El regreso de Peñarol

Da Silva, que estaba bajo la lupa, sorprendió con la formación y la propuesta; los jugadores lo hicieron con los goles en el arranque y el aurinegro firmó un gran triunfo

En el fútbol se intenta imponer como regla que es un deporte que no tiene lógica, y quienes defienden esa tesis recitan algunos casos, los menos, que por sorprendentes e impactantes encandilan e inducen a una mala interpretación. Esta es una disciplina llena de lógica, en la que a veces suceden fenómenos extraños que son capaces de hacer sacudir las estructuras. Pero no son más que eso, situaciones aisladas. La lógica es la que manda en la gran mayoría de los casos. Por eso el técnico Jorge Da Silva sorprendió ayer con el planteamiento en el partido ante Nacional –porque lleva 14 meses trabajando con el mismo equipo y lo conoce de memoria–, por eso Marcelo Zalayeta fue el mejor –como a lo largo de toda la temporada–, por eso el triunfo de Peñarol en el clásico, por eso los aurinegros siguen en carrera tras la Tabla Anual, y por eso Peñarol disfrutó en la undécima fecha del Torneo Clausura de una tarde soñada en el partido más importante del fútbol uruguayo.

Los defensores de que el fútbol no tiene lógica podrán argumentar que si Nacional ganaba todo esto que señalo hoy, y que sostengo desde siempre, sería absurdo. En ese caso, una vez más, un proyecto rengo y emparchado habría superado la lógica. Pero nada más que eso. Hubiera sido circunstancial.

El triunfo por 3-0 que logró Peñarol en el clásico, en una de esas fiestas extraordinarias que solo son capaces de protagonizar los hinchas de los dos equipos grandes, es el resultado del proyecto deportivo que los presididos por Juan Pedro Damiani –en ese momento con Osvaldo Giménez como gerente deportivo– plantearon al comienzo de la temporada y desarrollaron con los ajustes que se imponen siempre en los recesos. No fue casual ni obra de uno de los tantos milagros. Aunque pueda sonar así que Peñarol se maneje de esta forma después de una década de pésimas decisiones que lo llevaron a escribir los peores años de su historia. Desde 2010 comenzaron a operar cambios en el club mirasol, y cada vez son más notorios, aunque después de la derrota de Peñarol ante Racing, Damiani tuvo que imponer toda su autoridad para mantener a Da Silva, a quien algunos dirigentes lo querían echar.

El éxito de Da Silva

El técnico de Peñarol llegó al partido comprometido, porque desde el mismo club se imponía la idea de que una derrota provocaba la salida del técnico, a lo que se oponía Damiani y el gerente deportivo, Carlos Sánchez, las dos piezas más importantes de la estructura del club en estos momentos. Aunque parezca absurdo y a contrapelo del proyecto deportivo, era real. Fue por eso que e partido de ayer tuvo componentes muy especiales para el DT. Y el triunfo de Peñarol fue el premio a los aciertos del entrenador, que hizo una buena lectura del momento de sus jugadores y del rival, que vio el partido antes, que se animó a meter bisturí a fondo para quitar del equipo a Juan Manuel Olivera, que no está rindiendo en la medida que puede, e incluyó un equipo que supo lo que quería hacer en la cancha. Y tuvo suerte. Porque a los 4’ encontró el 1-0, a los 9’ se lesionó Iván Alonso y a los 17’ ya estaba 2-0. Había recorrido gran parte del camino en la quinta parte del partido. Luego, como siempre sucede con Peñarol, por la presión que sufre este club en la actualidad, nunca quedó la sensación de que estaba cerrado el partido hasta que Aguirregaray convirtió el 3-0 de penal, incluso cuando futbolísticamente Nacional no presentaba argumentos de peso para inquietar en el arco de Bologna.

