El otro costado de Recoba

Maduro, brindando consejos paternales, con gestos de buen compañero, con acciones de solidaridad y llevando ilusión, transcurre su vida lejos de la pelota

A los gurises les digo que mejoren porque tienen que estar preparados para cuando se vayan al exterior, para que cuando les toque la hora de salir de acá no extrañen el cambio. Acá te alcanza con poco, pero afuera ya no es suficiente. Hablo mucho con Gonzalo (Bueno), con Pochola (Calzada), con Facundo (Píriz). Tienen mucho para dar y tienen que exigirse más”, dice en un tono paternal Álvaro “Chino” Recoba, el mismo que una vez, inmaduro, no entrenaba en el mismo complejo deportivo de Los Céspedes con las exigencias que tiene el fútbol europeo y cuando lo llevaron a Italia le costó adaptarse a ese mercado.

“Lo escuchás hablar y está más  maduro”, explica Carmen (foto de tapa), la cocinera de Nacional, a El Observador. “Yo lo vi de chiquilín y ahora habla con experiencia. Se nota el recorrido que tuvo”, subraya, orgullosa, mientras Recoba escucha, y esconde la cabeza en la campera, porque no le gusta que lo elogien en público.

Ya terminó el entrenamiento del lunes en Los Céspedes, el primero de la semana, el frío llega hasta los huesos y comienza a caer la noche. Recoba habló de fútbol con todos los periodistas, explicó de todas las formas posibles el gol olímpico que le convirtió a Fénix, del momento de los tricolores en el Apertura y de las ilusiones que aún le despierta la selección. Pero ahí, en la cocina, en la que le gusta le preparen la carne a punto y en la que le pide a Carmen y Susana, la otra cocinera, tortas dulces, el Chino, ellas y Mario, el mozo, repasan los momentos que viven en Los Céspedes.

“Este es un lugar diferente. Acá pasás momentos bárbaros”, dice Recoba, mientras Carmen, Susana y Mario escuchan.
“Es que estos chiquilines son más chicos que nuestros hijos”, dice Susana, para graficar el cariño que sienten por esos muchachos que cuando se visten de cortos y salen a la cancha atraen todos los flashes y los elogios, pero en la cocina son uno más, muy lejos de la fama que les rodea el resto del día.

“Ellos (por Carmen, Susana y Mario) son Nacional. Uno está de paso, pero ellos llevan toda la vida aquí”, destaca Recoba. “Es que los esperamos siempre, cuando ganan y cuando pierden”, explica Carmen y el Chino agrega: “Pero a veces te dicen por qué no ganaste. Te exigen, pero siempre con respeto”. Mario aprovecha y le tira un elogio: “Pero siempre dije, cuando jugás vos, que son vos y 10 más”. Y otra vez Recoba se esconde adentro de la campera azul.

Unos minutos antes de que Recoba llegara a la cocina, Adrián Luna le dijo a El Observador: “Él te dice qué tenés que hacer y qué no, dónde moverte, cómo pegarle y siempre me da para adelante”. Ahí está otra vez el Chino consejero, el paternal.

También está el Chino compañero. Hace unos meses, junto a otros jugadores del plantel, le regalaron a las cocineras un televisor, y cada vez que viene de viaje le trae algún presente.

También está el solidario, el que cada tanto baja con una bolsa de zapatos para los juveniles. Y el que ilusiona afuera de la cancha. Un día la periodista Analía Díaz, que trabaja para Las voces del fútbol, le pidió a Recoba si podía ir a la escuela a la que ella asistió para trabajar con los niños de sexto años en un proyecto deportivo y allá apareció con Antonio Pacheco. El tema era organizar el fútbol en los recreos, porque estaban desorganizados para patear los tiros libres. Recoba y Pacheco hablaron con los niños, que vivieron emociones inexplicables, y desde entonces hicieron una lista para patear los tiros libres en los recreos.

Y es más solidario, aunque ese costado él y su entorno lo mantienen en absoluta reserva, porque no quieren hacer publicidad de la solidaridad. No quieren cámaras. Pero allá van en el día del niño a llevar regalos a los que menos tienen, o llevan alimentos a un comedor.


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