El padre de la criatura

Pablo López, el entrenador de Malvín en sus cuatro ligas Uruguayas conquistadas, reveló las claves del éxito playero y proyectó los desafíos que se vienen con su particular estilo pasional de sentir el deporte

Es él. Pablo López. O López Bordazar, como lo llamaban en el Colegio Sagrado Corazón del Reducto, en la calle Garibaldi, donde cursó toda la primaria y el ciclo básico de secundaria. El que en 1983, con 14 años, fue base del equipo liceal que ganó el torneo de básquetbol de ADIC. El brillante alumno, abanderado. El que en la vieja Facultad de Ciencias Económicas, en la calle Magallanes, en los teóricos de matemáticas atestados de gente, llenaba hojas y hojas... Con canchitas de básquetbol.

Hoy, a los 46 años, Pablo López –el mejor entrenador del básquetbol uruguayo– mantiene su rostro sonriente, su semblante, su felicidad por lo que hace. Pasión por dónde se lo mire.

Mientras Malvín construye un imperio basquetbolístico (conquistó cuatro de las últimas nueve Ligas Uruguayas), López se pasea por las entrañas del club con amable naturalidad. No deja a nadie sin su saludo y parece hablar con la mirada con las fotos y los escudos.

“La marca Malvín no es por lo que decimos, sino cómo se hace. Ahora se cubren más áreas de las que se cubrían cuando recién llegamos: fisioterapeutas, nutricionistas, psicológo para formativas, mayor cantidad de profesores de Educación Física”, cuenta López.

“Somos varios entrenadores, hay un coordinador de formativas que es Juan Pablo Serdio, lo que ayuda a que los planes de reclutamiento estén mejor orientados. Está también el básquetbol femenino, que es un sello de Malvín. La base de lo que se le brinda a los jugadores es mayor a la de 2006. Ese es el verdadero crecimiento. Es el estilo Malvín”, revela el DT.

La carrera en ascenso
López desembarcó en el playero en 2006. Jugador de Peñarol, Colón y Yale en la década de 1980, comenzó como entrenador en 1990 en las juveniles de Aguada.

Después viajó a nutrirse de conocimientos a Estados Unidos, volvió para dirigir las formativas de Colón (1992-1994).

Después saltó a los mayores: Montevideo (1995-1996), Yale (1997 a 2000), Larrañaga (2001-2002), Bohemios (2003) y Paysandú (2003 y 2004) antes de desembarcar en Malvín, allá por 2006.

“Lo que me da alegría es que el club sigue desarrollándose a nivel social, a nivel de rendimiento, para tener más nivel competitivo, para desarrollar jugadores y para que lleguen con cierto nivel a Primera División, ese fue mi objetivo cuando llegue al club”, dice.

Las claves
López se anima a contar algunos secretos del éxito playero: “Primero hay que formar personas. Hay dos pirámides, cuando se percibe que un jugador va para el alto rendimiento se le da otra clase de entrenamiento y formación. Pero lo que también buscamos es que el chico desarrolle paralelamente otra actividad, ya sea el estudio o un trabajo que le permita estar insertado o preparado para el mercado laboral. Es una formación integral”, reflexiona.

Desde siempre, el librito de López apuntó a formar pibes de la casa para cimentar su proyecto basquetbolístico.

“Al no tener un mecenas, los clubes deben nutrirse de un trabajo profundo en formativas, para incorporar jugadores a Primera División”, dice López.

“Eso te permite tener jugadores de calidad que te resultan más económicos. Y eso también fomenta un sentido de pertenencia, de identificación con el club y te asegura que esos jugadores van a dar un extra por el club”, agrega.

“Hay que adecuar los presupuestos a lo que se destina al primer equipo y lo que se destina a formativas. Los clubes sociales deben gestionar los recursos que tienen. Y en Malvín, cuando llegamos, el club tenía ese piso. Estaban Santiago Monterroso, Diego Pérez, Nicolás Borsellino, Javier Crócano, Alfonso González”.

“Es cierto que en el básquetbol los clubes no tienen un retorno económico con la venta de jugadores, pero sí hay una plusvalía: si la ficha me pertenece, por lo general, se da que por lo que genera el que viene de afuera gana más. Esa es la realidad. Y te permite hacer planes de mejor calidad. A veces los clubes en Uruguay solo piensan en el corto plazo como una política de bombero”, afirma.

El Malvín 2015-2016
El pase de Leandro García Morales de Aguada a Hebraica Macabi generó un revuelo en el ambiente del básquetbol. Todos se están armando para ganarle a Malvín. Pero a López no lo inquieta.

“Es lo esperado, siempre va a suceder así. No importa cómo se armen los demás, la cabeza está en cómo nos armemos nosotros”.

Sobre la composición del plantel para la temporada venidera adelanta: “Casi todos tienen contrato y los que no tienen contrato, tienen voluntad de seguir. La semana que viene nos reuniremos al respecto. Siempre dejamos pasar un par de semanas”.

Malvín intentó jugar con la misma dupla de extranjeros (Scott Vander Meer-Richard Chaney), desde el arranque de la temporada. Pero los rendimientos llevaron a los cambios para que terminaran jugando un deslumbrante Kennedy Winston y un pragmático Terence Dials.

“El salto de calidad lo vamos a tener en los extranjeros, por más que sabemos que lo de (Kennedy) Winston es difícil, dependerá si él arregla en otro medio, seguramente tendrá ofertas de ligas más fuertes que las nuestras. Nos gustaría contar con los dos, pero eso dependerá de lo que el club pueda ofrecer”, explica.

El entrenador pretende, además, que llegadas las competiciones internacionales, el tercer extranjero que puede utilizarse ya esté integrado al equipo.

“Ganar un torneo internacional no es algo que esté en nuestras manos. Podemos ser más competitivos y llegar a la competencia al máximo de las posibilidades. Luego estarán Baurú, Flamengo, Regatas, Obras, Peñarol de Mar del Plata, que tienen un mayor presupuesto. Pero eso ya no está en nosotros”, admite.

“Vamos a tratar de mejorar nuestro equipo en dos fases, en la profundidad y en ir apostando a mediano plazo a jóvenes que queremos insertar. Los que están con nosotros en el plantel y los que no, que al pasarse de sub 23 salen a otros clubes para tener minutos, como Maximiliano Cervi con la ida a Olimpia”, explica.

El pasional López volvió a ganar. Pero no para de proyectar sus futuras conquistas.


Fuente: Pablo Benítez y Gustavo Martín

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