El Parque fue un polvorín

El tricolor no juega bien, sumó su segunda derrota consecutiva, el hincha perdió la paciencia, Bueno se fue expulsado, Píriz y Taborda lesionados y el equipo tuvo un mal apronte para el clásico

Hace dos semanas, el 20 de octubre, los hinchas disfrutaban como siempre de la magia de Álvaro Recoba y de ese fútbol que parecía sostenido por una estructura que se presentaba sólida. La victoria 3-1 ante Liverpool y la consolidación como líder del Torneo Apertura le brindaban buena señales. La tribuna era una fiesta, el Parque Central el reino de la más pura expresión de fútbol y el hincha estaba orgulloso. Se veía en los rostros. No había razones para imaginar otro escenario. Sin embargo, una lesión muscular de Recoba, la obsesión que genera el clásico –el Chino podía haber jugado el sábado, pero se guardó para Peñarol; y Alexander Medina se hizo sacar innecesariamente la quinta amarilla–, que el fútbol de los tricolores era un espejismo que solo sostenía el mejor futbolista tricolor y la lucha electoral –que también alteró la paz que vivía el club–, promovieron una catarata de situaciones que derivaron que en tres fechas, por la descontrolada pasión del hincha, el estadio tricolor cambiara su mueca y se transformara en una olla a presión.

Tiene razones el hincha de Nacional para estar de malhumor y muy preocupado por el funcionamiento. Porque el equipo que orienta Gustavo Díaz jugó muy mal el sábado frente a River Plate y sufrió una justa derrota. Por tercer partido consecutivo no estuvo Recoba, y los tricolores extrañaron sobremanera la capacidad del Chino para hacer funcionar al equipo y disimular cualquier falla de funcionamiento, que las tuvo con el exquisito volante.

De todas formas, el partido del sábado empezó bien para Nacional. A los dos minutos Scotti le ganó a todos en el área y estuvo cerca del gol. Lo mismo sucedió tres minutos después, cuando tras un desborde de Álvarez, Taborda cabeceó a las manos del golero.

Nacional aprovechaba los errores de River, presionaba la salida, recuperaba el balón y llegaba con peligro. Maximiliano Calzada jugaba bien, como en casi todos los partidos y Facundo Píriz dominaba el medio. La pelota estaba lejos del arco tricolor y Nacional no tenía razones para sufrir. Solo le faltaba inflar la red. Sin embargo, una infracción de Leandro Rodríguez sobre Píriz, que el árbitro debió sancionar con tarjeta al darsenero, marcó el comienzo del descontrol de Nacional.

Israel Damonte ingresó por Píriz, pero, falto de fútbol, jamás encontró el lugar en el equipo y eso se resintió en el funcionamiento. El bajo rendimiento del argentino arrastró a Calzada. Álvarez ya no pudo desarrollar su tarea de generar fútbol, Luna aportó muy poco y se multiplicaron los pelotazos sin sentidos en busca de un cabezazo salvador de Taborda. Así, lentamente Nacional ingresó a un espiral de caos y nerviosismo que se terminó en el Parque cuando el juez pitó el final, pero que se extenderá fuera de la cancha toda la semana previa al clásico.
 En ese contexto, River esperó su momento y cuando se acababa el primer tiempo, aprovechó un error de toda la defensa tricolor y marcó el 1-0.

En el complemento el técnico albo dispuso el ingreso de Matías Sosa por Luna y el argentino le puso fútbol al ataque, mientras subía la presión del Parque.

Taborda se lo perdió a los 52 minutos, y después de un error entre Romero y Damonte le sirvieron el segundo a Leyes, pero el argentino salvó en la línea.

Gustavo Díaz probó a los 67 minutos con Jonatan Ramírez y pretendió dejar en cancha un equipo veloz, aunque en el campo lo único que se vio fue una oncena sin ideas claras, más parecido a un equipo de pretemporada que al de la décima fecha del Apertura.

Después el descontrol total. Gonzalo Bueno recibió una amarilla y los rivales lo fueron a buscar. El juvenil reaccionó innecesariamente y, con todo el rigor del reglamento, Falce le mostró la segunda amarilla y se fue a las duchas. Por esa acción se perderá el clásico.

La tribuna explotó y durante varios minutos los parciales lanzaron proyectiles al campo sin que el árbitro tomara la decisión de suspender el juego. Por el contrario obligó a Frascarelli (que en el segundo tiempo debía haber atajado en el arco de la calle Jaime Cibilis, otro fallo de Falce) a reanudar la acción, a pesar del riesgo que corría.

A los 82 minutos, el árbitro detuvo el partido, Scotti pidió calma a los hinchas y ya no había razones para detenerlo en ese momento.

Janderson Pereira convirtió el 2-0 y firmó la victoria darsenera, al tiempo que encendió en Nacional un polvorín, porque dejó los últimos seis puntos, porque el equipo no juega bien, sufrirá tres bajas en la semana más importante y Peñarol viene en ascenso en su fútbol y en la tabla, previo al clásico.

Y pensar que hace dos semanas el Parque Central parecía un parque de diversiones de fútbol…


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