El negocio de Pablo

Bengoechea sigue sin ganarle a Nacional pero poco le importó cerrar un clásico táctico y parejo con un empate que lo acerca más al campeonato
El contador Damiani sentía admiración por Bengoechea. Llegó a manifestar: "A ese le firmo en blanco, que ponga lo que quiera ganar". Los dichos del contador eran un clásico. Solía decir: "Yo miro en un tipo la forma de gastar porque eso demuestra si gana plata o si tiene plata".

¿A qué viene el cuento? A que Pablo sabía cuanta plata tenía para gastar cuando fue al Centenario. Después de todo lo que le costó alcanzar el primer lugar de la tabla, no la quería regalar. Entonces, antepuso el interés del equipo por sobre el particular. No le pesó el hecho de no haber ganado jamás un clásico como entrenador. Miró, analizó y se preguntó: ¿tengo la obligación de ganar? Llegó a la conclusión de que primero debía controlar al rival y después ofenderlo. El equipo había tenido problemas en los laterales. No le tembló el pulso para sacar a uno de proyección y poner uno más estático. Se jugó una parada grande.

El tema fue que del otro lado se encontró con un colega que se salió del libreto. Gustavo Munúa, que pregonó una forma y un sistema de juego, apeló a cambios. Planteó un juego táctico poblando el medio de volantes.

Por eso el juego transitó por un camino tedioso, con escasas situaciones. Eguren y Porras se repartieron la presión sobre Forlán. Zalayeta fue inexpresivo y, como Nacional estaba más abocado en controlar que en generar, abusó de los centros. Llegó sin claridad.

Cuando el reloj se encaminaba a la media hora, Peñarol despertó. Forlán le metió una asistencia de gol a Ifrán, pero el mano a mano lo ganó Conde. Un minuto después fue Zalayeta el que le puso un centro de gol a Forlán, pero su cabezazo fue débil.

Y sobre los 37 minutos una pelota larga dejó a Forlán de cara a Conde, pero el uno tricolor volvió a ahogar el grito de gol.
Como el fútbol no tiene lógica, Nacional sorprendió al aurinegro en su mejor momento. El gol tricolor fue tan inesperado como la concepción de la acción.

Error de Aguirregaray en un lateral. Píriz no pudo restar y luego intentó cerrar a Fernández que se llevó la pelota. El delantero tocó atrás, Romero remató, Valdez cerró pero el rebote le quedó de nuevo al Colorado, que le pegó con el alma. Y la pelota viajó directa al arco y al alma de Peñarol. Con el aurinegro en desventaja y confundido, Eguren metió un cabezazo y la pelota pegó en el palo. Nacional se fue en ventaja al descanso.

Como el panorama no se modificaba, Pablo movió piezas. A los 12 del complemento sacó a Zalayeta, de opaco partido, y mandó a Luque. Intentó abrir la cancha. Metió a Forlán como 9 y Aguiar fue a la zona derecha del medio.

Pero no había caso. Nacional se sentía cómodo en el juego. El equipo de Munúa sacaba provecho de la ventaja. Eguren se paró delante de la línea de cuatro del fondo y por delante de él tres hombres: Romero, Porras y Abero.
¿Qué generaba esto? Que Romero por derecha y Abero por izquierda se recostaban para abortar los intentos aurinegros por las bandas. Y el equipo de Bengoechea se fue consumiendo como una vela. Sin rebeldía. Es más, sobre los 19 minutos, Nacional casi sentencia el juego con una pase atrás de Alonso para Eguren que definió apenas afuera.

En el estadio flotaba la sensación de que el partido sería hasta que Nacional se lo propusiera. En su defensa no existían fisuras. Era una contra. Un error de la defensa mirasol para liquidar.

Pero tres minutos después de la media hora del complemento, Nacional cometió una falta. Bengoechea mandó al área a Guillermo Rodríguez que dudó porque nadie lo cubría.
Luis Aguiar ejecutó. La pelota fue con el veneno habitual que le impregna. Romero intentó desviar, peinó, y habilitó a Aguirregaray que estaba descuidado en el fondo. Se tuvo que agachar para conectar de cabeza y decretar el empate.

Y cambió el viento. El delirio en las tribunas pasó a ser aurinegro. Los jugadores de Peñarol se tomaron todo el tiempo del mundo para reponer el juego cada vez que la pelota se perdía afuera. El empate lo beneficiaba porque seguía como líder absoluto. Pablo sigue sin ganar un clásico, pero terminó haciendo el negocio. Como dijo el contador Damiani: "Yo miro en un tipo la forma de gastar porque eso demuestra si gana plata o si tiene plata".


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