El trabajo más aburrido de Río: cuidar que Phelps, Ledecky y Lotche no se ahoguen

Ellos deben cuidar a los mejores nadadores del mundo en las piscinas olímpicas y, lógicamente, tienen poco que hacer

Josué Ribeiro tiene un trabajo que a simple vista podría parecer totalmente inútil: es uno de los "guardianes" de la piscina olímpica, responsables de que Michael Phelps y compañía, los mejores nadadores del mundo, no se ahoguen

A pesar de que parece ilógico que existan a un nivel tan alto como el de la natación de los Juegos Olímpicos, una ley del estado de Rio de Janeiro, sancionada en 2001, dicta que "es obligatoria la permanencia de guardianes" en piscinas residenciales, de hoteles y clubes deportivos".

Y eso incluye nada más y nada menos que al Estadio Acuático de los Juegos, ubicado en el Parque de Barra de Tijuca y que desde el sábado pasado recibe las competencias de natación de estrellas como Phelps, Katie Ledecky, Lilly King, Ryan Lochte y Laszlo Cseh.

Josué patrulla el borde de la piscina en las hora de la sesión de práctica con su uniforme de camiseta amarilla con la palabra "salvavidas" escrito en portugués e inglés en letras rojas, pantalón corto y gorra, Lleva un flotador naranja cruzado y usa chanclas de caucho. "Me gradué en 2004 con los bomberos, hice un curso de mes y medio, y gracias a Dios, me contrataron. Hablé con un amigo mío y me ayudó", explicó el salvavidas.

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Según el diario Folha de Sao Paulo, fueron contratados en total 78 salvavidas con un salario de 1.500 reales (unos 470 dólares) para custodiar siete piscinas olímpicas, incluidas las de competencias y entrenamientos.

Siempre alertas

Josué tiene 12 años de graduado de bombero y trabajó seis como salvavidas en distintas piscinas. En la actualidad trabaja de mototaxi en la región de Guaratiba, un barrio popular ubicado a unos 27 km al oeste del Parque Olímpico de Barra. Le toma una hora más o menos llegar todos los días a Barra.

Y como se podía suponer desde un principio, tiene poco que hacer. Deambula por la piscina viendo los atletas nadar de un lado a otro, escuchando un silbato o instrucciones de un entrenador en una lengua que no entiende. De vez en cuando, se une al colega para conversar un poquito y ayuda a reinstalar un andarivel o recoger algún cartel.

Y aunque coincide en que la posibilidad de que un nadador olímpico se ahogue es prácticamente nula, asegura que nunca baja la guardia.

"Hay que estar siempre activos porque pueden sentir algún calambre o hundirse. Ahí estamos para atenderlos. Si hay un problema, como soy el primero que está allí, salto, lo saco de la piscina y espero por la ambulancia", explicó.

Hasta el momento, el mayor accidente en una piscina olímpica puede que sea el del estadounidense Greg Louganis en los Juegos de Seúl-1988. Especialista en clavados, tenía sin duda la cabeza en otra cosa en el momento de saltar, pues impactó con la plataforma. No fue necesario un salvavidas, salió solo del agua y recuperado y el doble campeón olímpico de Los Ángeles conservó sus títulos de trampolín y de alto vuelo.

Con todo, Josué y sus compañeros son la envidia de muchos. Tienen una vista más que privilegiada: están a pocos metros de la línea de partida.

¿Le emociona estar entre los más grandes de la natación? "La verdad es que no, no los conozco, trabajé siempre desde los 16 años. Los brasileños más o menos, a Thiago Pereira", pero al resto no, respondió.


Fuente: Basado en AFP