El resurgir de un campeón

Gonzalo Bueno fue dirigido por su padre y dio la vuelta olímpica; hoy muestra su talento en Defensor

Gonzalo Bueno tiene un récord difícil de igualar: fue dirigido por su padre Gustavo cuando estuvo en la Quinta de Nacional, y además fue campeón uruguayo con él. Parece que fuera un jugador con una carrera de muchos años, pero recién cumplió los 24 y el presente le sonríe en Defensor Sporting.

Aquel día le ganaron 3-2 a Defensor en el Charrúa. En los violetas jugaban Diego Rolan y Diego Laxalt y ya la rompían, pero el protagonista de esta historia hizo un gol para ese triunfo y la vuelta olímpica. Llegaron el hijo y el padre a la casa y estaba toda la familia reunida para celebrar. "Fue un festejo increíble, inolvidable", recordó Bueno a Referí.

Gonzalo no quería que su padre lo dirigiera. No por nada en especial. Simplemente porque no quería que sus compañeros o la gente pensaran que él jugaba debido a que papá era el técnico. Entonces su padre habló con Daniel Enríquez, el gerente deportivo de entonces, y le pidió para dirigir en otra categoría debido a eso. No quería ver sufrir a su hijo, porque literalmente era lo que sucedía. Pero Enríquez le dijo que confiaba en él, que sabía que haría lo mejor por Nacional y lo dejó en Quinta. "Tenía terror que dijeran que jugaba por mi padre. Era una presión muy grande para mí que era bastante chico. Pero fue mi mejor año y fuimos campeones", expresó.

Tiempo después también lo dirigió en la Primera tricolor con Cacho Blanco.

De aquel botija que jugaba en Urreta al baby y que llegó con 10 años a la Preséptima tricolor al Parque Central viejo, pasó mucha agua por debajo del puente. Entre su padre y su madre Carina, trabajaron siempre para que no faltara nada en la casa.

Juan Ramón Carrasco lo subió a Primera. "Es un técnico especial desde todo punto de vista. Un gran entrenador que subía a varios juveniles. Al primero que hizo jugar fue a Nico López", indicó.

"Nos daba una base de trabajo de más de 15 jugadas para que nos aprendiéramos y siempre estaba encima nuestro para que no perdiéramos detalle", agregó. Si bien él lo hizo debutar en Primera, fue tras un encuentro que Nacional se había coronado campeón. Por eso, para Gonzalo, quien lo hizo debutar fue Marcelo Gallardo, ya que con él jugó mucho más.

Entrenaba con la Tercera y vio la lista de concentrados de Primera para enfrentar a Cerro Largo. Fue al banco, pero le tocó entrar, hizo un gol y dio una asistencia para el triunfo.

Pocos partidos después, debutó en un clásico mayor. Perdían 1-0 con Peñarol, pero él lo empató y el Chino Recoba puso de penal el 2-1 en la hora. Días después era campeón uruguayo.

De allí a la sub 20 y al Mundial de Turquía. Llegó lesionado y jugaba poco, pero "en la semifinal contra Irak anoté el 1-1 en la hora y después ganamos por penales".

Pero, lamentablemente, tras un 0-0 con Francia en la final, perdieron por tiros desde el punto penal. Un tal Paul Pogba jugaba contra él y fue electo como la figura del Mundial.

Cuando llegaron a Montevideo, recorrieron toda la ciudad y la gente les reconoció haber dejado a Uruguay allá arriba. "Haber perdido la final por penales nos marcó, pero también para bien, para aprender", señaló.

Llegó una muy buena oferta de Southampton de Inglaterra, pero él prefirió quedarse a jugar la Copa Libertadores con Nacional. A diferencia de lo que es natural, de lo que ocurre casi siempre, su padre no lo apuró para que se fuera. Lo dejó decidir y lo apoyó.

Se fue al fútbol más frío del mundo en Rusia y encontró en su misma ciudad, Krasnodar, a su excompañero Mauricio Pereyra, en el otro equipo. Pero lo ayudó un montón a tratar de adaptarse a un lugar inhóspito para un chiquilín de apenas 20 años.

Jugó con nieve en Moscú, soportó alguna vez 30 grados bajo cero, pero tenía a mamá Carina que le cocinaba lo que pedía. Una ventaja enorme.

"Era un lugar muy difícil para vivir. Con Mauricio (Pereyra), nos pusimos locos de la vida cuando vimos que llegaron las galletitas Oreo. Antes no existían en Rusia", dijo entre risas.

Tras un breve pasaje por el fútbol portugués y unos meses en Nacional (volvió a ser campeón, esta vez, con Álvaro Gutiérrez como DT), pasó a Estudiantes de La Plata y fue presentado por la Brujita Verón quien entonces era el presidente.

En un amistoso ante Defensor en Argentina, Eduardo Acevedo lo vio y lo invitó a vestirse de violeta. Lo pensó y en julio del año pasado, firmó contrato.

Lo recibió el histórico Nicolás Olivera. "Me dio la bienvenida y me dijo que jugara tranquilo. Me dio toda la confianza".

Respecto al presente comentó que el violeta "está en una posición de privilegio, me siento mejor con el paso de los partidos, pude convertir goles. El de volea ante Juventud fue de los mejores que hice en mi carrera. Estoy muy cómodo y aspiramos a pelear el campeonato".

Hace cuatro años que está de novio con Agustina y tiene planes a futuro, pero no se quiere apurar. "Je, ya va a llegar el momento", dice.


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