El sacrificio de Jonathan Alvez, el mejor delantero

Jonathan Álvez, el 9 de Danubio, la luchó en el ascenso y hoy brilla en Primera

Si habré andado con el dedo afuera arrastrando el zapato! La vida fue siempre remando. Iba a una escuela a 10 cuadras de casa y me quedaba a  comer en el merendero. ¡Sabés cómo le daba a las manzanas! Para la ropa estábamos muy mal. De repente andaba un mes con la misma y hasta tres meses con el mismo calzado porque había que esperar a que mi vieja juntara la platita para comprarme. Vivía con mi mamá y mis abuelos. Mi madre es empleada doméstica y mis abuelos jubilados; además tengo una hermana menor”, le dijo Jo-nathan Álvez a El Observador en diciembre del año pasado, cuando contó su historia repleta de sacrificio y dedicación al fútbol. El de-lantero de Danubio le demostró a Leo Ramos y a sí mismo que el DT no se había equivocado cuando sonó el teléfono del atacante para llegar al equipo. Dueño de una capacidad atlética sorprendente, de un hambre de gloria que lo transforma en un cheque al portador del equipo que lo contrate y de un biotipo privilegiado, el delantero que se probó en vano en la Tercera de Nacional fue votado como el mejor atacante del fútbol uruguayo por los 100 periodistas requeridos para Fútbol x 100.

El Diamante Negro, como lo apodaron en la Curva de Maroñas, fue un fijo en el esquema campeón de Ramos, al tiempo que sus compañeros Diego Martiñones, Jorge Zambrana, Horacio Sequeira y Bruno Fornaroli rotaron para secundarlo.

En el Apertura había formado una dupla letal con Líber Quiñones quien después emigró a México. El salto al exterior anda dando vueltas. Pero por las dudas, en la Curva se sabe que la 9 tiene dueño e identidad. l


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