El milagro de River

El elenco del Prado vive el hermoso sueño de pelear el campeonato con un plantel sin figuras, lejos del confort y con carencias de infraestructura

River Plate convive diariamente con su sueño. Lo alimentan los nuevos que llegan con el bolsito a probarse. Se cambian en un viejo vagón de tren pegado a la sala de aparatos. Lo desean los botijas que transpiran la camiseta del club en una cancha despareja y pelada, donde un golero se tira una y otra vez en un arco minado de arena en el área. Ahí, donde Carlos María Morales hace de entrenador y utilero, juntando cada una de las pelotas para meterlas en la bolsa y llevarlas a la utilería donde espera Gustavo Desirello.

El sueño de River convive diariamente en los viejos vestuarios con bancos de cemento, en el enorme comedor con la estufa a leña que permite un invierno más placentero y pasa por las habitaciones de la vieja casona de Colón que alberga a la concentración.

Parece mentira. Pero ese sueño que se inició con dificultades económicas y se fue encaminando conforme el paso del tiempo, está en su punto más alto.

River, con un plantel humilde, sin grandes figuras, apoyado en su trabajo de formativas y brindando lo que está al alcance de su directiva, es líder de las dos tablas del fútbol uruguayo.

El equipo del Prado trabaja desde su humildad. No tiene grandes figuras. Lejos del confort de otros equipos, convive con su modestia y hasta con algunas carencias. Y ese es su milagro.

La sala de musculación del complejo es un claro indicio de sus limitaciones. El propio entrenador Guillermo Almada lo había revelado en nota con El Observador el jueves 27 de febrero de 2014: “La sala de musculación es muy precaria, tiene muchos años, y hay que ingeniárselas para preparar a los jugadores desde ese punto de vista”.

El lugar de entrenamiento de River tiene cinco canchas de las cuales solo dos están en condiciones favorables. En las otras, la pelota no rueda, pica. Pero pese a todo el club sigue sacando buenos proyectos de jugadores que terminan cristalizando en Primera.

Justamente, las canchas es otro aspecto que el cuerpo técnico pidió mejorar. Más, si se tiene en cuenta la sana intención de juego que tienen los darseneros.

En la puerta de ingreso a los vestuarios del lugar de entrenamiento diario hay un cartel que marca claramente la preocupación de los dirigentes por los jóvenes: el estudio.

“Tutorías matemáticas e inscripciones UTU”, dicen sendos carteles donde se piden fotocopias de cédula y otros requisitos para inscribirse. El que no estudia no tiene lugar, parece ser la consigna.

Nada se deja librado al azar. Los juveniles reciben una merienda diaria. Por si fuera poco, existe una pequeña cantina pegada a la cancha. Aquellos que quedan con hambre pueden comprar empanadas y tartas.

La organización la destacan los propios integrantes del cuerpo técnico. El gerente deportivo Leonardo Rumbo se encarga de toda la logística del club. El ómnibus para ir del Saroldi a Colón jamás falta. Como tampoco la disponibilidad para contar, los días de lluvia, con el gimnasio instalado en el estadio.

Un punto importante es que el plantel está al día con los salarios, lo que permite que la cabeza de los jugadores pase pura y exclusivamente por la pelota.

Los sueldos no son muy elevados. Según revelaron a El Observador, los jugadores que más ganan deben estar en el entorno de los US$ 6.000 a US$ 7.000; el resto cobra un poco más del salario mínimo, que está establecido en US$ 1.200.

El cuerpo técnico que conduce Guillermo Almada con el preparador físico Marcelo Tulbovitz cuenta, además, con la colaboración de Jorge Añón, coordinador de juveniles, para realizar evaluaciones a los futbolistas del plantel de Primera.

El primer sondeo se realizó en enero y se testearon individualmente a los jugadores en fuerza, explosión, consumo de oxígeno y antropometría. En poco tiempo se viene la segunda evaluación.

La concentración permite comprobar las palabras del técnico Almada a El Observador en el mes de febrero: “River está muy atrás de otros clubes que pelean el campeonato en materia de infraestructura y en el próximo semestre va a tener que encarar esa tarea. La concentración se tiene que mejorar”.

El local de la concentración dispone de un enorme comedor decorado con murales de equipos de diferentes épocas y dos de Fernando Morena con la blusa darsenera. En el medio y rodeada por sillones, hay una mesa de pool y otra de billar. Pero dicen que uno de los pocos que juegan es el golero Damián Frascarelli, el resto se va a las habitaciones a jugar al playstation.

A los cuartos se accede subiendo una escalera y recorriendo un corredor. La última habitación del fondo reúne a un montón de camas, chicas, y con colchones que acusan el paso del tiempo.

Pero pese a todo, los futbolistas jamás pusieron una mala cara y acaso por ahí pase el principal milagro de River: su vestuario. “En todo esto hay una enorme voluntad de los jugadores de querer mejorar”, revelaron autoridades de la institución del Prado.

El sueño de River va cobrando forma. Lo tiene el botija de la Cuarta división que se tira en medio de la arena a atajar una pelota, lo imagina Carlos María Morales juntando las pelotas, lo desean los técnicos de Primera que se las ingenian para trabajar en una precaria sala de musculación y lo acunan los jugadores en las habitaciones del Complejo Colón.


Fuente: Jorge Señorans

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