El peso del favoritismo

El mirasol carga una gran mochila y añora el silencio del anonimato

El 24 de enero de 2010, cuando Peñarol debutó en el Torneo Clausura, poco se hablaba del favoritismo del equipo que por ese entonces dirigía Diego Aguirre. El candidato era Nacional, por antecedentes cercanos y por nombres. Sin embargo, aquel equipazo aurinegro, que en cinco meses pasó del anonimato de enero a los elogios más encendidos en mayo terminó cortando una racha de siete años sin títulos y sorprendió a propios y extraños con una de las mejores producciones de los torneos cortos, por la efectividad del campeón invicto, que solo empató un partido, el clásico ante Nacional.

Lejos de conocer cuál será el desenlace de la temporada 2012-2013, que recién comienza, es evidente que a Peñarol le incomoda el lugar que los especialistas y el público le asignaron en lo previo, por la inversión que realizaron los dirigentes y los nombres que llegaron hasta Los Aromos, que les dieron a los mirasoles una exposición muy elevada. Es indudable que Peñarol extraña el silencio del anonimato y sufre por estos días la presión de cargar con la mochila de favorito y de tener que jugar todos los fines de semana como el gran candidato al título, sin importar que un equipo se arma en un proceso de trabajo y que las piezas se van integrando a medida que los futbolistas suman minutos de fútbol.

El técnico Jorge “Polilla” Da Silva debe estar añorando un poco de aquello que tuvo Aguirre, para que este momento futbolístico de su equipo no se sienta como un volcán en ebullición. Porque los hinchas exigen triunfos, los dirigentes (ver página 6) dicen que esperaban otro funcionamiento por la inversión que hicieron. Y, mientras todo ese entorno va minando el terreno que recorre Peñarol, el plantel aurinegro comienza a sufrir la ansiedad por resolver todo en pocos minutos.

Para colmo de males de Peñarol, los arbitrajes están incidiendo directamente en los resultados. En la primera fecha no le cobraron un penal en la última jugada del partido, que hubiera permitido la igualdad ante Fénix. Ayer, el árbitro Líber Prudente se excedió en la tarjeta roja que le mostró a Zalayeta y condicionó al equipo aurinegro para el resto del partido.

Las dos próximas semanas –en las que la selección distraerá la atención del público– le darán a los de Da Silva una oportunidad para andar en el anonimato y trabajar en silencio para empezar a encontrar el camino que le exige el favoritismo.


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