El personaje que se robó la noche

El hombre que le dio a Alejandro Muro un cuchillo para cortar la red en los festejos de Aguada es jubilado, tiene 62 años, sale a correr a diario y entró el corte porque en la puerta no lo revisaron

Papá Noel, Gandalf o simplemente viejo. Esos fueron los apodos que surgieron en forma instantánea en internet cuando un hombre de avanzada edad se trepó el lunes al tablero del Palacio Peñarol y sacó una navaja de su media para que el jugador de Aguada Alejandro Muro cumpliera con el ritual de los campeones del básquetbol: el corte de la red.

¿Quién es ese hombre de particular apariencia? ¿Cómo hizo para entrar con una navaja?

“Mi nombre es Aristonte Lavalleja Gau Casaravilla”, se presenta a El Observador.

Cacho, el hincha de Aguada

“Mi madre me puso ese nombre por un médico muy bueno y famoso de Rivera, donde nací. Un día fui a justificar una falta a Disse y el médico que me atendió resultó ser su amigo. Me emocioné”, explica. “Pero a mí me conocen como Cacho o Paleta”, agrega.

Cuando tenía tres años se vino con sus padres y hermanos a Montevideo. Trabajó de joven en una fábrica de plásticos, Udine, y  después pasó a la Coca Cola donde se terminó jubilando. Tiene 62 años.

“Cada tanto me vuelvo a Rivera a comer porotos con la familia. Soy medio loco porque son muchos kilómetros, pero tienen un gusto especial, te los recomiendo”, dice y en cada pausa se deja oír la risa.   

“Yo trabajaba en Liropeya y Carabelas y un día sentí ese olor hermoso... Aguada”, cuenta. Y su voz se pierde en el tiempo.

“Tengo recuerdos borrosos de 1976 (cuando Aguada fue campeón Federal por última vez) y vi jugar a cada jugador bárbaro. Pero mirá que las pasé con Aguada. Ahora ya está, las malas que las cuente otro”, afirma con el orgullo de campeón bien fresco.

“Tengo dos hijas y una nieta de un año, pero a Aguada lo voy a ver solo. Es una familia, en la primera jugada ya te hacés amigo del que está al lado. Yo voy en mi autito,  vivo en Plácido Ellauri, cerca del Hipódromo”, explica.

La barba larga, blanca y tupida es su sello de distinción. “Cuando estaba en la escuela dije: ‘El día que me crezca la barba no me afeito’. Y así está. Ni en la dictadura me la saqué. Y nunca me llevaron preso”, cuenta.

“Tengo una foto con el plantel que ascendió contra Trouville en la cancha de Larre Borges, pero mi tesoro más preciado es la red del Cilindro, cuando ascendimos con Nacional”, dice.

Esa red es su tesoro. Pero el lunes fue por otro botín. La red del campeonato. “Tenía estudiada toda la jugada, pero Muro que es más joven saltó por adelante del aro. Yo soy viejo y tuve que treparme por atrás”.

Sus 62 años no resultaron impedimento para trepar como un gato: “El mejor medicamento no se vende en la farmacia y es correr. Yo corro de toda la vida”.

¿Cómo entró con una navaja? “Yo cuando entro muestro la entrada y me dicen ‘pase’; no me revisan”. “Me dolió que en un canal dijeran que llevé un corte carcelario. Es una sierra que yo preparé sacándole filo de un lado y pegándole manguera en los costados para no cortarme. No soy una persona de andar armado y detesto a los que van armados a las canchas. Que nadie me confunda. Llevé el cuchillito solo para cortar la red”, explica.

Muro le ofreció tres pedacitos de la red que ya valen oro para su corazón aguatero.

“Voy a llevar el cuchillo a San Cono que siempre me ayuda. Voy con mi nieta. El mismo Muro me dio la idea”, relata lleno de emoción.

Este es Cacho. El viejo de barba que se robó la noche que Aguada más esperó en su historia.


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