El romántico que busca audiencia con el papa

Diego Laxalt creció de golpe en Italia, la conoció bastante y ahora espera que lo reciban en el Vaticano; aún recuerda un episodio difícil con los tifosi de Bologna

Palito Pereira le cocinó en su propia casa y lo cobijó mientras estuvo en Inter de Milán. Fue el primer amigo que tuvo en Italia. El ídolo eterno de Internazionale, Javier Zanetti, lo aconsejó.

Es que Diego Laxalt llegó con solo 20 años a la península. Estuvo tres meses y medio solo hasta que llegó su novia Antonella.

Inter lo cedió a Bologna en préstamo y estuvo un mes y medio en un hotel. Entonces un día, un remisero lo llevó a una práctica e hizo tan buena relación con él, que fue éste quien lo ayudó mucho a conseguir un apartamento en donde vivir.

Allí compartió equipo con el Ruso Pérez, Matías Abero y Henry Giménez, pero lamentablemente descendieron a la Serie B.

Le había anotado dos goles a Milan y ganaban 3-1. Pero en la hora, les empataron 3-3.

Cuando descendieron “fue un momento bastante feo. Nos apuró la hinchada”, recuerda Laxalt a El Observador.

Los tifosi exigieron que salieran del estadio “para que nos dejáramos insultar, sino, no nos dejaban salir”. Había miles de personas afuera que aguardaban que salieran los futbolistas.

Hablaron los jugadores con el Ruso Pérez quien era el principal referente y acordaron hacerlo. “Salimos, nos insultaron a los gritos, pero nadie levantó la mano. Era eso. Querían desahogarse”, cuenta.

Volvió a Inter con expectativas pero no tenía lugar. Estaba casi todo arreglado con Almería de España, pero el club le pidió que se quedara en otro de Italia. Le propusieron Empoli porque iba a jugar. “Pero no fue así. Estuve 10 partidos sin entrar ni un minuto. Cuando me puso en uno, fue el primero que ganamos”, dice.

Llegó el tiempo de Genoa, club en el que “el Pato Aguilera es venerado como ídolo. Ni bien decía que era uruguayo, todos me recordaban al Pato”.

A Diego, la ciudad de Génova le gusta más “porque tiene el mar. Tengo la casa enfrente al mar y me resulta mucho más alegre que Bologna o Empoli”.

Sus trenzas son un copyright. “En la calle me conocen por eso, por las trenzas. Me piden fotos, autógrafos. Los tifosi son más fanáticos que en Uruguay, pero lo más increíble que los que más te conocen por la calle, son los niños. Hace poco, vino un chiquito de seis años y la madre me pidió una foto. Él me había reconocido”.

A Antonella le compró un perro chihuahua que le pusieron “Pasitos” de nombre.

Una de sus pasiones es viajar y lo hacen a veces con el perro.

“En mi licencia pudimos conocer mucho siempre dentro de Italia. Paseamos por Venecia con la particularidad que tiene esa hermosa ciudad. Es romántica y obviamente anduvimos en góndola”, explica.

Pero no solo se quedó en eso. Conoció otros hermosos lugares de dicho país.

“Capri y la isla de Cerdeña tienen playas hermosas. También conocimos Roma y estuvimos en lugares como el Coliseo Romano, el Vaticano, la Fontana di Trevi y la Plaza España. Me gusta salir a conocer, aunque Roma capaz que no me gustaría para vivir”.

A su vez, Diego está tramitando un encuentro con el papa. “Es algo que me encantaría y por eso estoy tratando de acceder a él”, indicó.

Por suerte tiene a Antonella para que le cocine un poco, porque si fuera por él, solo se haría fideos, panchos o arroz, la típica. Sonríe cuando se acuerda del tema.

“Por suerte, cuando estuvo mi viejo pudimos comer asado porque a él le encanta y yo ligué, porque como todo uruguayo, es una de las cosas que extraño estando acá”, explicó.

Diego igual extraña “los guisos de mi vieja y de mi abuela”.

Dice que el frío “en Génova es complicado. Con la ropa que tenía no me alcanzaba para abrigarme. Nevó algunos días y tuve que manejar desde Empoli unos 100 km bajo nieve intensa para firmar el contrato. Por suerte, tenía cubiertas térmicas y no tuve problemas de estabilidad. Pero es difícil manejar así”.

Juega un buen rato por día a videojuegos y se armó en su casa un notable lugar en el que colocó tres pantallas de computadora, una caja de cambios, un volante y allí corre como si estuviera en el cockpit de un Fórmula Uno.

También colecciona autos a escala, es una de sus pasiones.

Además, juega al play “casi todos los días” con Diego Rolan y Jhon Pírez a distancia. Uno está en Francia y el otro en España.

El domingo le tocó entrar luego de un tiempo ante Juventus y sueña con seguir creciendo.


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