El premio al sacrificio

Gerardo Pelusso llegó a la conducción de la selección guaraní después de una carrera que empezó de abajo

Habrá soñado Gerardo Pelusso su presente cuando hace 18 años desandaba diariamente, ida y vuelta, los 100 kilómetros de Florida a Montevideo para dirigir a Cerro? ¿Habrá imaginado, cuando apretaba el acelerador del Fiat 147 en la ruta 5 el camino que tomaría su carrera? Aquellas eran épocas de sacrificio, de ilusiones.

A los 40 años Pelusso comenzaba su trayectoria como entrenador profesional después de que una lesión en la rodilla le hiciera abandonar la carrera de futbolista a los 27 años. El curso lo hizo en Ecuador, donde jugaba cuando se lesionó. Sus primeros pasos como DT los dio en Emelec, entusiasmado con la lectura del libro “Realidad y Fantasía del fútbol total” que trataba de la revolución futbolística de la Naranja Mecánica y estimulado por el entrenador Aníbal Gutiérrez Ponce.

A mediados de la década de 1980 decidió volverse a Uruguay, recorriendo los 7.000 kilómetros en ómnibus para cumplir el sueño de conocer Perú, Chile, la cordillera. Se instaló en Florida y con los ahorros del fútbol se dedicó primero a la venta de muebles y luego instaló una cancha de Fútbol 5.

En Quilmes jugó unos partidos más para despuntar el vicio y fue campeón del Interior. Después dirigió a Quilmes, Atlético Florida y la selección floridense, antes de unirse al cuerpo técnico que encabezaba Fernando Rodríguez Riolfo.

En febrero de 1994 tomó la conducción del plantel principal de Cerro, un club deteriorado en todos aspectos. Después de un año a puro sacrificio, sin cobrar un peso durante varios meses, haciendo malabares de todo tipo para que los jugadores tuvieran una dieta los más parecida posible a la de un deportista profesional, el albiceleste cumplió una campaña histórica: se clasificó por primera vez, en sus 72 años de vida, a la Copa Libertadores.

Pelusso lideró aquel quiebre institucional de los albicelestes e inició de la mejor manera su camino al costado de las canchas.

Diez años más tarde se consolidó en Danubio, ganando el Campeonato Uruguayo 2004. Desde entonces sumó un éxito tras otro, hasta llegar ahora a la selección paraguaya. “Si vos te queres subir muy rápido a una escalera, te venís al suelo y te matás de un porrazo. Hay que ir despacio pero firme” le dijo Pelusso a este periodista en 1994. 

Cambió la historia

En diciembre de 1994, después de que consiguiera la clasificación de Cerro a la Copa Libertadores, Ultimas Noticias invitó a Pelusso a tomarse unas fotos en la estatua de Cervantes, al frente de la Biblioteca Nacional, para ilustrar una entrevista que hablaba de aquella temporada llena de sacrificios. No ligó nada en el sorteo del calendario porque le tocó en suerte enfrentarse en el grupo con Peñarol, River Plate e Independiente de Argentina. Pero los dirigentes, entonados con la campaña, iluminaron el estadio Luis Tróccoli, reformaron los alrededores del escenario y se dieron el lujo de recibir a los millonarios con el mismísimo Enzo Francescoli y ganarle a los rojos de Avellaneda.


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