El reto más ambicioso de la Tota

A los 35 años, Diego Lugano asumirá el desafío más importante de su carrera en San Pablo
Corrían los primeros días de 2015 cuando Diego Lugano era tema de conversación recurrente para los futboleros. La Tota, capitán del proceso de Óscar Tabárez al frente de la selección, estaba sin club luego de que West Bromwich Albion le rescindiera el contrato.

Era la curva descendente de su carrera luego de brillar en Turquía, ser contratado por PSG para luego ser descartado por Carlo Ancelotti, Lugano ya había defendido a Málaga cedido.

Luego de varios días sin club y cuando muchos ya especulaban con el retiro, puso en su pasaporte un sello que no tenía y se fue a jugar a Häcken de Suecia.

Muchos anunciaron el final, pero Lugano se reinventó en Cerro Porteño y, más cerca del calor de Brasil, los hinchas de San Pablo se ilusionaron con su regreso.

El peso de la idolatría
Con el retiro de Rogerio Ceni, San Pablo fue a buscar en Lugano a un ídolo para sus hinchas. Bastión del equipo multicampeón de 2005, el zaguero uruguayo llega al club brasileño como un dios (San Pablo diseñó remeras para su bienvenida con la leyenda DIOS y su cara) pero debe contemplarse que pasaron 10 años tras su salida en el verano de 2006.

El mercado brasileño es el más fuerte de América del Sur en materia económica. Sin embargo, hay pocos zagueros de clase en el medio local para que los equipos puedan reforzarse de cara a objetivos internacionales.

Prueba de ello es que San Pablo fue a buscar como salvador a un jugador que estaba en una liga inferior como la paraguaya.

Así esperan los hinchas de San Pablo a su ídolo.
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La selección en la vuelta
Lugano es el último caudillo de la selección de Uruguay, moldeó el carácter de su sucesor, Diego Godín, y es hombre de consulta permanente.

Incluso, ante lesiones o suspensiones, varios reclamaron su vuelta a la nómina celeste, algo que Óscar Tabárez descartó.

Para el cuerpo técnico de la selección es clave establecer un criterio de nivel en las ligas donde los jugadores se desempeñan y citar a Lugano cuando jugaba en Suecia para tapar a un juvenil de proyección como Emiliano Velázquez (en España) o Gastón Silva (en Italia), era un pecado.

Lugano demostró estar en buen nivel en Cerro Porteño y volvió a escalar posiciones en el criterio de las ligas por importancia. Si vuelve a ser el caudillo de un San Pablo ganador y habiendo repetido hasta el cansancio que no renunció a la selección, ¿alguien puede dudar de su vuelta?

Lugano arribó ayer a un club donde lo mimaron como nunca. Afrontará, cerca del retiro, el reto más importante de su carrera deportiva.