El pibe que se recibió de manya

El volante jugó un gran clásico y de chico iba a ver a Pacheco –su ídolo– de quien tiene fotos y un autógrafo

Llegó en octubre a Peñarol con sobrepeso y fue a entrenar en silencio con la Tercera. El Tío Sánchez lo vio y le dijo: “El 2 de enero lo subimos a Primera, pero tiene que bajar de peso”. Se venían las fiestas y otra vez habló el gerente deportivo: “Ojo, cuídese”. Fue así y ese 2 de enero empezó la pretemporada. Desde ese momento al clásico, a Sebastián Píriz se lo había visto poco.

¿Cómo describe este momento?
Tengo una gran alegría, mucha emoción porque ganamos el clásico. Estoy muy feliz.

¿Esperaba ser titular?
¡No! Se habían manejado dos equipos entre semana y en uno estaba yo, pero me tomó un poco por sorpresa.

¿Cuándo se lo comunicó Da Silva?
Al mediodía del día del partido. ¿Si me temblaron las piernas? No, para nada. Me emocionó.

A poco de empezado el partido, usted se equivocó, tiró la pelota hacia atrás y Bologna salió como loco del arco para llegar con los pies.
Me quería matar. La pelota me quedó muy arriba, me picó mal y le pegué. Pero Beto (Bologna) me salvó. Después se encauzó el partido porque ese gol de entrada nos ayudó a que ellos se enloquecieran. Estaban muy nerviosos.

Teniendo en cuenta que apenas tiene 23 años, ¿algún rival buscó sacarlo del partido? ¿Le hablaron para ponerlo nervioso?
No. Simplemente no encontraron el método para entrarnos y el nerviosismo le ganó a ellos. Hicimos tres, pero si hubiéramos hecho dos o tres más, nadie podía haberlo puesto en discusión. Carlos (Núñez) estuvo cerca varias veces.

¿Se puede decir que se recibió de jugador de Peñarol?
A mí esto me da un reslapdo enorme. Entrar de titular y la manera cómo se ganó, me dejan tranquilo.

Hace unos meses estuvo en Chievo Verona. ¿Qué sacó en limpio de esa experiencia?
Fue un tropezón en la vida. Me llevó un contratista y me habían dicho que había arreglado por unos años. Pero cuando llegué allá, me dijeron que estaba a prueba. Entrené un mes y medio y volví. No hay mal que por bien no venga.

Fue un mal momento...
Sí, pero de todo se aprende. Allá estuve unos días con Mathías Abero –quien juega en Bologna– y Federico Rodríguez, que ahora regresó a Wanderers. Justo  hoy (el lunes) me llamó Abero, que había jugado en Nacional y que lo conocía de las selecciones juveniles, y me felicitó por el clásico. Está bueno que haya gente que se preocupe por cómo le va a uno. Es algo que me reconforta.

Usted viene de Danubio. ¿Es hincha de su exclub, o es de Peñarol?
Soy hincha de Peñarol. Siempre iba a verlo con mi viejo y mi hermano.

Jugar en el club del que se es hincha debe ser un aliciente más.
Sí, es espectacular. El grupo está más unido que nunca.

¿Qué significa Pacheco para el grupo?
Para mí es un ídolo. Me deja sorprendido cada dia con sus palabras. No podés dejar escapar una letra.

Cuando dice ídolo, ¿es porque usted lo veía en la cancha?
Claro. Si cuando llegué a Peñarol le mostré las fotos suyas que yo tengo y una foto mía con su autógrafo. Es un grande.

¿Es el mejor momento de su carrera?
No, lo mejor ya vendrá. Lo del clásico fue increíble, pero sueño con ser campeón con Peñarol.


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