El sacudón de la Copa

Gustavo Díaz, cuestionado, insultado y hasta con algunas voces que ponían su cargo en la mira, terminó sacando un triunfo en la altura de Toluca que le permite salir del ojo de la tormenta y ganar un poco de crédito

La política del resultadismo sigue vigente. Al margen de que algunos uruguayos cambiaron su forma de pensar producto de últimos acontecimientos, el gane o pierda marca la temperatura ambiente.

En la selección se puso la primera piedra para generar procesos que eviten depositar la vista en el simple resultado. Se apuntó a procesos. Pero claro, bastaron una serie de malos resultados para poner todo bajo la mira.

Los clubes grandes son muchas veces rehenes del estado de ánimo de sus aficionados. La urgencia del fin de semana marca la cancha. Ganar es la única palabra que rige la vida del hincha de los grandes.

El desembarco de Gustavo Díaz a filas tricolores fue mirado de reojo. No es hombre de la casa. Y como el Apertura se lo llevó el eterno rival se elevaron voces de protestas. El cierre del primer torneo de la temporada en el Parque, donde los gritos son más receptivos, fue un martirio para Díaz. Los insultos de multiplicaron.

El cambio de autoridades no fue impedimento para la continuidad de su trabajo. Pero empezaron los cuestionamientos. Y como el debut en la Copa Libertadores no fue el esperado, la gente lo puso como blanco principal de las críticas.

Pocos repararon en el hecho de que perdió la columna del equipo al quedarse sin los dos pilares del medio como Píriz –transferido- y Calzada que se terminó lesionando.

Para colmo de males las figuras del equipo no están en condiciones físicas para actuar los los 90 minutos. Recoba y Abreu jugaron un rato contra Barcelona y ni siquiera viajaron a la altura de Toluca.

Díaz debió rearmar el equipo. La tarea no era sencilla. El partido era en la altura.

El imaginario popular marcaba que, si perdía mal, su permanencia en el cargo corría peligro. Si hasta en algunas emisoras de radio se mencionaron mensajes de allegados que brindaban la noticia antes del partido.

Pero la historia cambió de la noche a las primeras horas de la mañana, lapso en el cual Nacional se levantó de un mal primer tiempo y terminó sellando uno de los triunfos más resonantes de los últimos tiempos. Es que no hay antecedentes de equipos uruguayos que, en nueve minutos, dieran vuelta un partido en la altura.

¿Cuáles fueron los méritos de Díaz?

El planteamiento táctico. La inteligencia a la hora de la elección de los hombres. Se la jugó con Vicente Sánchez, que era otro de los cuestionados por los hinchas antes del partido ante los mexicanos. Y en el entretiempo acertó con los cambios. Diego Arismendi, que llegó a último momento al club y poco menos que por descarte ante la lesión de Calzada, fue importante para consolidar una victoria que sacó a Díaz del ojo de la tormenta. Al menos le permitirá iniciar el Clausura en paz ante un rival complejo como Defensor.

Claro que el resultadismo estará a la vuelta de la esquina... Al fin y al cabo es la política que parece  tener vigencia en Uruguay.


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