El sueño de Cuevas se acabó pronto

El uruguayo cayó 6-2, 4-6, 6-3 ante el brasileño, en un partido caliente en las tribunas

Las expectativas de Pablo Cuevas en Río eran muchísimas. Las propias por ser su primer Juego Olímpico, por tener la espina de no haber podido jugar en 2012, y por llegar en su mejor año, como el 21° del mundo y el 11° cabeza de serie. Y la del resto del país, porque en Río era el único deportista de nivel mundial, la mayor esperanza de medalla -aunque no fuera su mejor superficie- para un país que casi nunca llega con esas aspiraciones a un Juego Olímpico.

Pero en el tenis siempre es difícil escudriñarlos momentos de los tenistas. Y hasta para los propios deportistas se hace difícil. Se puede llegar en un buen momento -Pablo venía de meter dos finales en un mes en el Circuito ATP-, con la preparación adecuada -se bajó del Masters 1000 de Toronto para descansar-, y con la expectativa y la motivación a tope. Sin embargo, a lo largo de los dos partidos del torneo, Cuevas nunca se encontró con su mejor tenis. Le fallaron los golpes que suelen ser activos fijos, y en cambio, solo le quedó su alma de luchador, que aunque lo levantaron de varios momentos complicados no le permitieron avanzar más allá de la segunda ronda, en la que cayó ante Thomaz Belucci 2-6, 6-4, 3-6. Suele pasarle a los tenistas -le pasó en este mismo torneo a Djokovic- pero cuando ocurre en un torneo con tanta expectativa, le duele más al deportista.

Remarla de atrás
Cuevas mostró su peor juego en el primer set. Arrastró esas malas sensaciones que había reconocido a Referí que venía sintiendo desde antes del debut. No fue decisivo con ningúin golpe: no acertó primeros saques, ni derechas cruzadas no passings profundos. Así, fue previsible y maniatable para un rival que, con el impulso de una tribuna que gritó toda la noche al mejor estilo Copa Davis, arriesgaba y tenía resultados. Así consiguió llevarse el primer set con un fácil 6-2 que preocupaba al uruguayo, sobre todo porque ,de no mejorar, se perfilaba para una derrota rápida.

Pero en el segundo set reaccionó. Al menos, en el saque, ese golpe sobre el cual el salteño construye todo su juego. Aumentó un poco su prodcentaje de primeros saques (de 55% a 76%, y eso alcanzó para cortar el buen momento del brasileño. Lo hizo dudar al brasileño, y acallar un poco a la tribuna. Los golpes profundos y angulados seguían sin aparecer, además de cometer demasiados errores no forzados (11), pero el brasileño cometía más (14). Por momentos era un duelo de errores, y Cuevas tuvo la virtud de sostenerse en ese buen servicio y quebrar en el momento justo para llevarse el parcial 6-4.

El tercer set pasó a jugarse con el corazón, mucho más que con tenis. Y allí los dos respondieron a la altura. Siguieron con irregularidad, sí, pero lo alternaron con algunos de sus mejores golpes, sabiendo que todo se definía en ese set, y mientras el estadio se transformaba definitvamente en un hervidero, con amplia mayoría para los locales.

Cuevas remó todo el tiempo de atrás en ese parcial: primero en el 1-3, que emparejó cuando quebró para ponerse 3-4, pero enseguida el brasileño le volvió a quebrar para irse otra vez 5-3, y cerrar el partido con su servicio. Otra vez, en ese momento Cuevas arriesgó y embocó sus mejores golpes, decidido a que su sueño olímpico no se terminara tan pronto. Pero nunca pudo encontrar la regularidad que en otros momentos ha sido su mejor aliada. Así, por esos caprichos del destino, a Cuevas le faltó su mejor juego justo en el torneo que más le importaba en el año. Y se fue con la amargura de saber que estaba para un poco más.

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