El tetracampeón Vettel

Sebastian Vettel obtuvo su cuarto título consecutivo en la Fórmula 1, pero el joven piloto alemán aún no logra que se lo reconozca como uno de los más grandes

"En lo personal, ha sido una temporada muy dura. Recibí el abucheo del público, aun cuando no he hecho nada malo“.

Sebastian Vettel logró ayer otra abrumadora victoria en el Gran Premio de India, la tercera en ese país, que le aseguró de forma anticipada su cuarta corona consecutiva.

A los 26 años, y tras apenas seis temporadas completas en la Fórmula 1, el joven alemán se encarama en las primeras posiciones de los rankings históricos de la categoría, pero aún no es aceptado como uno de los más grandes pilotos por los aficionados, la prensa especializada y algunos de sus rivales.

El pecado de Sebastian Vettel es haber obtenido de entrada lo que todo piloto aspira: poder conducir el mejor auto.

En el mejor lugar

Red Bull realizó una apuesta millonaria al contratar a Adrian Newey como su director técnico, apenas un año después de comprarle a Ford el equipo Jaguar de Fórmula 1.

El diseñador británico lideró desde entonces un talentoso equipo de ingenieros que se ha adaptado rápidamente a una categoría que evolucionó de los testeos en pista, característicos de la era Schumacher-Ferrari, a simulaciones computarizadas de dinámica de fluidos y testeos permanentes en el túnel de viento.

Con el reglamento de motores congelado y una marca de cubiertas impuesta por la organización, el área aerodinámica fue el elemento clave para diferenciarse en rendimiento. Y en ese juego, Adrian Newey y su equipo se destacaron.

En el mejor momento

Sebastian Vettel es, hasta ahora, el mejor exponente del programa de pilotos junior de Red Bull que lidera el doctor Helmut Marko.

El joven alemán brilló en las categorías menores y ascendió por la escalera de los monoplazas, bajo el ojo experimentado del asesor personal de Dietrich Mateschitz, fundador de la marca de bebidas energizantes.

Llegó rápidamente a ocupar una butaca en el equipo junior de la compañía Red Bull, la Scuderia Toro Rosso, donde obtuvo una victoria, antes de pasar en 2009 a la escuadra mayor.

Tal vez no sea mérito del joven Sebastian (pero sí de quien manejó su carrera desde el comienzo) haber llegado a un equipo que no solo ficha a largo plazo a sus jóvenes talentos, también mantiene estable su cuadro gerencial y se volvió el referente en el área de diseño. Logró ingresar, justo a tiempo, a la organización que todos los demás pretendían construir.

El manejo se adapta al auto

Existen excelentes pilotos que se destacan, obteniendo victorias y hasta títulos, cuando cuentan con un auto que se adapta a su estilo.

Lo quieren más sobrevirante, menos subvirante, con discos de freno fabricados por Hitco y no de Carbone Industrie, etcétera. Son muy veloces pero no pueden adaptarse fácilmente a un cambio de reglamento o de proveedor de neumáticos.

Vettel fue adaptando su estilo de manejo a la última moda de la Fórmula 1: usar los gases de los escapes para generar mayor carga aerodinámica (downforce) sobre el tren trasero.

Escuchó a sus ingenieros, aprendió de ellos (todos elogian su ética de trabajo) y se ajustó a sus recomendaciones. Aprendió a conocer profundamente la herramienta que conduce y a sacar un sorprendente rendimiento de ella, eclipsando a un muy buen piloto como Mark Webber.

No todos sus títulos llegaron de forma contundente y por la vía fácil: en las temporadas 2010 y 2012 estuvo luchando hasta último momento con los aciertos de Fernando Alonso y los desaciertos del equipo Ferrari. Llegó a definir el campeonato en las últimas instancias y dando muestras de sobreponerse a la adversidad.

La temporada 2014 será borrón y cuenta nueva para todos, gracias al mayor cambio reglamentario de los últimos años.

Una buena prueba para verificar si esa capacidad de adaptación es real o simplemente estamos frente a un muy buen piloto en el mejor lugar y en el mejor momento.

Lo cierto es que los cuatro títulos ya no se los quita nadie.


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