El poder de la vidriera

En el fútbol uruguayo juegan 30 extranjeros, la mayoría provenientes de Argentina o de Brasil

"Lo que más me gusta del fútbol uruguayo es el vestuario, si fuera mejor remunerado es para quedarse a vivir”. La frase pertenece a Matías Porcari. El volante cordobés probó en el fútbol de Hungría y en el de Serbia. Pero nuevamente anda por los pagos, defendiendo la camiseta de Juventud de Las Piedras.  

Como él son 30 los jugadores extranjeros que disputan el actual Torneo Apertura. ¿Qué los sedujo para venir? ¿Con qué sueñan? ¿Cómo viven el fútbol uruguayo? El Observador charló con algunos componentes de la colonia extranjera para conocer sus sensaciones.

“Cuando me dijeron de venir a Fénix era tómalo o déjalo”, explica Porcari. Era el año 2008 y el zurdo de Belgrano de Córdoba estaba enfrentado con los dirigentes del club, por lo que estaba obligado a cambiar de aires.

“No conocía nada del fútbol uruguayo”, se sinceró. “Pero es evidente que lo que busca acá un extranjero es la vidriera. Es algo que el fútbol uruguayo tiene ganado, sobre todo por cómo lo representan sus jugadores en el extranjero”, admitió Porcari.

Miguel Murillo, el colombiano que el sábado le anotó a Nacional con la camiseta de El Tanque Sisley es otro que al igual que Porcari levantó vuelo en el fútbol uruguayo, pero tuvo que retornar tras un fallido pasaje por el fútbol chileno, en Audax Italiano.

“Yo llegué a Juventud de Las Piedras para jugar en la B cuando tenía 17 años, en 2005, y solo conocía de nombre a Peñarol y Nacional”, expresó.

“Lo motivante de venir a Uruguay es que es un país que pese a tener escasa población siempre saca jugadores, además es un fútbol que se ve mucho y como vidriera es una gran oportunidad”, contó Murillo.

En las últimas décadas, con el decaimiento general del nivel en el ámbito local, se dice que un jugador con condiciones básicas es capaz de ser figura en Uruguay. ¿Es tan así?

Ángel “Bebu” Luna, el volante ofensivo de Sud América, hizo las inferiores en Vélez Sarsfield, San Lorenzo y River Plate aunque debutó en Primera en la B Metropolitana (tercera categoría), en Flandria, en 2011. De ahí llegó a Sud América para jugar en Segunda División.

“Me encontré con un fútbol totalmente distinto al que jugué toda mi vida. En Argentina se juega por abajo y acá, en la B, se juega básicamente al pelotazo largo a los delanteros, para que surja una jugada en la segunda pelota”, contó.

Para Murillo, la adaptación fue aún más cruda. “Acá los defensas son muy de meter el peso y me costó. Por mi estilo de juego de encarar en velocidad sufrí bastante el juego duro porque se me tiraban con todo”, recordó.

¿Insultos racistas? “Dentro de la cancha los rivales son siempre de hablar y alguno siempre insulta. Pero todo lo tomo como una provocación. En Uruguay nunca me sentí discriminado racialmente”, admitió Murillo.

Rodrigo De Oliveira, el volante raspador de Cerro, opinó en sintonía: “Los partidos en Uruguay son siempre conversados”.

De Oliveira, gaúcho de 28 años, llegó en 2010 a Cerro Largo. Tampoco sabía nada del fútbol local. “Vine como una apuesta a abrirme a otro mercado y a buscar estabilidad”, confesó.

En su país jugó en torneos estaduales: el Gaúcho con Ulbra, el Goaino con Rioverdense y el Paulista con Portuguesa Santista.

“Se paga mejor en Brasil, aún a ese nivel, pero la ventaja que tiene Uruguay es que los contratos son anuales. Allá los torneos regionales empiezan en enero y si no pasás la primera fase, en marzo, te quedás sin equipo”, admitió.

“Evidentemente, el tipo de cambio que se maneja en Europa te sirve, porque acá lo que se paga es muy poco”, afirmó Porcari.

Para la vigente temporada, los sueldos mínimos fijados por la Mutual son $ 29.580 en Primera División y $ 14.790 en Segunda.

Esto hace que el fútbol uruguayo sea visto como trampolín para los jugadores extranjeros.
Diogo Silvestre, el carrilero zurdo que tan bien impresiona en Peñarol, fue campeón mundial sub 20 en Egipto 2009. “Eso no me imposibilita de jugar en Uruguay. Para mí es un privilegio jugar en un equipo como Peñarol, que es un grande del mundo y en el cual han jugado muchos jugadores de renombre y jerarquía. Yo estoy aquí como un jugador normal y quiero dar todo de mi para ayudar a Peñarol”, dijo a El Observador tras sus primeros entrenamientos con el club.

Ver a un jugador de la categoría de Diogo en el medio local llama la atención. Nacional probó de 1998 en adelante tres laterales izquierdos brasileños y los tres dejaron mucho que desear: Adalto, Bruno Coutinho y Carlão.

Otras interesantes presencias son las de Anderson Silva de Rentistas, un jugador que tuvo su cuarto de hora en Europa jugando en Racing de Santander y Everton, y Emmanuel Centurión, ex Vélez, Stuttgart e Independiente que ahora milita en Sud América.  

“Me siento un uruguayo más. Como bizcochos y tomo mate como los uruguayos y los insultos de la tribuna los entiendo perfecto, también los elogios”, le contó recientemente a El Observador.
Pero tal vez la presencia más exótica sea la del delantero de River Plate, Walter Vaz, francés de padres africanos y delantero de River Plate.

“Llegó hace un tiempo (debutó el pasado Clausura), vino a prueba y le vimos condiciones pese a que no hizo inferiores”, reveló Guillermo Almada.

Todos andan en busca de rodaje. De hacerse un nombre y armar las valijas. Como Felipe Gedoz que tras las dos primeras fechas voló a Brujas de Bélgica expresando el deseo de nacionalizarse uruguayo. Es el poder de esta increíble vidriera. 


Fuente: Pablo Benítez @pebeca11

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