El secuestro que conmovió al mundo

El 24 de agosto se cumplieron 50 años del rapto de Alfredo Di Stéfano, una de las figuras de Real Madrid, que fue sorprendido mientras estaba de gira con los merengues, en caracas, y fue capturado por un grupo subversivo

La madrugada del sábado 24 de agosto de 1963 un auto se detuvo frente a la puerta del hotel Potomac de Caracas. Bajaron tres individuos y encararon al recepcionista Genaro Elizabeth y al botones Pedro Gutiérrez: “¿Dónde esta Di Stéfano?”. Los funcionarios pensaron que se trataba de tres de los 40.000 fanáticos que habían colmaban las gradas del Estadio Olímpico en la Ciudad Universitaria en procura de obtener un recuerdo de Alfredo, el ídolo máximo de Real Madrid.

Aquella noche había sido dura. A pesar de la alerta, el partido terminó mal. Grupos de hinchas entraron sin pagar entrada y cuando se les pidió desalojar el área que ocupaban en la tribuna principal desenfundaron armas y se enfrentaron a tiros con la policía. Una locura. Los jugadores fueron sacados bajo fuertes medidas de seguridad hacia los hoteles.

La presencia de Real Madrid, que había viajado a Venezuela a jugar un torneo llamado Series Mundiales de Caracas, popularmente conocido como Pequeña Copa del Mundo, había determinado una revuelta.

En aquella edición el torneo la disputaban Madrid, Oporto y São Paulo, a dos ruedas. El martes 20, el Madrid debutó venciendo 2-1 a Oporto. Di Stéfano terminó con molestias en la espalda por lo que no fue tenido en cuenta ante São Paulo. Así las cosas, después de aquella locura que terminó a los tiros, Alfredo cenó en el hotel y se fue a descansar en la habitación que compartía con el uruguayo José Santamaría.

A las seis y media de la madrugada del sábado 24 Di Stéfano dormía cuando sonó el teléfono. El conserje del hotel le avisaba que había unos policías que solicitaban su presencia. Alfredo pensó que era una broma de sus compañeros y respondió: “Si quieren hablar conmigo, que suban ellos”. Y se dio media vuelta en la cama.

Pero al poco rato llamaron a su puerta y cuando abrió se encontró con tres “policías” y el conserje del hotel. El sujeto que hacía de jefe del grupo sacó la placa y le informó al futbolista que eran de la policía judicial y necesitaban que los acompañara. “Es una simple averiguación, tiene que ver con los desordenes de anoche cuando hubo tiros en el estadio; pero será breve. En 15 minutos ya estará de regreso”, le expresó.

Di Stéfano le respondió que tenía que hablar con el secretario del club, Muñoz Luzarreta. El diálogo que se generó terminó despertando a Santamaría, que le recomendó a su compañero hablar con los directivos. Pero, apurado por los policías, Alfredo se fue con ellos.

La sorpresa fue cuando llegó al auto donde lo iban a trasladar. Es que le vendaron los ojos y le pusieron lentes oscuros, y le dijeron que estaba siendo secuestrado.

Di Stéfano empezó a vivir una  misteriosa odisea. Primero lo llevaron a un apartamento, luego a una casa de campo y terminó en un apartamento en pleno centro.

A todo esto los funcionarios del hotel no sabían qué hacer. ¿Debían despertar a los dirigentes para avisar lo que sucedía? Hasta que llamaron a Francisco Moraleja, delegado del club, para informarle del secuestro.

“¿Qué dice usted hombre?”. Fue lo único que atinó a decir Moraleja cuando recibió la llamada. Y el hotel fue la locura. Llamaron a España donde Don Santiago Bernabéu estaba pescando en Santa Pola y Raimundo Saporta, estaba en Lausana, y voló a Madrid.

Sobre la hora 13, un portavoz de la organización subversiva Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) llamó por teléfono al hotel, habló con Muñoz Luzarreta y le comunicó que Di Stéfano estaba bien, que no le causarían daño y que le soltarían en cuanto el secuestro haya alcanzado suficiente publicidad.

A todo esto los compañeros de Alfredo amenazaban con retirarse del torneo.

El País de Madrid informó que “El recién nombrado ministro de Interiores, Manuel Mantilla asignó 8 mil policías para la búsqueda del secuestrado y ofreció rescatarlo en menos de 24 horas. A eso de las 8 de la mañana del sábado 24, el futbolista desayunó jamón con huevos, un vaso de leche y un par de naranjas. En Caracas los allanamientos y las detenciones estaban a la orden del día y en Madrid los medios de comunicación seguían minuto a minuto las incidencias del secuestro”.

En horas de la tarde las agencias transmitieron un recado del futbolista para sus padres y su esposa: “Queridos padres, querida Sara. Estoy bien. No me ha faltado nada y me atienden muy bien. Espero verlos pronto. Un fuerte abrazo. Di Stéfano”.

Luego los medios especularon con que uno de los jugadores más emblemáticos de Real sería liberado esa noche antes del tercer partido con Oporto. Pero no sucedió.

Alfredo Di Stefano fue liberado a la hora 14:45 del lunes 26 de agosto de 1963. Sus captores lo llevaron hasta la avenida Libertador y le dejaron instrucciones para que  se tomara un taxi hasta la embajada de España.

Esa noche, cansado por los nervios, el mejor jugador del planeta recibió a los periodistas en la quinta “La Bermeja”, lugar donde funcionaba la sede diplomática, para dar los detalles del secuestro y la liberación.


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