El recuerdo de Gonchi en palabras de su hermana

María Fernanda "Nani" Rodríguez comparte en primera persona sus viviencias con Gonchi y la motivación que la llevó a crear la Fundación que lleva el nombre de su hermano

Cuando llega esta fecha, mucho pasa por mi memoria… por mis recuerdos.

1998, frío imponente de agosto en Montevideo. Yo trabajaba de vendedora de computadoras y de repente me pasan una llamada: 

– Hola Gorda! – Respondo: ¿Quién habla? – ¿Quién más te dice Gorda?

Era Gonchi desde Bélgica y me dice con mucho apuro, "¿por qué no te venís acá conmigo?"

A lo cual me reí y le dije: "Nene, porque un pasaje sale 1.200 dólares", y el muy fresco me dice: "Vendé el auto, pagá tus deudas y venite. ¡Esto es alucinante, estoy viviendo algo único y no tengo con quién compartirlo! Dale vení… por favor. Buscate un trabajo en España y los fines de semana vamos juntos a las pistas".

Corté la llamada e hice una apuesta: si vendo mi auto a 8.000 dólares, me voy. Ese mismo día me ofrecieron 8.500 y pensé: “ahora sí me la tengo que jugar”. Pagué todo, me despedí y me fui.

Primer pista a la que aterrizo: Spa-Francorchamps. ¡Qué pista! Te cautiva, te atrapa.

Gonzalo me invita a recorrerla en un cuatriciclo porque al no tener dinero para entrenar, esa era la única manera (barata) de ir a conocer la pista. Mi primer trabajo con él fue, redactarle en cada curva, con qué cambio entraría según una "telemetría en papel" que yo llevaba.

Nunca vi tanta curva a fondo y ciega. Pensar que suben “Eau Rouge” a casi 300 km por hora, me dejaba sin aliento.

Ese fin de semana Gonchi corrió como nunca, dejó todo en esa pista, pasando con gran esfuerzo y valor a todos los que tenía por delante. Aun con el auto roto él seguía como un auténtico Charrúa. Yo veía que de los otros equipos me miraban desafiantes como pidiéndome que lo detuviera. ¡Pero Gonchi ganó!

Al pasar la meta, dejando la bandera a cuadros detrás -y mientras junto a los mecánicos gritaba como loca- vemos que el auto larga un humo imponente y se detiene… Se quedó sin dar la vuelta de honor pero, con una sonrisa de oreja a oreja, se bajó caminando del auto!

En ese momento entendí por qué él quería que yo estuviera ahí. Nos abrazamos, gritamos en “Uruguayo” todo lo que pudimos. Nos fuimos al podio pero las autoridades nunca pensaron que ganaría alguien de Uruguay.

¿Uruguay? No había bandera ni himno… pero Gonchi no se subiría nunca sin nuestra bandera, él entendía que sería una falta de respeto a todos los que apoyaron su carrera. Así que esperó y de algún lugar apareció una bandera de medidas desproporcionadas y finalmente sonó nuestro himno.

Esa actitud fue la que me inspiró a crear una obra en su nombre, a trabajar voluntariamente los mejores años de mi vida para mejorar al menos un aspecto en mi país. Por eso siempre lo nombro y lo recuerdo con alegría y orgullo, porque él fue un deportista que se la jugó y siempre puso a Uruguay en primer lugar. A dónde él iba llevaba nuestra cultura, nuestro mensaje y lo más apasionante: él llevaba la típica ”garra Charrúa” que nos caracteriza en las situaciones límites.

Fue un gran embajador, tan importante que aún hoy 14 años más tarde, su imagen sigue provocando que muchas personas de distintas partes del mundo miren hacia aquí. Yo no podría haber generado ninguno de los programas, campañas, investigaciones en Uruguay sino fuera porque siempre hubo alguien afuera que en nombre de Gonzo (como le decían) me dio una oportunidad.

¿Qué es una marca país sino es esto? Como dijo Mandela: El deporte tiene el poder de cambiar al Mundo”.

Gonchi no está, quedó su legado que sigue al rojo vivo. Hay muchos deportistas -en deportes menores- que están renunciando a estar aquí con sus amigos y familiares, jugándose la vida por llevar nuestra bandera a lo más alto de los podios internacionales.

Si hoy tuviese la oportunidad de pedir un deseo sería que nuestros deportistas cuenten con todos los elementos para poder representarnos como nos lo merecemos.

Un país lo construimos entre todos. Gonchi aportó y sigue aportando desde algún lugar, estoy segura.

Gracias, algún día cuando te vea en el cielo te contaré lo alucinante de todo este viaje.

Nani


Fuente: por Nani Rodríguez @RodriguezNani

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