Peñarol se plantó en la cancha con un equipo (4-3-1-2) que tenía la misión de ser compacto y dañar a las espaldas de los volantes. Por eso Pacheco se paró entre la primera y segunda línea de cuatro de Nacional y le planteó problemas a los albos. Además, Carlos Núñez apareció en la dimensión que prometía cuando llegó a Peñarol y Zalayeta fue el de siempre.

Cuando el partido todavía estaba en los aprontes y Nacional intentaba darle forma a ese 4-4-2 (con Vicente Sánchez como volante por izquierda, y Alonso y Medina de punta), que tan buenos resultados le dio en la Copa –aunque con otros hombres, más jóvenes y en mejor momento futbolístico–, Núñez dejó en evidencia a Díaz y puso en el área una pelota que Pacheco, como en sus mejores momentos, transformó en gol después de burlar la defensa de Adrián Romero.

El partido se había acomodado para los intereses aurinegros mucho antes de lo que esperaban.

Inmediatamente Nacional llegó al área, en una de las pocas veces que piso esa zona de la cancha en el primer tiempo, con una pelota disputada, que Vicente Sánchez cabeceó afuera.

Cuando los tricolores querían encauzar el partido, Alonso, que evidentemente no estaba para jugar y ahora comprometió su participación en instancias decisivas de la Libertadores, se resintió de la lesión que sufrió el lunes pasado. Arruabarrena, el gran responsable de ese error, mandó a la cancha a Sebastián Abreu.

Peñarol ya era dueño del mediocampo, de la pelota, del fútbol y del resultado, cuando un error de Vicente Sánchez, que le entregó la pelota a Pacheco, terminó en el 2-0. El capitán asistió a Zalayeta y el delantero, que vio adelantado a Bava, convirtió un golazo. Uno de esos que solamente puede anotar él, porque pocos son capaces de tener esa visión de cancha y resolver de esa forma en el fútbol uruguayo.

De ahí en más, Peñarol pudo marcar tres goles más: a los 22’ Zalayeta dejó solo a Núñez y tapó Bava, a los 27’ Núñez devolvió gentilezas a Zalayeta y el delantero no encontró la pelota, y a los 28’ otra vez Bava le ganó mano a mano a Núñez.

En ese primer tiempo, Nacional nunca encontró la pelota ni desarrolló su fútbol, y lo más peligroso fue un remate desde afuera del área de Romero y otro de Damonte, que pasaron a más de un metro del arco.

El segundo tiempo empezó con el mismo molde: con Zalayeta buscando el gol y Bava desviando al córners.

Un equipo de Nacional con algo de protagonismo recién entró en acción a los 52’, cuando Núñez entregó a Damonte, éste a Vicente y el delantero puso un buen centro, que Abreu cabeceó apenas afuera. Fue la primera jugada hilvanada y la primera señal de que el tricolor quería intentar algo. Arrubarrena mandó a Bueno a la cancha (por Prieto) y el mediocampo quedó con Vicente por derecha, Arismendi, Damonte y Bueno. Luego mandó a Recoba por Vicente, y Da Silva le pegó casi como estampilla al Chino a Cristóforo, quien ingresó por Pacheco.

Los tricolores inquietaron con un remate de Bueno, que se estrelló en el horizontal y cuando parecía que Nacional iba por la remontada, Juan Manuel Díaz fue expulsado a los 67’.

Nacional quedó con tres en el fondo y tomó todos los riesgos. A los 71’ Bologna le sacó un gol a Medina e increíblemente Damonte se hizo expulsar por golpear a un rival.

Con nueve, los albos nunca bajaron los brazos, pero ya no tenían fuerzas ni argumentos. Aguirregaray convirtió un penal que fue mal sancionado (no hubo mano de Núñez) y estableció el 3-0 definitivo. Al partido le faltaba la roja a Núñez y el disfrute pleno de los hinchas de Peñarol en una tarde en la que Da Silva sacó a relucir toda su calidad, los jugadores volvieron a jugar como saben y los hinchas se olvidaron que el domingo pasado se fueron insultando a los mismos jugadores que ayer adoraron.


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