El Tío Sam se abre al mundo deportivo

El fin de semana Estados Unidos fue el centro de dos deportes que suele mirar de reojo: el rugby, ante los All Blacks, y la f1, con el GP de Austin

Estados Unidos, y en especial su deporte, suelen mirarse el ombligo. No en vano, su principal expresión deportiva es el fútbol americano, apenas practicado fuera de fronteras, a excepción de Canadá. Sin embargo, este fin de semana se desarrollaron dos eventos que van a contracorriente de esa tendencia, y que reflejan a dos deportes que buscan insertarse en el corazón deportivo del país: la Fórmula 1 y el rugby.

La que se llevó más flashes fue el Gran Premio de EEUU de Fórmula 1 en Austin. Fue el tercer año consecutivo que la capital texana se llevó la fecha estadounidense del calendario, en una lucha permanente de la FIA para insertar la máxima categoría mundial en un país en el que le llevan clara ventaja la Nascar –de autos de turismo– y hasta la Indy Car, de monoplazas de menor potencial y categoría que los bólidos de la F1.

El intento de la categoría es viejo en EEUU, pero se suma otros tantos intentos del presente calendario: Abu Dabi, China, o Rusia. Y que Austin se vaya asegurando una plaza permanente también es una gran noticia para los intereses de la F1: la fecha logró meterse en el corazón de los fanáticos, incluso compitiendo contra la superpopular Nascar, que ese mismo fin de semana también tenía fecha en Texas. Más de 112 mil personas abarrotaron el circuito de Austin, en un espaldarazo para la categoría en el país.

El rugby también tuvo una instancia histórica: el sábado jugaron en Chicago los All Blacks de Nueva Zelanda ante Las Águilas, la selección principal de Estados Unidos que pocos meses atrás jugó una serie muy pareja con Uruguay por la clasificación al Mundial 2015. Fue en el Soldier Field, casa de los Chicago Bears de la NFL, y fue un verdadero éxito de taquilla: las más de 60 mil entradas a la venta se agotaron, en lo que fue la recaudación más importante en la historia del rugby estadounidense.

En la cancha no hubo paridad: el 74-6 de Nueva Zelanda “transformó la exhibición en una clínica”, como destacó la crónica del New York Times. Pero el solo hecho que varios de los principales medios de Estados Unidos posara sus ojos en el rugby –el partido fue en directo a través de la cadena NBC para todo el país– se transformó en una inédita oportunidad de crecimiento para un deporte que, desde su entrada al Olimpismo a partir de Río 2016, comenzó a explotar en todo el planeta.

Es una jugada grande para la USA Rugby, la “empresa” que rige el rugby en Estados Unidos, y que se enfrenta a un serio problema de crecimiento desde la base: los principales atletas del país optan por los deportes principales, que aseguran dinero medianamente fácil, por lo que al rugby, como al resto de los deportes, apenas le quedan los atletas que se quedan sin poder dar el salto, los descendientes de países del pacífico o británicos que lo llevan en la sangre desde chicos.

El rugby tiene mucho terreno para recorrer antes de recortarle terreno a la NFL, el béisbol, el básquetbol, el automovilismo y hasta el fútbol, que se va consolidando como el quinto deporte en el país del norte. Pero la presencia del mejor equipo del mundo sirvió para empezar a captar la atención del gran público acerca de un deporte con la misma rudeza que el fútbol americano, pero con mucho mayores cualidades técnicas.

Por lo pronto, el fanático deportivo estadounidense tuvo mucho para aprender este fin de semana.


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