El peso de los antecedentes

El TAS es muy afín a reducir penas por dopajes pero también a mantener los castigos por agresiones y en materia futbolera la FIFA tiene mucha sintonía con el organismo

Asafa Powell volvió el martes a las pistas. El velocista jamaiquino, récord mundial en 2007 con un imponente 9.74, estaba suspendido hasta diciembre de este año por haber consumido oxilofrina, un estimulante que aumenta la capacidad muscular y cardíaca.

Sin embargo, el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS), decidió el lunes rebajarle el castigo –que empezó a regir a partir de junio del año pasado– de 18 meses a solamente seis.

Powell, que vive a la sombra de Usain Bolt desde 2008, corrió ayer en 10.30 y fue cuarto en el meeting de Lucerna. Alegó siempre que el dopaje se debió a la contaminación de un suplemento alimenticio.

El TAS fue receptivo a su pedido de rebaja de pena. ¿Lo será con Luis Suárez? El futbolista uruguayo intentará ante el organismo que tiene sede en Lausana, Suiza, que le rebajen la sanción de ocho partidos y cuatro meses sin poder realizar actividades vinculadas con el fútbol. Todo por haber mordido al italiano Giorgio Chiellini en el partido ante Italia por el mundial de Brasil, el pasado 24 de junio.

El TAS, que se creó en 1984, es un órgano de arbitraje que se encarga de dirimir conflictos en el mundo del deporte.

Su jurisprudencia, profusa y variada, marca algunas pautas: las sanciones por dopajes suelen ser rebajadas, pero aquellas que se imponen por agresiones o faltas disciplinarias en los campos de fútbol  no.  

Por ejemplo, en febrero de 2008 Danny Vukovic, arquero australiano de Central Coast Mariners, le pegó a un juez una trompada en la mano en una airada protesta. El jugador recibió de parte de la Federación de su país una sanción de nueve meses.

Pero como Vukovic era el arquero de la selección sub 23 clasificada a los Juegos Olímpicos de Beijing apeló el fallo y logró acortar la suspensión hasta junio (el evento arrancaba en agosto).

La FIFA, a través de la Comisión de Disciplina, intervino y sostuvo el castigo original. El jugador recurrió ante el TAS pero no tuvo suerte: la sanción fue mantenida y el golero no pudo ir a los Juegos en China.

El último antecedente que arbitró el TAS relacionado al fútbol fue el del croata Josip Simunic.

El zaguero fue suspendido el año pasado por la FIFA por 10 partidos tras el encuentro que su selección le ganó a Islandia por el repechaje europeo para el mundial de Brasil.

En los festejos tras ese encuentro, el jugador de Dínamo Zagreb tomó un micrófono y arengó a sus hinchas con el saludo de la Ustacha, un movimiento aliado al nazismo que gobernó el estado independiente de Croacia durante la Segunda Guerra Mundial y que fue responsable del asesinato de judíos, serbios, gitanos y disidentes políticos.  

Simunic fue juzgado por el artículo 58 del Código Disciplinario de la FIFA: “El que mediante actos o palabras humille, discrimine o ultraje a una persona o a un grupo de personas en razón de su raza, color de piel, idioma, credo u origen de forma que atente contra la dignidad humana será suspendido por un mínimo de cinco partidos”.

Suárez, en tanto, fue castigado por el artículo anterior, el 57: “El que a través de palabras o gestos injuriosos, o por cualquier otro medio, ofenda el honor de una persona o contravenga a los principios de la deportividad o la moral deportiva”.

Simunic se defendió diciendo que su intención no era ofender sino expresar su patriotismo.

El TAS fue inflexible. Sostuvo el castigo que le impidió al jugador disputar el mundial de Brasil y afirmó que los gestos realizados y sus dichos fueron inequívocamente referidos a la Ustacha y que por ello eran “discriminatorios” y “humillantes”.

Esto marca a las claras que el TAS sigue la línea de la FIFA en lo que refiere a los aspectos disciplinarios.

Pero la afinidad existente entre ambas instituciones quedó claramente expresada con el conflicto de Togo con la Confederación Africana.

Todo comenzó durante la Copa África 2010 en un ataque terrorista perpetrado en Angola, sede del torneo, contra el ómnibus que trasladaba a los togoleños. Murieron el chofer, el ayudante técnico y el jefe de prensa de la selección. Además, cinco jugadores resultaron heridos.  

El gobierno le solicitó a la selección el abandono del país y el retorno a la patria. El torneo, insólitamente, no fue suspendido. El show debía continuar.

Togo fue castigado con la prohibición de jugar las dos siguientes copas africanas.

Las autoridades deportivas del país apelaron ante el TAS que sostuvo la pena. ¿Quién intercedió? Joseph Blatter. Y santo remedio. “Estoy muy satisfecho porque pudimos encontrar una solución que satisface a ambas partes. El éxito de hoy es para toda la comunidad del fútbol, en especial para el fútbol africano”, dijo el pope de la FIFA en un comunicado divulgado por el TAS con el cual hizo de mediador. Togo volvió a jugar la copa.

El fútbol, con 146 casos, es el deporte que más veces ha acudido ante el TAS para dirimir conflictos.

Lo sigue el ciclismo con 37 casos, la natación con 30, atletismo con 25 y los deportes ecuestres con 20.

La mayoría de los casos futboleros se tratan de conflictos entre clubes por el pase de jugadores.

Fue eso lo que motivó que el TAS fuera conocido para los uruguayos cuando Paris Saint-Germain recurrió en 2005 al organismo luego de que la FIFA le inhabilitó a Carlos Bueno y Cristian “Cebolla” Rodríguez quienes llegaron libre de costo al club cuando los aurinegros querían renovarles sus contratos automáticamente.

Las normativas internacionales aplicadas por el TAS le dieron la razón a los jugadores y Peñarol se quedó con las manos vacías.

¿Esto revela una animosidad contra Uruguay? No. En setiembre de 2012, Deportivo La Coruña acudió al TAS cuando la FIFA le intimó pagarle a Nacional el saldo de € 1 millón por el pase de Gustavo Munúa que se había hecho en 2003. Y el fallo fue favorable al equipo tricolor.

La de Suárez será otra historia.


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