El Torque: nacido en el baño del Mercado

Marcelo Yaurreche, primer técnico y delegado del club contó que el equipo se armó “de boca en boca” y que el nombre surgió en el baño del Mercado del Puerto

El nacimiento de Torque parece del siglo XIX, pero fue fundado en pleno siglo XXI. Marcelo Yaurreche, el primer técnico, secretario y delegado del club que soprendió en la Segunda división y está peleando el ascenso a Primera (subirá si el sábado le gana a Miramar Misiones) contó a El Observador lo que para él son “las páginas 1 y 2 de la historia”, los momentos de mayor sacrifico y que hoy “tratan de olvidar”, dijo.

Yaurreche fue el autor del nombre. “El nombre lo elegí yo. Soy técnico electromecánico y Torque significa un momento de fuerza. Estábamos con Aquino (el dueño del club) en el baño del Mercado del Puerto, me preguntó cómo le podíamos poner al equipo que se estaba formando y le dije, ‘pongámosle Torque’”. Después, el primer plantel se armó “de boca en boca”.

¿Cómo es esto? Yaurreche es un técnico argentino que se casó con una uruguaya y dueño del gimnasio Harlem en Montevideo. Cuando el empresario uruguayo con negocios en México, Raúl Aquino, le encomendó la tarea de armar un equipo “de cero”, Yaurreche puso manos a la obra. “Busqué jugadores que no quería el sistema. Había uno, Nicolás Cánepa, que iba a mi gimnasio y lo habían echado de Cerrito. Él llevó a un amigo que era reponedor en un supermercado. Había otro que era fletero, otro vendía frutas, otro estaba tirado en la reserva de Fénix, algunos jugaban en la Liga Punta Carretas. Así se fue armando, de la nada”.

El 27 de diciembre de 2007 obtuvieron la personería jurídica y a jugar. “Entrenábamos en mi gimnasio, al lado de la canchita de Aebu en la rambla, porque no teníamos cancha, ni ropa. Las primeras camperas se las regalé yo a los jugadores y los pantalones los compraron ellos con una rifa que hicieron”.

Primero participaron en la Liga Punta Carretas y a partir de la temporada 2008/2009 en el torneo de la Segunda divisional amateur, la tradicional C. “En el Apertura terminamos noveno de 12, no nos fue bien, pero en el Clausura salimos campeones invictos”, recordó Yaurreche, que además de entrenador, era el secretario del club. Su padre, asimismo, era delegado.

Jugó la final contra Oriental de La Paz en la cancha de Basáñez. Torque ganaba 2-1 y perdió 4-2, por lo que no pudo ascender ese año. Luego, Oriental no pudo jugar en Segunda porque no tenía cancha y Torque reclamó ese lugar como subcampeón, pero la AUF se lo negó.

Los futbolistas de aquellos primeros planteles ganaban $500 por partido ganado, $100 si empataban y nada si perdían, además de los boletos para concurrir a las prácticas. Por ese motivo, la mayoría continuaba con sus trabajos particulares y los entrenamientos eran en horario nocturno.

El fútbol desplegado fue bautizado “el tiqui tiqui del Torque” porque Yaurreche es un amante del fútbol atildado, al estilo del que trata de imponer Juan Ramón Carrasco en sus equipos. “Cuando yo iba a la AUF a consultar la cantidad de amarillas de mis jugadores (en su condición de secretario y delegado del club) el funcionario Sebastián Aguilera me decía, ‘vas a ganar el premio Fair Play’ porque nunca tenía suspendidos”, recordó el técnico.

Yaurreche fue también el que dio el visto bueno para comprar el predio de Curuzú Cuatiá 3070, donde hoy se levanta el complejo del club. “La escribana consiguió un terreno y lo fui a ver. Tenía una construcción que podía servir para vestuario y les dije que le dieran para adelante. Después, un primo de Aquino se encargó de pagarlo”.

Poco a poco, así como Torque se fue haciendo un lugar en el fútbol del ascenso, empezaron los problemas. Varias veces el ómnibus que los trasladaba se quedó en la calle por falta de combustible. El empresario que ponía el dinero le recriminó a Yaurreche que no entrenaba por la  mañana: “Yo no podía decirle a los muchachos que dejaran sus trabajos y por eso trataba de acomodarme a los horarios de ellos”, se defiende el DT. Otro día, lo llamó Aquino desde México y le dijo que iba a contratar a Saúl Rivero. Esa fue la gota que rebasó el vaso y Yaurreche renunció.

“No quiero saber nada con ellos. Hicimos el laburo sucio y no nos dieron ni las gracias. No me quisieron poner un ayudante de campo por $ 5 mil. A los pibes que hicieron el sacrificio no les dieron nada, apenas una carta que nunca se leyó. Ahora, como están por ascender a Primera y tienen todas las luces, son unos fenómenos. Ellos van a contar la historia a partir de la página 3, pero yo tengo bien presentes la 1 y la 2”, dijo Yaurreche.


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