El regreso de la viola

Defensor Sporting le dejó claro a Danubio que es un equipo compacto y vuelve a pelear el título


Tuvieron que pasar tres torneos. Soportar un racha negativa donde se pidió por la cabeza de su entrenador. Alguna que otra discusión entre el propio técnico y los plateístas. Una pelea entre jugadores que se inició en el campo de juego y terminó en los vestuarios. Y hasta los pedidos de cambio de conducción. Pero como nada dura para siempre. La viola está de regreso. Como antes, como siempre, volverá a pelear por el campeonato.

Desde los lejanos tiempos de Mauricio Larriera en la conducción técnica el equipo no sabía lo que era vivir de sueños.

Hoy, después de una etapa donde no se encontraba el rumbo y la historia de Acevedo en la viola parecía tener vuelo corto, despertó Defensor Sporting.

Apelando a lo que marca su historia. Gente grande, con mil batallas, para acompañar a los jóvenes que suben con fuerza de las divisiones formativas. La mezcla da como resultado un equipo duro, compacto, que sabe lo que quiere en la cancha. Con mentalidad de adulto se podría decir.

Quedó claramente establecido por la forma en que jugó y manejó el partido contra Danubio en Jardines.

Primero se hizo sentir. Sus defensas pegaron duro. Fueron dos, tres, cuatro patadas como para decir acá estamos.

Y del otro lado de la cancha, Maxi Gómez se cargó a toda la defensa de Danubio al hombro. Discutió con todos.

Tal vez se podría llegar a pensar que el partido que había jugado en la altura, ante Liga por la Copa Sudamericana, podía pasarle factura. Los primeros minutos fueron a ritmo intenso. Ida y vuelta.

Primero amenazó Cabrera con una pelota que devolvió el palo y minutos después Leandro Fernández se perdió un gol increíble.

Hasta que la viola fue llevando el partido al ritmo que más le convenía. Sin apuro, bajando las revoluciones. Con aplomo. Como si supiera que un gol iba a marcar. Y Defensor sabe que, después que le hace un gol a Danubio, tiene 70% de posibilidades de ganar. ¿Motivos? La franja se deja gobernar por la ansiedad y con espacios la viola se mueve como pez en el agua.

Y el gol llegó a los 36 minutos. Tiro libre para los del Parque Rodó. Varios detrás de la pelota. Pero fue Maxi Gómez el ejecutante que metió la pelota lejos del alcance de Cristóforo.

Adiós mi flor. Para Danubio se bajó la cortina. Otra vez, como contra Rampla, la franja fue un equipo sin alma. Sin respuestas anímicas que le permitieran a su gente soñar con el empate.

Minutos después quedaron dudas en una acción de Gómez que cortó Cristóforo. Defensor reclamó penal pero Fuentes, que permitió innumerable protestas y reproches, desestimó.

Lo cierto es que, a partir del gol, empezó otro partido. A pedir de boca de la viola. Cerradito atrás con una defensa dura y bien plantada y con un mediocampo que no regaló nada donde Benavídez fue figura corriendo y Cabrera manejando la pelota, no había forma de entrarle. Danubio se chocó contra el muro.

Y sobre la hora de cierre del primer tiempo la franja recibió el golpe de nocaut.

Foul de Nacho González. Mientras el 10 de la franja protestaba, Zunino lanzó una pelotazo largo para Maxi Gómez que la paró y definió con calidad para poner el 2 a 0.

El gol fue el fiel reflejo de uno y otro equipo. Defensor sólido, vivo, despierto. Danubio quebrado, distraído, con un entrenador en la mira.

El segundo tiempo estuvo de más. Fue un trámite. Tal vez podría haber cambiado si Ardaiz descontaba a los 58 cuando Reyes le contuvo un penal. Pero a juzgar por lo visto en la cancha parecía poco menos que imposible.

Es que Danubio no tenía claros los caminos para ir sobre el arco violeta. Tiró centro y sacó a Olivera. Puso a Arroyo y nunca lo habilitaron en largo para aprovechar su velocidad.

Y Defensor, que entendió el negocio, manejó el partido a placer hasta el final. Si hasta se dio el lujo de que Maxi Gómez hiciera expulsar a Zarfino para quedar en igualdad de condiciones. Así, con aplomo, Defensor está de regreso. Como antes, volverá a pelear el campeonato .


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