El secreto del éxito de la fiesta de Peñarol

Lo más valioso de la celebración fue que la gente pudiera festejar el simple hecho de ser hincha

Lo mejor de la fiesta de inauguración del estadio de Peñarol estuvo más allá del show histórico y de la puesta en escena impresionante. Lo más valioso de la fiesta de inauguración del "Campeón del Siglo", estuvo en que fue una oportunidad única para la gente de, por una vez, escaparse de la agenda deportiva y de los resultados, y de festejar el simple hecho de ser hincha.

El fútbol es resultado. Sean buenos o malos, el festejo o la desazón están marcados por cómo le fue al equipo el domingo. Sea para celebrar la alegría de un triunfo, o porque "en las buenas y en las malas estaré contigo", el resultado siempre es el protagonista al cual responde el sentimiento.

Pero ser hincha de un equipo de fútbol va mucho más allá. Para el fanático, y para el no tanto, es una seña que lo marca de por vida. Retrotrae al primer recuerdo de ir a una cancha de fútbol. Al recuerdo de cómo el viejo o el abuelo contaba hazañas del pasado del equipo del cual la persona es hincha. A la memoria de qué se estaba haciendo en el exacto instante de aquel gol con el que se ganó una copa internacional.

Ser hincha atraviesa cada etapa de la vida. Como un camino paralelo al de la vida diaria, que está siempre ahí y que por momentos se vuelve más importante que la "vida común". Es el recuerdo de la primera camiseta que se recibió de regalo. O en la adolescencia, la primera vez que lo dejaron ir solo al estadio, o con un amigo. De las amistades de tribuna. O la primera vez que se fue con la novia, o la esposa. Es la vez que se fue llorando de rabia, o de alegría. La última vez que se fue al estadio con un ser querido antes de su muerte, o la primera vez que se volvió. Es también los períodos en que la vida, el trabajo, las obligaciones, alejan a alguien de su equipo, y la alegría del reencuentro.

Todo eso se acumula en la memoria emotiva del hincha. Pero generalmente, nunca pasa al primer plano.

Pero ayer eso pasó a ser lo principal. Basta ver hoy un repaso por las redes sociales para confirmar cómo la fiesta removió tantos sentimientos entre los hinchas. Para cada hincha fue una fiesta diferente, porque le trajo diferentes cosas a esa memoria emotiva. Fue un repaso de su propia vida de hincha, con un grado de intensidad y emoción pocas vistas en Uruguay. Quizás solo comparable a aquella fiesta de los 100 años de Nacional, otro recuerdo de una fiesta que unió a generaciones, y que se inmortalizó en aquella canción "Sos el único campeón".

Solo así se puede entender que el público tomara tanto protagonismo en la fiesta, que se uniera con Fito Páez y le terminara dictando canciones, o que se emocionara con las glorias que entraron a la cancha.

La fiesta de ayer fue un recordatorio que, en definitiva, el hincha es lo más importante de todo. Y que en los últimos años, por culpa de la violencia y la delincuencia que usa la camiseta como excusa, hemos confundido demasiado seguido al hincha con el barra brava.

Ojalá que, en un futuro cercano, Peñarol, Nacional y todo el resto de los clubes, tengan más oportunidades de celebrar el simple hecho de ser hincha de un equipo de fútbol, y que la despedida del Chino Recoba sea una nueva oportunidad para generarle sentimientos similares a los hinchas tricolores. Porque en definitiva, eso es la razón del fútbol, más allá del resultado del fin de semana.

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