El penal que rompió una histórica amistad

Se fundaron juntos, se reunían en el mismo bar, pero en la última fecha de un torneo, con el descenso en juego y con el empate que favorecía a los dos, Cacho Silveira anotó a los 89’ y por 14 años terminó con la relación

El bar Dos Banderas fue testigo de la historia. Dicen que por aquellos años, en una mesa se reunía la directiva de Sud América y en otra la de Rampla. Se habla de 1914, año en que se fundaron y fueron inscriptos en la Asociación Uruguaya de Fútbol ambos equipos. Por aquellos tiempos era común que los propios jugadores fueran dirigentes de los equipos.

Walter Altuna, un viejo sobreviviente de la lucha de la IASA, narró a El Observador que “por alguna extraña circunstancia, las barras que integraban cada uno de los clubes, se conocían desde antes de su afiliación a la entonces Liga Uruguaya de Football.  Se dice que paraban en diversos bares en las inmediaciones de Cerro Largo y la actual Paraguay (por aquel entonces llamada Av. La Paz) y que existía un vínculo de amistad entre ellas”.

El buen ambiente predominante entre ambos equipos fue tal que generó que, previo a los partidos, que jugadores y dirigentes compartieran un almuerzo de camaradería. Esta costumbre se mantuvo firme al paso de los años y solo se interrumpió cuando no coincidieron en la divisional.

Claro que con el transcurso del tiempo la comida se hizo restringida para los dirigentes, ya que los jugadores debían tener la cabeza en otra cosa. Así lo exigía el profesionalismo.

Hace unos días los dos equipos se volvieron a medir por el torneo del ascenso, por lo que los buzones, locales en la oportunidad, organizaron el encuentro.

Sin embargo, lo que pocos saben es que, durante 14 años, ambos equipos tuvieron las relaciones rotas debido a una historia que verdaderamente no tiene desperdicio y de la cual fue protagonista un histórico de la IASA como Alcides “Cacho” Silveira.

La historia
Resulta que el destino puso a buzones y picapiedras en la última fecha de un torneo peleando por no descender. Un único resultado beneficiaba a los dos: el empate. Y claro, con la relación que existía de años entre ambos equipos era de esperar el pacto de no agresión.

La cita fue en el Parque Nelson, la vieja cancha de Rampla. Allá fue Cacho Silveira, que era un juvenil de la Quinta división que comenzaba a dar sus primeros pasos con la camiseta naranjita.

“De los 11 titulares que jugaban los únicos dos que íbamos en burro eran Cala Méndez y yo, porque éramos dos pibes de la Quinta”, comentó Cacho Silveira que en una entrevista realizada el 29 de setiembre de 2009 en el programa La Caja Negra, rememoró la historia.

“Se empieza a jugar el partido y a los 8 o 9 minutos hay un penal para Rampla que lo tiró Manicera (recordado zaguero surgido en los picapiedras y de reconocido paso por Nacional y la selección uruguaya) que ese día jugó de nueve y lo atajó la Tota Denis, que se tiró, la pelota le pegó en una rodilla y salió”, comenzó diciendo Silveira.

Y se metió de lleno en la anécdota: “Pero en el minuto 89 y con el partido 0 a 0 hay penal para Sud América. La cancha era la caldera del diablo, imaginate, el Parque Nelson, última fecha. La gloria o el infierno. El turco Marino era el árbitro”, contó Cacho con su particular estilo narrando la historia al mejor estilo de un cuento de esos que siempre pueden generar un penal en la hora.

“Yo corro y agarro la pelota y el Mono Gambetta, que era el técnico, me gritaba desde el costado de la cancha, ¡vos no, vos no!. Y yo le dije, yo tiro y lo hago. Y el Mono me gritaba: ¡te voy a matar!. No le di bola, fui, la puse y la mandé para adentro. Era Leiva, Juan Carlos Leiva el golero, sintió el palo cuando la pelota se metió para adentro. Movieron, dos toques, y terminó el partido. ¡Aquello no saben lo que era! ¡Ahí va, ahí va!, decían. Me querían matar. Un pueblo atrás mío. Llegué arriba y me surtieron (a piñas). Pero yo era un niño, no sabía nada, un inconsciente”.

Pero la historia no terminó ahí. Silveira se fue a jugar al exterior. Pasaron los años y un día volvió a la sede de su viejo club para saludar. Eran tiempos de cantina, de barra, de barrio.

Y Cacho contó en La Caja Negra la otra parte de la historia.

“Con el paso del tiempo me fui a jugar a Argentina y cuando vengo, ya retirado del fútbol, voy un día a la sede de Sud América y arriba había reunión de directiva. Entonces para anunciarme le gritan a don Ángel Fossa que yo estaba de visita. `Decile que suba`, gritó don Ángel con esa voz de patriarca que tenía. Bueno, golpeo la puerta y él grita, adelante. Entro, y en una mesa larga había como veinte personas. En la punta del fondo estaba Carreras Saprisa, que era presidente de Rampla. Y Fossa me saluda: `¿cómo le va mi amigo?`. Como le va don Ángel le respondo. Y me dice, `viene bien su presencia porque este lío que estamos arreglando ahora fue el que hizo usted hace 14 años`. Parecía mentira, pero ese día que fui a la sede Sud América y Rampla reanudaban las relaciones. Esto nunca se lo había contado jamás a nadie. Pero lo que no me olvido más fue la forma en que nos surtieron aquella vez en la cancha de Rampla”.



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