El rugby define el año con una final especial

El clásico Old Boys-Christians dirimirán el domingo el Campeonato Uruguayo 2013, que por segunda vez desde 1989 no tendrá a Carrasco Polo en la final

En 2007, Old Boys y Old Christians rompieron la hegemonía más grande que recuerde el deporte uruguayo: dejaban afuera Carrasco Polo, el mejor durante 17 años consecutivos, y definían en una final el Campeón Uruguayo, que finalmente se quedó Christians.

Esa final se repite hoy, aunque con circunstancias muy diferentes. Primero en las alineaciones, ya que al azulgrana no le quedan jugadores de esa época, y a los azules solo dos. Cambió también la forma de disputar el campeonato, que pasó de dos torneos cortos, con objetivos bien puntuales, a una larga primera fase de 18 fechas, que privilegia la regularidad y el buscar afianzar un equipo. También cambió el escenario, porque las 3.500 personas de aquel 6 de octubre en Carrasco Polo tendrán ahora el marco del Estadio Charrúa, algo que puede jerarquizar pero también expone al riesgo de que quede demasiado grande.

Y sobre todo, cambió el rugby. A menor medida que el rugby mundial quizás, pero con una identidad mucho más dinámica que lo que podía verse hace seis años. Old Boys ha sido el mejor del año, apostando a un juego dinámico, frontal, en el que los backs y los forwards juegan integrados e intentan mover la pelota casi por igual. No lo consiguió de la misma manera en todo el año, es cierto, pero sí lo logró más que el resto.

Christians lo intentó, y aunque lo consiguió de a ratos, supo crecer como equipo a lo largo de la temporada, y ganar varios partidos clave en el hora, lo que ayudó a la madurez de un plantel muy joven.

Old Boys es el favorito por juego y por consistencia, aunque sabido es que en finales, y más el clásicos, las distancias se reducen mucho. En este caso, al mínimo.  Porque además, el azulgrana perdió por sanción al pilar Carlos González Lerena, uno de esos batalladores silenciosos de la primera línea que le ha dado enormes réditos en el scrum.

A los dos les encanta jugar de manos, entendido como darle pelotas a sus tres cuartos para explotar en velocidad. Los dos saben que ésa es el arma propia y la del rival, y por eso, antes que nada, saldrán a ahogar a los creadores de juego rivales. Y por eso las formaciones fijas jugarán un rol clave: quien logre ensuciarle la posesión al rival dará un gran paso hacia controlar la batalla.

La disciplina también será un aspecto central. Ha sido la gran contra de Old Boys, el único manchón que le impidió sacar más distancias en el juego durante la temporada, y también obtener una goleada histórica en la semifinal ante Los Cuervos, cuando aplastó 23-3 en el primer tiempo pero luego cometió la friolera de 18 penales y bajó mucho el rendimiento.

Christians no ha sido tan indisciplinado como su rival, pero también deberá tener cuidado allí. Sobre todo porque, si ocurre como buena parte del año, la lucha la situación de tackle-postackle-ruck será completamente determinante. En ese sentido, ganar el duelo en el contacto y el juego en el piso será crucial.

Más allá del análisis previo, llegan a la final dos equipos que tuvieron sus mejores resultados cuando jugaron, cuando arriesgaron, cuando fueron agradables a la vista. Y eso es lo que le puede pasar a una final.


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