilenos asumieron una postura ofensiva, dispuestos a generar el 1-2 por las bandas celestes, el desborde y la asistencia a una zona central del ataque invadida masivamente por sorpresa.

Y Uruguay, inmediatamente se agazapó. Replegado, esperando el contragolpe, se dedicó –a pura determinación– a maniatar el potencial del rival. A limitarlo. A intentar reducirlo a una mínima expresión. Y también a intentar lastimarlo.

En los primeros 20', Uruguay generó problemas con sus armas.

Pero resultó difícil limitar a un rival de tan ricos conceptos técnicos como el chileno.

La Roja tiene un caudal de juego impresionante. Liderados por Valdivia en zona central, empujados por Isla por derecha y con las sociedades que propusieron Vidal y Sánchez por derecha, el equipo de Jorge Sampaoli cargó una y otra vez por derecha.

La misión era clara: atacar a Fucile, un jugador que en la última temporada sumó apenas 350 minutos en cancha en siete partidos con Nacional donde sufrió una rebelde lesión por la que tuvo que operarse y hacer una larga recuperación en Portugal.

Fucile sufrió mucho cada vez que lo encararon. Cada vez que salió a la descubierta –Valdivia le hizo un caño monumental– y cada vez que se vio superado numéricamente.

Pero con el correr de los minutos se fue acomodando. A pura personalidad.

"Hay jugadores que no han tenido mucha continuidad en los últimos tiempos. Pero tienen su historia en la selección. Sabemos lo que pueden dar", había dicho Tabárez antes de la partida a Chile. Y Fucile es uno de esos hombres. Siempre rinde en las difíciles. Aún en un escenario tan adverso como el de anoche.

El gran problema que tuvo fue que el Cebolla Rodríguez regaló mucha espalda y dejó demasiado campo fértil para el intenso juego de los chilenos por afuera.

Nunca fueron por el sector de Maximiliano Pereira. Le apuntaron directamente a Fucile.

Pero qué rédito sacó Chile? Poco. Hasta el momento del gol de Isla, minuto 80', Uruguay había generado más chances de gol.

En el segundo tiempo, la cancha se inclinó aún más con la expulsión de Cavani. Pero los cambios ofensivos que intentó Chile (Pinilla y Fernández) no dieron el efecto buscado.

El equipo local pareció desbalancearse y Sánchez estuvo cerca del gol del triunfo con un remate de afuera del área.

Con sus armas, a pura defensa, Uruguay le quitó profundidad a Chile y cuando le tocó defenderse cerca del área tuvo a dos leones imperiales: Giménez y Godín.

¿Mereció el triunfo Chile? Sí. Por su propuesta. Por querer más. Intentó 547 pases en el partido con una eficacia de 93% (acertó 507, erró solo 40) contra un rival que intentó la menor cantidad de pases: 81, fallando 17 (79% de eficacia).

Uruguay tuvo grandes virtudes: limitar ese torrente de fútbol a una expresión inofensiva.

Mantenerse en partido a la expectativa que algún remate de Carlos Sánchez –tuvo dos que pasaron muy cerca– o alguna jugada de pelota quieta le pudieran dar la victoria.

No pudo ser. Chile ganó a pura insistencia cuando Uruguay ya estaba jugado a los penales por la expulsión de Cavani.